¡No!
—Al parecer esperé mucho de un extraño… Yo te creía algo más interesante—. Podía decirse que Cecyl era como un niño pequeño, así que se aburría rápido, por lo mismo, el pelinegro comenzó a jugar con la infusión extraña. Había puesto un palito y al parecer, la mezcla era potente, porque la varilla prácticamente se deshizo en un segundo.
”Wow…” Murmuró internamente alejando sus manos del líquido. Guardando distancia, mejor dicho. Si le hacía eso a la varilla, imaginen qué le haría a sus interiores.
—Bueno, soy un Demonio… Poco interesante para un hombre de ciencia como tú, ¿no?
-- No te creas... podría experimentar contigo para saber qué te daña y qué no, pero no soy de los que hacen daño a otras personas. -- se encogió de hombros.








