A pesar de su apariencia sólida el cristal también es susceptible de alcanzar un punto de fundición.
Últimamente uso todas mis reglas mnemotécnicas para evocar si quiera un atisbo de mi propio nombre. Nada me garantiza que exista y si me resigno a ello es ya a cambio de mi razón propia. Últimamente me alejo de una prolongada anorgasmia vital y aunque ésta imagen desdoblada ya dista de ser un rol coherente sé que siento . Siento la línea que separa el erotismo de esta música del sadomasoquismo del silencio, y cuando las cortinas ondean apátridas por toda la luz de la habitación desde la que salgo y entro a mi propia vida , y siento cuando se mueven con su danza espectral por todos mis contornos y todos mis sentidos parecen rendirse ante su morfina endógena. Últimamente la belleza dista del único camino que me afirmo conocer y que destrozó todo mi sistema nervioso de una dentellada e incluso a él me abstraje de recuperarlo. Como a todas las cosas que me muerden y me abandonan con su rabia congénita derramándose por mi cuello. Aún puedo reproducir con una consistencia perfecta lo que siento cuando todas estas letras se separan de mis conexiones y se unen al fenómeno eólico y entre tanto caos me guardan un espacio intangible donde nadie entra y nada sale. Y ahí todas las demás palabras son un cristal fundido que por no quebrarse se condenan a errar con imposibilidad de solidificarse de nuevo. Por un segundo creía que mi alma iba a escaparse de mi epidermis y ojalá hubiera sabido huir entonces ante el sórdido silencio que precede y sucede a la eclosión de una desgracia sentida en la piel. Con una banda sonora que siento más adentro que a cualquier persona.












