Niklaus:
Deja escapar un suspiro cuando ve al muchacho correr en otra dirección, casi con el corazón escapándosele del pecho ante la idea de que el pequeño pudiese acabar en el suelo. Sabe que no son niños tan pequeños, pero de todas formas, gusta cuidarlos lo mayor posible. Sus pensamientos se esfuman cuando oye las palabras de la mujer, obligándose a sí mismo a girar su cabeza para así poder observarla. “No, en realidad, no. De hecho, no debería estar vigilándolos yo.” Admite con una pequeña mueca en sus labios. “Son alumnos míos, pero creo que cuando me vieron han decidido que soy mejor entretención que sus padres.” La bienvenida que tuvo al evento fue caótica, pues cuando los niños lo vieron no tardaron en correr hacia él. “¿Qué hay de ti? ¿Disfrutas del evento o te encuentras trabajando?”
Alzó ligeramente ambas cejas al escuchar aquella respuesta que daba su suposición previa como errónea. —Seguramente les estás poniendo más atención, por eso creen que pueden andar cerca de ti. O eres su maestro favorito, eso explicaría también porqué les gusta pasar el tiempo contigo —respondió brindándole una sonrisa comprensiva, pues a sus ojos era evidente la preocupación del contrario por el pequeño grupo de aventureros que corrían por los alrededores. —Uh, no. De hecho, vengo en calidad de invitada. Me llamo Summer —se presentó ofreciéndole la mano. —Soy la dueña de la florería que hay a un par de cuadras por allá —Añadió señalando fugazmente hacia un costado.










