A veces me encierro tanto en mi mundo que no me doy cuenta de que la vida pasa demasiado rápido. Todas las personas a mi al rededor avanzan y yo me quedo mirando sus logros. Mis padres crecen y empiezan a tener arrugas donde antes no tenían. Las responsabilidades empiezan a llegar y todo se vuelve más asfixiante. Me empiezo a enamorar de verdad y también me terminan de romper. Empiezo a darme cuenta de que no todos son amigos de verdad y que sin importar lo que pase, las personas cambian. Las pérdidas y las ausencias duelen más, el olvido no existe y sólo queda continuar con un vacío en el pecho y un nudo en la garganta. Comienzo a darme cuenta que no todo era como lo pintaban y asusta, asusta mucho porque siento que no estoy preparado para eso.