El correo que nunca te envíe
Por qué no volvemos. Recuérdamelo, por favor. Por qué no nos queremos de vuelta, de segunda mano o de ocasión. Por qué. A ver, si es que había tantas razones, es que te juro que las había. Es que hasta las llegué a apuntar en algún sitio. Y ahora va y no las encuentro. Justo cuando más las necesito. Justo cuando sólo recuerdo todo aquello que juré olvidar. Así que si no te es mucha molestia, recuérdame por qué no nos dejamos...
Por qué no volvemos. Por qué me despierto y lo primero que hago es pensar en ti, en que haces, en como estas, si estarás bien, si te faltara algo, en lo que podemos y no somos, en lo que fuimos y se termino.. Jure que no lo haría pero es inevitable irme a dormir sin desearte las buenas noches. Malditos recuerdos. Malditas recuerdos enmarcados en vivo. Escaparates de conversaciones de whatsapp o e-mails. Por qué hago ver que no las veo, si no me hace falta ni mirarlas, si ya me las sé.
Por qué no volvemos. Por qué no dejo de seguir tus pasos. Por qué entro de puntillas en tu correo como quien entra a por algo que se dejó. Por qué analizo tus correos, tus mensajes, tus lugares y tus palabras. Por qué veo en cada nuevo amiga o contacto tuyo un potencial enemigo. Por qué me da miedo que me olvides con ellas, que me entierres sin mí, que te lleguen a excitar tanto que te olvides de mis besos. Por qué busco señales que al fin y al cabo tú ya no emites. Por qué. Eh. Por qué.
Por qué no volvemos. Por qué no he sido capaz de volver a recorrer cada antro, cada lugar donde alguna vez fue nuestro. Por qué salgo todas las noches como si nada, como si jamás te hubiese conocido; como si no te fuera a ver trabajar de noche, como si solo por esa noche te topara de casualidad en otro lado. Y por qué les acabo pidiendo a todos que hagan de ti. Que les gusten tus mismas cosas. Que se rían como lo hacías tú. Por qué los comparo siempre contigo. Qué culpa tendrán ellos de no alcanzarte. De no saber que me exististe. De no poder acabarse este final.
Por qué no volvemos. Por qué sigo mirando el celular cada dos horas simplemente para ver si me llegas a mandar un correo. Por qué empiezo a escribir siempre el mismo mensaje. Uno que empieza con un Hola, ¿porque no nos vemos?. Uno que sigue explicándote cuánto te extraño y te necesito. Y por qué, cuando acabo el mensaje, lo borro todo. Por qué no te llamo cuando tengo tantas ganas de hablar. Por qué no te busco, si es que te necesito tanto.
Por qué no volvemos. Dímelo, de verdad, tan sólo recuérdamelo una vez más. Aunque te cueste algún que otro esfuerzo. Hazlo por este pedazo de vida tuya que sigue a la deriva de los recuerdos. Por los viejos tiempos. Por este mal sabor de boca después de algo tan dulce. Por lo que fuera yo en tu vida. Por lo que sea. Por lo que fui.
Yo la verdad es que no he aprendido. Sigo estando igual. Me siguen haciendo daño las mismas cosas. Me siguen emocionando las canciones de siempre. Sobre todo ahora, que sé que en realidad todas me hablaban de ti. Sigo saliendo y visitando los mismos lugares. Me veo con los mismos amigas a los que les ruego que no quiero hablar de ti. Hasta que el alcohol se apodera de mi, y termino preguntando por ti, siempre.
Por eso, te podría decir que he cambiado. Que ahora sí que sí. Que ahora entiendo por qué no funcionó lo nuestro. Que por qué no volvemos. Que por qué no intentarlo, sabiendo lo que sabemos. Pero te estaría mintiendo, y lo haría simplemente para conseguirte de nuevo, para volverte a tener, para volverme a dar a ti.
Nos estaríamos engañando de nuevo. Y volveríamos dispuestos a ello, tan sólo por lo mucho que nos queremos. Tan absurdo como cuando estábamos juntos y tras cada silencio resonaba siempre la misma pregunta. Por qué no lo dejamos.












