¿Será posible que cada año que transcurre venga con mayor carga de satisfacción que el pasado? ¿Decir que un año que concluye ha superado al anterior, y que ésto se ha venido repitiendo cada paquete de 365 días que cede a otro su presente, es arriesgarse a caer en un desatino descomunal? Para algunos es fácil responderlo.
Describir la vida como una experiencia ascendente, en donde cada año es un peldaño emocionante que nos lleva a disfrutar progresivamente de la aventura existencial pudiera incomodar a los pesimistas, y hasta incluso convertirse en motivo para tacharnos de ilusionistas, inconscientes, evasores de la realidad, o defensores de una perspectiva demasiado positiva, y al mismo tiempo enferma. Es comprensible y hasta esperada dicha reacción, pero la voz que representa mi experiencia, la de un hombre de 24 años, puede exponer, pese a la posibilidad de una crítica profetizada, que en verdad la vida ha sido así y preveo que lo seguirá siendo.
Pudiera argumentarse que es fácil decirlo en la plenitud de la juventud, donde la energía, el cuerpo y las múltiples posibilidades en suma hacen un conjunto en demasía atractivo, y aunque encuentro sabio dar el beneficio de la duda, aún existe en mí cierta creencia que lucha por proclamar que aún entrados los años, la vida sigue siendo una experiencia deslumbrante, dotada de aprendizajes, y de sobremanera excitante, porque incluso siendo personas de una edad muy avanzada, con la clara ausencia de ciertas capacidades que antes era tan naturales y nos distinguían, como la movilidad, aún en ese punto de nuestra vida, seguimos siendo obras abiertas, y permanece intacta la esperanza del salto a una vida aún más plena, ahora sí, con toda la extensión de la palabra, y con mucha mayor profundidad la emoción que provoca esa esperanza, puesto que ahora estaremos más cerca de alcanzarla.
Aún y cuando en cierto punto de este 2014 pensé que no sería como lo comparto en este pequeño escrito, Dios se encargó de confirmarlo, y lo diré una vez más lleno de gozo, este año superó al pasado, se ha vuelto un hábito existencial que oro para que se prolongue en mi caminar terrenal, y nunca me cansaré de afirmarlo, desde que decidí viajar con Dios a mi lado, con Él en mi interior, así ha sido.
365 días no desfilan con elegancia sin regalarnos algunos aprendizajes de trascendencia. Terminaré este post compartiendo algunos que recordé, que había ignorado y otros que vislumbré en el 2014, no por esfuerzo propio, sino a fuerza de experimentar, de errar y fallar, o por la bondad de los que me rodearon y no dudaron en alentarme. De la manera más breve que pudiera hacerlo, ya que podría hacer un post largo de cada uno, aquí están …
El mejor regalo que te puedes dar, la actividad de mayor valor y retribución que puedes realizar, es orar, estar con Dios, esforzarte por conocerle aún más, a raíz de este supremo momento, toda la vida reacciona, como un catalizador espiritual, pues es invertir el recurso más preciado en lo más precioso.
La cura más efectiva para la tristeza es el amor, pero ojo, no necesariamente que te amen al pasar por desolación, sino uno amar estando débil, desorientado y emocionalmente dolido. Si lo haces, verás que no miento, ya que amar activa la memoria de nuestra alma, que al obrar en el amor, recupera su sentido, su dirección.
No dejes de agredecer. Todos somos lo que somos debido a que otras personas sacrificaron algo de sí por nosotros. Un corazón agradecido es un corazón que podrá recibir más, y dar también mucho más. Agradecer es remarcar cada bendición obtenida y prepararse para la marea que viene.
Es necesario ser conscientes de que somos seres híbridos, seres espirituales pero también humanos, y cada una de estas facetas de nuestro ser requiere sus cuidados y atenciones. Cuando ambos están en sintonía y bien procurados, nuestros pasos son más firmes.
Cuando pasamos por una situación que implica retos, que nos parece difícil, generalmente sabemos ya lo que debemos hacer, pero la diferencia entre alguien que deja la estación de la amargura y consigue llegar a la de felicidad, y la que tristemente se estanca, está en el hecho de haber movido la voluntad precisamente hacia esas cosas que se conocía de antemano como remedio. Dios nunca nos dejará aislados, sin ayuda, sin energía, tan sólo hay que reclamarla, y en el proceso de restauración esforzarse para dar los primeros pasos.
De los mayores enemigos interiores que puedes dejar crecer en tu persona es la autocrítica y la rigidez. Escucha la voz de la esperanza, la voz de Dios, y permítete ser humano, no te exijas perfección a corto plazo, más bien trabaja teniéndola como ideal, no como herramienta para violentarte.
Cuida lo que piensas, lo que dices, lo que declaras con tu boca, porque el Único le ha dado poder para hacer y deshacer.
La que posiblemente más eco ha dado en nuestra sociedad, pero que pocos toman para su vida. No esperes la oportunidad perfecta, créala, lucha por ella y sé paciente, cada victoria pequeña cuenta para el momento de gloria.
¡Gracias Dios por este 2014! ¡Bienvenido 2015! ¡Vivámoslo a cabalidad, con un sol en el corazón!