Mantenía sus ojos fijos en los de Lana pero de vez en cuando, de vez en cuando lo miraba a él. A él y esos ojos tan iguales a los de su madre, a él y esa sonrisa boba, torcida. Igual a su madre, sí que lo era, y por un segundo su mente fue a indagar en las imágenes de ella a esa edad. Ella corriendo campo abierto. Ella descalza porque sin preocupaciones. Ella todo. Ella todo, sí que todo, porque niña dulce, niña de los ojos. Ella, ella, ella. Y no, no era envidia, es que para Ella también era todo.
“¿Nobleza?” preguntó de repente para recibir la explicación después. Sonrió sin poder evitarlo; ¿cómo no iba a sentir ternura desmedida? El pequeño era en extremo dulce y Ella se sintió, de pronto, conmover. No podía seguir evitándolo y entonces se entregó. Se acercó al maniquí señalado por el pequeño, frunció los labios y llevó una mano a rascar su frente. “Creo que tienes razón, Eros” asintió. “Sin dudas debe tener frío”.
Esperaba que a Lana no le molestara su interacción con el pequeño, pero no podía evitarlo, era una reacción natural ante la inocencia auténtica. “¿Qué te parece si lo abrigamos?” inquirió con simpleza para tomar un conjunto que le quedaría al muñeco. “No veo por qué deberíamos pedir autorización, ¿sabes?” se agachó a su altura para susurrar. “Es su derecho no tener frío y llevar algo de ropa. ¿Me ayudas?”.
Por un momento creyó que Eros dejaría pasar el asunto y podrían marcharse al parque sin mas retrasos, pero su hijo era tan terco como ella, como Christen, como él mismo y si no se hacia lo que quería, buscaba la forma de insistir hasta que fuera complacido. Eros era tan parecido a Christen, tanto físicamente como en el carácter, por supuesto que también había adoptado gestos, modos, y más de ella, pero Lana seguía creyendo que era una completa copia de su otra madre, lo cuál no podía hacerla más feliz.
Lana explicó la razón por la que habían vuelto a la tienda, y el por qué de las lágrimas de su hijo. Y aunque ya estaba más tranquilo por haber regresado a la tienda y por casi cumplir con su objetivo, seguía insistiendo y Lana sabía que no iba a parar hasta que vistieran a ese maniquí. La castaña siguió a Ella con la mirada cuando esta se acercó al maniquí, Eros sacó la cabeza desde el cuerpo de su madre para buscar con sus ojos brillantes a la mujer que se había movido de lugar, dio un par de pasos para exponer su cuerpo entero a la vista de Ella.
Lana observó aquello, y como es que Eros miraba todo con curiosidad, incluso podía jurar que había visto una sonrisa en su hijo cuando Ella hablaba dándole la razón. La empresaria no tuvo más remedio que acercarse hasta el maniquí, pues su hijo ya se había adelantado con toda confianza. 'Si, debe vestirse para que no tenga frío' Respondió a las palabras de Ella y asintió con su cabeza rubia. Para ese entonces, el pequeño ya estaba más cerca de la mujer que de su madre. Eros nunca había tenido problemas para socializar, y si una persona le inspiraba confianza se acercaba sin ningún problema. La de piel morena solo estaba atenta a los movimiento de ambos, creía que no tenía nada que decir ante aquella interacción, incluso sonrió por la escena, había algo en esa escena que no podía descifrar. Los ojos claros de Eros estaban fijos sobre el rostro de Ella y asintió muchas veces cuando le pidió ayuda. 'Siiii, hay que ponerle esta playera' Caminó tomando una de color rojo con un estampado. 'Y ese pantalón' Señaló el que la mujer tenía en manos. 'Mommy vamos a vestirlo para que no tenga frío' Se refirió a Lana quien sonrió hacia él y asintió. "Eso veo, bebé, se cuidadoso" Le indicó, pues no quería que la cabeza del muñeco o alguna extremidad fuera a desprenderse. 'ella va a ayudarme' Señaló a Ella y sonrió hacia ambas mujeres. Eso era todo lo que pedía, la sonrisa y felicidad de su hijo.