Su vista siguió perdiéndose entre los aros de gol, pero ni una imagen acerca del quidditch se acercó a su mente. Soltó un respiro y volvió en sí cuando sintió el libro abandonar sus manos.——¿Qué…?—miró sus manos y luego a quien lo tenía. Y luego levantó la cabeza bruscamente al sentir que la despeinaban.—No… —dijo, quitando la mano del chico de su cabeza.—Buenos días… te despeinaría, pero no creo que te haga falta—dijo, sonriendo de lado.
Sacudió el libro, aún sonriendo, mientras se encendía un cigarro con la otra.— Ya me ha despeinado otra. Pero buen punto.— intentó peinarse, sin resultados notables. Resopló. Tendió el libro a la morena y se sentó a su lado. Se había despertado de buen humor y hasta le dedicó una mirada amistosa a la Hufflepuff.— ¿De qué va? ¿Que haces aquí sola?















