Cada segundo que transcurre, el ambiente se presenta más turbio. Cadáveres que se amontonan, que perseveran en pesadillas y protagonizan encierro; que incriminan culpables cuyas manos se muestran impolutas. Son mensajes en paredes, letras sobre notas dibujadas de manera torpe y asimétrica los que reafirman la vivencia de pesadillas.
Entran y salen de la sala, rodeada por hedor a cigarrillos y primada por miradas inquisitivas que se empeñan en adjudicarles títulos de verdugos. Pero esto no es el cluedo, no cuando el culpable no pertenece a la sala (o sí, solo que se haya en varias). Cuando cada individuo sale se le permite marchar a casa, siempre que recuerden que es acto ilícito abandonar el municipio durante investigación criminal y que aún se mostraba en duda inocencia.
Os persigue, os condena, os lamenta. Sobrepasa los límites del pasado en una ciudad donde el tiempo confluye. No hay olvido cuando todo es recuerdo.








