“La encarnación de las flores” Así te llamaría, pero al viento que nos encuentra le corresponde un atardecer que se esconde en tus manos, entonces te pierdes, y no vuelvo a encontrarte. ¿A dónde fuiste? Seguro que a donde van a parar los barquitos de papel que hacíamos cuando éramos niños. Pero aún más importante, ¿hacia dónde voy yo ahora? Quizás debería de forzar tus delicadas manos, liberar el paisaje que tanto deseo disfrutar junto a ti, pero sé, que tú ya no quieres tener más caminatas conmigo. Tal vez debería solo limitarme a seguir tu sombra, como siempre, como el perro faldero que soy. – Ah, ya no puedo con esto – digo apenas, hasta mis labios pesan últimamente; Últimamente hasta tengo el mismo sueño, en donde no soy mas que un muñeco de trapo que arrastra un baúl lleno de sueños frustrados donde tú eres la protagonista. Camino sin fin, atado a las cadenas de la lujuria por un bosque árido sin la esperanza de hallar un futuro prometedor. – ah, debería dejar de escuchar música mientras intento dormir sin ti… –.
Ahora bien, mientras admiro como subes a ese vagón de metro repleto de gente observando sus teléfonos, un escalofrío recorre por todo mi cuerpo. Estaba harto de no poder ser notado, harto de no poder expresarte cuanto quiero hacer barquitos de papel contigo, por estar aterrado de pies a cabeza. Las emociones que provocas en mi mente son tantas que siento como mi cráneo sucumbe ante la presión, va a explotar. – Estoy harto de ti… – me decía a mi mismo mientras las causalidades volvían a encaminarme hacia tu nombre una y otra vez.
Vuelvo a darle vueltas al asunto, a como siempre te escribo, y visto las heridas del cielo con pequeñas estrellas que te dediqué a ti. ¿Tal vez te has escondido allí? No lo sé. Las multitudes son despiadadas. Podrías estar frente a mí y convertirte en el camino que sé que no tomaré, un cielo nocturno que no me corresponde, pero es difícil saberlo, siempre es difícil. Entonces vuelvo a mirar la hora; – Siete y media… dale… 20 minutos más… -, luego guardo mi celular, y levanto la cabeza hacia las abarrotadas puertas del metro que se abren frente a mí, quizás hoy tendría suerte. Bueno, creo que en realidad no. Una multitud de gente sale de las puertas y debo luchar por poder entrar, la atmosfera pesada me envuelve y me hace anhelar tu aroma a shampoo de coco. Todos parecen cansados, exhaustos, igual que yo; Aunque creo que mis lamentos amorosos no son un buen pretexto para definirme de esa manera, como sea – ¡ESTOY EXAHUSTO! – Sin darme cuenta había gritado lo que pensaba. Se sentía tan bien, pero a la vez estaba tan avergonzado que deseaba ser tragado por el suelo del vagón. Aunque si lo pensaba bien, nadie había prestado atención a la liberación de mis sentimientos, pase desapercibido – supongo que un vagón de metro puede ser indiferente a la gente extraña…hoy soy un extraño… –.
Las puertas se habían cerrado y el metro entro en marcha. Había un asiento vacío y me quedaba algo de Coca-Cola. Un golpe de suerte sin duda alguna, bueno, esperaba que esta vez si lo fuera; Pero de nuevo mi naturaleza de ser yeta me jugo en contra. La Cola-Cola estaba caliente y un solo sorbo era como estar bebiendo alquitrán, se quedaba en mi garganta por un rato y dejaba un sabor horrible impregnado – Que asco… – dije apenas, mi garganta creo que se había dañ- “¡BAAM!” un disparo suena y siento como alguien se desploma junto a mí. La mujer que hace unos minutos enviaba memes por WhatsApp se volvió un saco de carne y sangre que teñía de carmesí todo mi hombro. Supongo que a veces la suerte si nos puede abandonar a todos.
“Así, dejé de aferrarme a la realidad, y el mundo me volvió a abandonar.” Aquella oración se repetía en mi mente, no paraba de sonar en diferentes tonos, inundando mi cabeza. Pero la oración desapareció cuando me puse a observar el cuerpo de aquella mujer. Tenía un aroma irreal, cárnico y sensual. Sus vísceras descompuestas rebozaban de gusanos pálidos que bailaban como estrellas en un cielo moribundo. También, parecía cantar su sufrimiento de la misma forma que los ángeles cantan a la vida, o yo a tu recuerdo, mientras su rostro podrido desprendía trozos de carne renegrida, como una flor que dejaba caer sus pétalos sobre mi invierno. A mis ojos, era hermosa. Me detuve a tocar su pecho corrompido, , y encontré, detrás de miles de mentiras, un corazón, entonces lo arranqué, y lo colgué en mis sueños. Estaba dispuesto a dejarlo todo atrás, abandonar mi cordura y envolverme en la locura que nacía en aquel vagón de metro. Pero aquel corazón comenzó a latir, aquel latido, tímido y tan confortable, me recordó la única espina que perturbaba mis sueños, la única que no quería abandonar, tú.
– ¿seré capaz de olvidarte a ti, de dejarte atrás ? – La pregunta se incrustaba en mi cerebro, como una bala perdida encuentra a un inocente. Sim embargo, no tarde mucho en volver a prestarle atención a la escena del crimen. Ya que, frente a mí, un demonio que tenía esmeraldas por ojos se acercaba lentamente. En un tono que no podía describir, estaba aterrado, me murmuraba – ¿anhelas la muerte, lo haces tanto como yo? –. No entendía que ocurría, el aroma metálico que desprendía la sangre me mantenía en un trance extraño, mis sentidos estaban perturbados, como si estuviera drogado, dejándome llevar por los leves latidos del corazón en mi mano, que, de manera insólita, era lo único que me mantenía cuerdo. Colgado a mis sueños, me hacía no querer renunciar mi humanidad. –¿anhelas la muerte? – Volvía a escabullirse entre mis pensamientos aquella pregunta, ya ni siquiera podía escuchar el grito de la gente aterrada en el vagón.
– ¿muerte…? – digo para mí; – está mal buscar en la muerte los significados que no hay en mi vida; Pero entonces…si no encuentro un significado en mi vida, ¿me convertiré en un monstruo? Como si…es casi…fingir ser humano – . Las voces bajo mi piel lo sabían, mis ojos, mi boca, mi nariz. Yo mismo lo sabía. – Tú eres el único significado que le da sentido a los delgados hilos que unen mi mundo, mi entorno se distorsiona…es tan patético ser dependiente de una estrella, estás tan lejos…mis manos fueron desprendidas de tu fantasma y el mío es demasiado débil para mantenerme a flote…morir no soluciona nada, no anhelo desaparecer… – susurraba para mí. El demonio sujetó mis manos de manera brusca y guio mi mirada hasta encontrarme con la suya. Sus ojos eran como un abismo, sentía que me iba a tragar y que jamás volvería a verte, hasta en mis últimos momentos me obligas a rendirte tributo. – te odio, te odio, te odio tanto – Mi voz estaba rota, mis manos se liberaron y el demonio cayó hacia atrás, entre sollozos. Mi vista se había dañado, ya no sabia quien estaba en el suelo del vagón, si un demonio de ojos esmerarla o la chica que me enamoraba con su llanto.
Cerré mis ojos y respiré profundo. El metro seguía avanzando, a nadie le importaba la chica que ya no estaba allí. Mi cuerpo gritaba por ayuda, mis manos temblaban. Podía ver el reflejo de mi cara en las ventanas del metro, llorando con un hombro lleno de sangre y un corazón que me guiaba hacia la locura. – ya es hora... – Un carabinero me sujeta el hombro con fuerza y vuelvo a ser jalado hacia atrás, hacia el abismo. Con los ojos entrecerrados, espiando la grotesca escena. mi vida ya no tiene sentido, ya no quiero pensar en cómo no me ves de la manera que quiero; ya no quiero ser la persona que está ahí simplemente porque te da pena abandonarla; ya no quiero arrepentirme, quiero ser aquel que posea un sueño, quiero ser aquel que te posea a ti.
“realmente fue un error…” una nueva oración toma asiento en mi mente. Hay flores afuera. Pequeñas gotas lagrimean de sus hojas, y los pájaros tímidos se acercan a nuestro cielo. El mundo ahí fuera es el mismo. La gente es la misma. Mis miedos son los mismos. Entonces, ¿Por qué es tan difícil?
Sigo el camino que me ordena el carabinero, distraído, contando las baldosas del piso hasta que una voz me encuentra. Hago oídos sordos, no quiero ser visto en tan lamentable situación, pero ya es demasiado tarde - ¿Puedo preguntar a qué viene esto, te vas preso? –. Era Juancho, un viejo amigo mío. De alguna forma no me sentía capaz de decirle, no me sentía lo suficientemente fuerte para enfrentarlo, por lo que solo guardé silencio. – Oye po’… - me dice en un tono más agresivo. No soy de los que hablan de sus cosas, así que solo lo ignoro, y el suspira diciendo – Ya… no me digai’. Igual yo encuentro que deberiai’ dejar de hacer eso. Si lo haci esperando encontrar a alguien, mejor olvídate, la ciudad es despiadada, y a los que se traga no los devuelve más -.
“La ciudad es despiadada”. Del suelo emergieron deformes imitaciones humanas y el mundo volvía empezar, devorando todo lo que conocía. . huyo hacia el vagón del metro que se acaba de detener y me arrastro desganado a un asiento vacío. La monotonía en el traqueteo del metro, el bailar de las luces tras las ventanas, las luces fugaces que aparecen por la ventana a ratos. Quiero olvidar, imaginar que Juancho no fue devorado junto a aquel carabinero. Pensar en ti me calmaba, en tu reflejo similar a un copo de nieve; pálido, frágil, diferente, algo que solo puedes ver en invierno porque se derrite en verano. El fin del verano se acercaba. Una gota de esperanza, otra vez tú era mi única gota de esperanza – ¿Por qué…? –. Ya no puedo ver las luces. Mi reflejo invade la oscura ventana, con mi cara demacrada. – te perdí, perdí a mi amigo, perdí mi cordura…¿Por qué no estoy llorando? ¿Por qué sigo tan calmado? -. Mi reflejo se distorsiona y toma su lugar aquel demonio, con sus ojos clavados en mí. - ¿la deseas tanto como yo? Morir, claro -. Me daba nauseas, lo odiaba, lo odiaba tanto que la ventana exploto en miles de pedazos, cortando mi cara junto con la de la gente perdida en su propia discordia, dejando un agujero oscuro sin luces que se colaran para calmarme. Me absorbió. Mientras caía podía ver como se alejaba la ventana del metro, visto desde afuera si poseía luz, una que había abandonado. Así es el mundo del otro lado, o así lo era para mí. El punto final se encontraba al final de la caída, pero siempre se hace más difícil llegar al fondo, ¿Por qué?
–Las flores están bonitas – sonaba entre los ecos de los cristales cayendo detrás de mí; - Aunque, siempre he creído que los Girasoles guardan cierto encanto secreto -.
No hay final, no hay caída, no hay golpe, solo una voz que me encuentra, y sigue hablando –Tienes razón…no lo había visto así…aunque lo pienso todavía. No sé, de niña pensaba que los girasoles eran igual que las estrellas, y que los pájaros tenían casas de nubes, y plantaban esas luces en sus jardines… je… es bastante tonto decirlo en voz alta –.
La sangre es densa, y mis oídos se retuercen por un dolor ajeno. El tiempo se detiene, la gente deja de respirar, y solo estoy yo frente a dos estrellas fugaces que te roban lejos de mí. Todo es nada, no es oscuro ni blanco. No es silencioso ni ruidoso. Es la nada. El olor de mi sangre ya no existe, no puedo sentir las yemas de mis dedos entrar en contacto con algún fondo. ¿había caído o seguía cayendo?
ya no podía escucharte. Finalmente, ya no podía escucharte, ya no puedes atormentarme. Has desaparecido, has desaparecido junto con mis ganas de soñar, mis ganas de disfrutar el olor del pasto en las mañanas, mis ganas de pensar en que tema de conversación usar cuando nos quedemos solos. – quiero una tumba llena de girasoles…extraño a mi hámster…–. Soy un estúpido y finalmente me rendí.