LA ILUMINACION DE BUDA (tomado de “Meeting the Budas” - Vessantara) Siddhartha Gautama se acercó a un claro pacifico, cerca del río. Se aposentó bajo un árbol de ramas extendidas y decidió sentarse a meditar ahí, con gran determinación: hasta que alcanzara la iluminación o la muerte. Era la luna llena de mayo, el mes más caliente del año. Cerró sus ojos y permitió que su mente se aquietara. Pasaron las horas y su quietud se fue profundizando, su concentración fue tomando fuerza. Su mente se convirtió en una gran luz brillante. Ese estado era increíblemente placentero, pero Siddhartha sabía que no debía apegarse al placer. Entonces continuó el proceso. La luz brillante de su mente empezó a iluminar el pasado. Recordó toda su vida hasta su niñez más temprana; después fue como si una puerta se abriera en su mente y pudiera ver su vida anterior. Se abrió una puerta tras otra, hasta que Siddhartha pudo ver toda la infinidad de sus vidas pasadas. No había fin. Conforme pasó el tiempo, los detalles de sus vidas anteriores empezaron a perder importancia y entonces pudo ver el patrón, la repetición sin fin. Era un vaivén de nacimiento, crecimiento, enfermedad y muerte. El vaivén nunca cesaba; el tambor de la muerte nunca paraba de sonar. Nacimiento y muerte… nacimiento y muerte… era como escuchar el palpitar del corazón del sufrimiento mismo. Siddhartha permitió que su mente concentrada iluminara la existencia entera. Los límites que separaban su existencia y la de otros seres desaparecieron. Entonces pudo mirar la existencia de un sinfín de seres, sus luchas, sus éxitos y sus fracasos. Así pues, descubrió este mismo vaivén de nacimiento y muerte en todos los seres sintientes. Una vez que pudo ver a todos los seres, apareció un nuevo patrón: Siddhartha vio que los seres que habían basado su vida en el amor, la generosidad y la amabilidad, habían renacido en circunstancias felices. Por otro lado, aquellos que habían sucumbido al odio, los celos y la avaricia, inevitablemente habían renacido en estados de sufrimiento. Al mirar una vida tras otra, Siddhartha pudo incluso predecir el resultado de las acciones de cada ser, así como su futuro renacimiento. Finalmente, habiendo visto todo el tiempo y el espacio extendido como un gran lienzo antes sus ojos, Siddhartha identificó paso a paso el proceso por el cual se mantiene este vaivén de vida y muerte. El nacimiento y la muerte provenían del apego. Al ceder al deseo, el nacimiento y la muerte también desaparecen. Así, Siddhartha pudo ser testigo, en carne propia, del mismo proceso que estaba presenciando: con la luz de su visión clara, el apego se marchito y cesó. El vaivén de la vida y la muerte, el gran tambor, al fin habían callado. Al disolverse el nacimiento y la muerte, se desvanecieron también el espacio y el tiempo. Todas las limitaciones desaparecieron. Había solamente luz, claridad total, comprensión perfecta. Siddhartha, el ser humano limitado y confundido, había desaparecido. Había despertado del sueño del sufrimiento, de la vida y de la muerte. Sólo quedaba una libertad infinita. Al abrir los ojos, vio la estrella de la mañana y la miró con la total comprensión de un Buda.



















