En aquel día su aburrimiento había llegado a niveles bastantes altos, por lo que había “tomado prestadas” un par de las tantas pistolas de agua grandes que solían usarse de vez en cuando en actividades y ahora ahí estaba, corriendo por el campamento y empapando a cualquiera que se le cruzara para que todos pudieran reírse un rato (o la mataran a ella por molesta, una de dos). En cuanto vio a alguien bastante distraído en vaya uno a saber qué, se le acercó y le disparó con el chorro de agua— ¡Fuerzas enemigas a la vista! —exclamó entre risas.
Si bien la joven francesa no parecía haberse dirigido a ella (juzgando por cómo acababa de atacar a un campista que se encontraba cercano a ambas), la holandesa no pudo evitar dibujar una pequeña sonrisa en su rostro en respuesta a lo que acababa de decir.— No creo que sea conveniente referirnos la una a la otra de ese modo, Victoire. Se supone que estamos aquí para... hacer las paces, ¿no? —pronunció, consciente de que las palabras de la muchacha no tenían nada que ver con ella.
















