San Virila
Hoy nos vamos a un sitio rebonico, al monasterio de Leyre, de la manita de san Virila.
San Virila era un monje muy cisterciense y muy apañado que llegó a ser abad del monasterio de Leyre.
Él era un abad estupendo y hacía las cosas de abad muy bien, pero resulta que un buen día le dio así como una inquietud, una desazón…Y es que al pobre Virila le empezaron a entrar dudas sobre el concepto de eternidad. Lo normal, a mí me pasa a veces en el metro.
“¿Qué es la eternidad´?, Un frenesí, ¿qué es la eternidad? Una ilusión”..y así. Bueno, exactamente así seguramente no, pero haceos la idea.
Se tomó tan a la tremenda sus dudas sobre la eternidad que le pidió a Dios una prueba: “Diosito, haz que lo entienda, que es un conceto para el que no me da la cabeza, por favor te lo pido”.
Un día Virila estaba rezando en una fuente cercana al monasterio, a la que acudía cada día. Entonces, interrumpiendo sus oraciones y su meditación un pajarico comenzó a cantar super bien, pero super, super bien.
Virila se queda loco con el canto, pero loco. De esto que entras en éxtasis, como yo en un concierto de Deerhunter, vamos.
En ese estado de felicidad estuvo Virila un ratico mientras el pájaro cantaba y después volvió al monasterio. Cuando llegó se quedó un poco flipado porque el monasterio estaba algo cambiado, bueno, algo, bastante.
Llamó a la puerta "Holi, que soy el abad, abridme, haced el favor". Pero por el ventanuco se asomaban monjes que decían no conocerle de nada ampoco él reconocía a ninguno de sus compañeros. “Nadie se llama Virila aquí, buen señor, se lo juro”.
Pero ante la insistencia dejaron entrar a Virila y uno de los monjes, el más espabilao, se fue a comprobar los libros del monasterio "A ver, el libro de abades…mm… con la V…coñe, aquí está, Virila, ¡el abad VIrila!“
Todos muy contentos, mucho, "pues oye qué alegría”, “encantao”, tal… y el ratón de biblioteca que andaba con los libros… "Un momento, un momento, que este señor es el abad del monasterio ¡pero de hace 300 añios!“. Boh, un flipe todos de no creer.
Entonces recordaron que hubo un abad que se extravió hacía muchos, muchos años, y del que nunca más se supo, ese abad era VIrila. En lo que había durado el canto de un pajarico habían pasado 300 años, así pim pam.
Todos se lo tomaron fenomenal: "joer, milagrazo, tú”, “estupendo, estupendo” y se daban palmaditas y abrazos y todo genial. Entonces el pajarico que había estado cantando a Virila entró por una ventana llevando el anillo abacial de VIrila que este había dejado olvidado en la fuente.
Un regocijo, un frenesí. Y entonces se escuchó la voz del Señor: “hijo, es infinitamente mejor ver a Dios cara a cara que recrearse con la avecilla y oír su canto”.
Y así comprendió Virila el concepto de eternidad, pues si durante 300 años había escuchado a un pájaro sin cansarse, contemplar la gloria de Dios por toda la eternidad tenía que ser una cosa estupenda.
Todavía se puede hacer el paseo hasta la fuente desde el monasterio, por si queréis ir en busca del canto de algún pájaro.
Leyre está en Navarra, muy cerquita de Sangüesa, y muy cerca también de Aragón, al ladico de Sos del Rey Católico. Y todo es muy bonito, os lo digo. Id.
BONUS TRACKS
Monasterio de Leyre
CARA B
El 3 de octubre, San Virila de Navarra, se celebran también:
Sta. Cándida de Roma, s. Cipriano de Toulon, s. DIonisio Aeropagita, s. Francisco de Borja, s. Gerardo de Namur, s. Hesiquio, s. Maximiano de Bagai, b. Adelgoto de Chur, b. Ambrosio Francisco Ferro y compañeros, b. Crescencio Garcia Pobo y b. Otón de Metten













