Se suponía que su trabajo era mantener el orden en la fila de niños, pero la tentación era muy grande como para pasar por alto ese espíritu navideño que la incitaba a acercarse al hombre de rojo, terminando así por adelantarse una cola entera y sentarse sobre las piernas del hombre en la silla. “Sí, Santa, aparte del casino en Las Vegas, la mansión en Las Bahamas, el concierto privado de One Direction featuring Zayn, y mi propio Yate, también quiero un reno como el tuyo.” Pidió, luego de haber entregado una larga lista al mayor, señalando al perro que formaba parte de la decoración. “¿Un cachorro? No, es un reno, y yo quiero uno de esos para navidad.” Insistió, sintiendo cómo una mano tocaba su hombro por detrás. “Oh, espera tu turno, por favor, aún no hemos terminado.” Dijo sin percatarse de quién trataba, y a pesar de las horas que ya llevaba acaparando a Santa Claus.
Por más que intentara evitar a la pequeña castaña, no lo lograría siempre. Y justo ese era el momento en el que no podía hacerlo, por lo que trató de portarse lo más relajado posible y hacer como si nada, aunque claramente no era así de sencillo. Y a esto había que agregarle el estúpido disfraz de elfo. Se aclaró la garganta. “No estoy interesado en sentarme en las piernas de Santa, pero gracias” habló con voz profunda, y se cruzó de brazos. “Los niños están esperando a pasar” informó, relamiendo sus labios y sin quitar la mirada de su ex novia.













