Meteorito ?! (@Steven)
Aquella pregunta solo ayudó al pelirrojo confirmar cualquier duda. El Campeón sabía de lo cerca que estaban y tarde o temprano tendría que dar la orden a su Houndoom de atacar.
-“Me creerías si te digo que no eres el único con un interes por rocas raras ?”- respondió con una sonrisa y un tono relajado. -” Aunque esta vez, no tengo plan alguno en mente…”- admitió. -“Es otra cosa muy distinta lo que me llamó la atención, rumores de pokémon que no pertenecen a este mundo”-
Se detuvo allí, no queriendo dar mas información. Era bien sabido o creído entre varios investigadores que pokémon como Clefairy no eran nativos de ese planeta. Así que en la mente de Maxie, existía la posibilidad que otros de preocedencía similar podrían poseer alguna pieza faltante a su rompecabezas para poder expandir la tierra con éxito.
Steven se limitó a asentir vagamente.
—... Ya veo. —Murmuró, poco convencido. No dudaba de que era cierto que Maxie tenía interés en pokémon que pudieran pertenecer a otro planeta —incluso quizás a otra galaxia—, pero la idea de que fuese mera curiosidad —y no una manera de intentar concretar aquellos planes que, sin descanso, llevaba a cabo con el objetivo de expandir la tierra... se le hacía demasiado absurda.
Cada vez se cruzaban con una cantidad mayor de Clefairy. Los pequeños pasaban correteando de un lado a otro, tratando de no ser vistos, pero demasiado torpes como para pasar por completo desapercibidos. Steven incluso captó cómo un pequeño Cleffa los observaba, curioso, oculto entre unas rocas al costado del camino. Observaba el Excadrill del joven con cierto temor.
Incluso antes de lo que Steven hubiera podido predecir, notó que había luz al frente; como si a lo lejos hubiese un pequeño claro. El maestro acero sabía lo que eso significaba, por lo que de inmediato se puso en guardia. Aunque parecía relajado, prestaba máxima atención a todos los movimientos de Maxie. Cuando se hallaron a escasos pasos del lugar de donde provenía la luz, resultó evidente que la causa de aquel brillo no era otra que la luz de la luna reflejándose en la superficie de una roca enorme —era inmensa, la más grande que Steven hubiese visto jamás. Encima de ella, se abría un claro imponente —probablemente, causado por el impacto de aquel gigantesco meteorito sobre la tierra.
—... Parece que llegamos. —Comentó el campeón con tono casual, como quien comenta el clima —pero no por eso menos alerta.










