You deserve something good in your life {Ashton&Susan
—Pestañeé un par de veces incrédulo, intentando procesar lo que me acababa de soltar ella de forma brusca, con una seriedad que sinceramente asustaba. ¿Me estaba dando órdenes? ¿O era más bien su forma de advertirme? De cualquier forma, me puso tenso el tono que adquirió su dulce voz de un momento a otro. Demonios, el carácter de esta chica era tan jodidamente voluble y cambiante.. Entenderla era complicado para mí. No solía ponerme en los pies del otro. No obstante, estaba dispuesto a intentarlo ahora, porque no tenía intención de callarme y dejar que el violento silencio se hiciera entre ambos por culpa de su comentario. Quizá solo sonaba ofensivo porque estaba alterada por la masturbación en público, era comprensible, ¿verdad? Yo también me había vuelto más sensible a las palabras por culpa de la excitación, y las ganas de hacer el amor con Susan me estaban matando lenta y dulcemente. Así que no podía culparla por querer cortar el tema de raíz. Poco después de su seca y dura contestación, Susan continuó hablando en un tono más relajado. De nuevo, su humor cambiante me dejó perplejo. Pero por algún extraño motivo, me gustó que me tratara bien nuevamente, pese a todo lo que había provocado durante este almuerzo, pese a mi tortura sexual, pese a mi postura dominante, y a no aceptar un “no” por respuesta. Ella me soportaba, permanecía a mi lado en los buenos, y en los no-tan-buenos momentos. Era sin duda, la primera mujer que no me daba la espalda al descubrir mis facetas más malvadas, la única que aguantaba mi casi obsesión con el sexo duro. Incluso me había dejado atar sus muñecas. Estaba dispuesta a ser mi esclava sexual, y sentimental. Eso significaba mucho para mí, ¡no tenía palabras para expresar cuán feliz me hacía!. Esbocé una pequeña sonrisa mientras me enderezaba en mi asiento, y cogí los cubiertos para llevarme un poco de comida a la boca. Tanto pensar me había abierto el apetito, estaba más hambriento que nunca. En mi subconsciente sabía perfectamente que la comida no saciaría toda mi hambre, pero era mejor esto que nada, y me ayudaría a aguantar hasta volver a la habitación sin asaltarla ni morir consumido por las llamas de la pasión que se prendieron en mis entrañas tan pronto como mis dedos se clavaron en su interior Humedecí mis labios, recordando con cierta melancolía el exquisito contacto de mis dedos con su feminidad, y tragué. Luego giré el rostro hacia ella, y mi sonrisa se amplió sin que yo me diera cuenta.— Me alegra que no lo pasaras mal hoy. Espero que todos los días sean así de buenos, o incluso mejores. Cuando se pase esta temporada de exámenes, verás que vas a amar las clases de nuevo. —Asentí con la cabeza rápidamente, pinché más comida con el tenedor, y me la llevé a la boca. Automáticamente después, apoyé los cubiertos en el plato para tener las manos libres, y con la servilleta me limpié la boca tan pronto como terminé de tragar.— Yo he estado bien.. Aunque esta semana ha sido larga, eh. Muero de ganas porque sea fin de semana. —Admití en voz baja, e hice una leve mueca. Inclinando mi cabeza a un lado, le dediqué una mirada más tierna a Susan antes de continuar.— Y sí, ya presenté el cuadro en clase. Todos parecían sorprendidos, alguno tenía cara de “¿Lo ha hecho él? ¿En serio?” —Imité a un tipo cuyo nombre desconocía, pero que siempre se ocupaba de incordiarme en medio de explicaciones. Detestaba a ese estudiante, más de una vez había pensado en golpearle la cara con todas mis fuerzas. No obstante, me contenía. No deseaba meterme en problemas por una cosa tan absurda. Además, no puedes llevarte bien con todo el mundo, ¿no? Siempre vas a tener unos cuantos enemigos en la vida.—
—Me encogí de hombros ante el pensamiento, rindiéndome a la aplastante lógica, y seguí degustando mi plato. Estaba delicioso, no me había decepcionado mi decisión. Miré a mi acompañante para asegurarme de que estaba comiéndose todo lo que tenía en el plato, como yo.— ¿Te gusta? —Pregunté con interés.— Prueba un poco del mío, ven. —Sonreí ilusionado cual niño de seis años en la víspera de navidades mientras pinchaba un poco de mi comida en mi tenedor, y luego lo acerqué a su boca. Tan pronto como ella la abrió, introduje el tenedor, y lo deslicé hacia afuera suavemente para que masticara con libertad, y sus papilas gustativas explotaran en un mar de sensaciones frescas y novedosas.— No está tan delicioso como tú, obviamente, pero.. No está mal tampoco, eh. Yo sé qué elegir. Soy parisino, nací con buen gusto. —Bromeé, y antes de que le diera tiempo a comentar algo al respecto, me incliné hacia ella, y sellé sus labios con un dulce beso inesperado. Agarrando su barbilla, la mantuve firmemente unida a mí hasta que necesité oxígeno, y tuve que alejarme de su provocadora boca. ¿Hacía cuánto que no la besaba? ¿Media hora? Suficiente para que lo echara de menos. Seguí comiendo con tranquilidad, y una pasividad que me sorprendía a mí mismo. Hacía tan solo diez minutos estábamos acariciándonos mutuamente de forma íntima delante de un puñado de extraños, y ahora.. ahora actuábamos como si no hubiera pasado nada. Todo avanzaba con normalidad. Mi mirada se desvió una vez más a Susan, aunque estaba casi seguro de que no había dejado de observarla desde que habíamos entrado al local.— Me lo estoy pasando muy bien hoy, ¿sabes? Es la mejor celebración que he tenido nunca después de una victoria bien merecida. —Sonreí mientras estiraba mi mano y colocaba un mechón de su cabello detrás de su oreja con suavidad.— Me alegra tenerte aquí conmigo, de verdad. —Insistí, y poco después seguí comiendo hasta que acabé con todo lo que tenía en el plato. Me apoyé en el respaldo del asiento, casi totalmente satisfecho, y me giré en su dirección, a la espera de que ella también terminara.— No sé si vas a querer postre.. yo ya tengo pensado el mío. —Ahí estaba otra vez mi tono ronco y seductor dejando claro ese doble sentido erótico de mi afirmación mientras se dibujaba en mi rostro una sonrisa lasciva.—
Baje la vista a mi comida y comencé a jugar con esta, utilizando el tenedor para hacerlo. Vale, no se debía hacer tal cosa, pero… ¿podía evitarlo? No, definitivamente no. Necesitaba calmarme un poco, además de obligar también a mí estomago a abrirse. Estaba rebelde, igual que absolutamente todo mi cuerpo. Me sentía inquieta, tal cual una niña a la que le han negado algo. Y bueno, él lo había hecho en cierto sentido… me había negado esa liberación que tanto ansiaba. Por eso mismo, era mejor enfocarme en la charla que estábamos teniendo, para distraerme y distenderme, para que mis músculos olvidaran lo que acababa de suceder. Para que las piernas dejaran de temblarme. Bah, se entendía, el punto era concentrarme en cualquier otra cosa que no fuera lazarme al cuello de mi novio para terminar por hacer una escena en pleno restaurante. Él me hacía pensar las cosas más locas, cosas que nunca en mi vida haría… pero al lado de Ashton, se volvían una posibilidad. Me sorprendía a mí misma, realmente lo hacía. Sonreí al oír lo que decía. Probablemente tenía razón y luego de los exámenes terminara por volver a agradarme asistir a clases. Estudiar tampoco era algo que detestara, al contrario, lo hacía con gusto. Pero esa presión de tener que aprobar todo…ugh, a veces podía conmigo, a tal punto que llegaba el fin de semana y lo único que deseaba hacer era tirarme en la cama para no volver a levantarme. Y sí, él era testigo de lo cansada que quedaba luego de las rondas de exámenes. Era por eso que, prefería pasarlos de forma rápida, que no molestaran demasiado. Continúe oyéndolo tranquilamente, sonriendo varias veces ya que me sentía identificada. También quería que llegase el fin de semana. Cuando menciono lo que le habían dicho sobre el cuadro, alce ambas cejas, sorprendida. ¿No creían que lo había hecho él? ¡Peor que imbéciles! O envidiosos, más bien, Ashton tenía un talento único. —El cuadro era hermoso, cariño, uno de los mejores que he visto en toda mi vida. Y no, no te lo digo por ser tu novia, te lo digo porque es completamente cierto. —Continúe, dedicándole una de mis más sinceras sonrisas mientras estiraba mi mano para acariciarle la mejilla suavemente. Definitivamente, el que fuera bueno en tantas cosas podría perjudicarlo. Muchos intentarían derribarlo, pero yo sabía que era fuerte, era más fuerte que cualquier hombre que hubiese conocido antes. Una vez que mi mente estaba distraída, comencé a comer. Estaba delicioso, y como no, si nos encontrábamos en uno de los mejores restaurantes de todo Paris, era obvio que esto sabría de maravilla. Limpie las comisuras de mis labios con mi lengua y alce la vista al escuchar lo que me preguntaba. Asentí con la cabeza automáticamente. Sí, estaba buenísimo, se lo hubiese dicho en voz alta pero estaba demasiado ocupada tragando. Trague rápidamente cuando me ofreció un poco de su comida y entonces abrí la boca, esperando que me diera con su tenedor un poco de lo que se había pedido. Una vez que mis papilas gustativas lo probaron, mis ojos se agrandaron un poco. Definitivamente estaba mejor que el mío, lo odiaba por ello. Lo oí mientras masticaba y forme una sonrisa divertida con mis labios sin poder evitarlo. ¿Qué estaba queriendo decir con ello? Seguro que nada, pero aun así… me gustaba bastante molestarlo, así que esta era una oportunidad única para hacerlo. Abrí la boca para decir algo pero una vez que lo hice, el aplasto sus labios contra los míos, impidiendo que pudiera decir alguna otra palabra. Mierda, ahora me dejaba con las letras en la boca. De todos modos, cuando se separo de aquel perfecto beso, aproveche para cumplir con lo que me había propuesto antes: jugar un poco con él, molestarlo de manera inocente. —¿Insinúas que yo no tengo buen gusto? Oh, claro, me he olvidado… estoy de novia contigo. Tienes razón, no lo tengo. —Dije fingiendo seriedad y luego solté una risita juguetona. Era obvio que no lo decía enserio, él era y seria siempre uno de los hombres más hermosos que yo había conocido en toda mi vida. Era una suertuda por tenerlo conmigo, lo tenía todo. Desde el carisma, hasta la apariencia de modelo de revista. No podía pedir más. Una vez más volvió a hablar y me encogí de hombros, yo también la estaba pasando de maravilla… aun mejor que eso. Era una de las mejores cenas de todas, sobre todo porque tenía un motivo y esa era su victoria. Suspire al sentir como acomodaba un mechón tras mi oreja y mordí mi labio inferior, completamente encismada en lo que era este hombre. Poco a poco, iba cayendo en sus redes, tanto así que ya no me reconocía a mí misma. Ni a mis acciones, me alteraba por completo, en un buen sentido, claro estaba. —Aquí me tendrás siempre, vida. —Asegure para así seguir comiendo de manera tranquila, casi terminando todo el contenido del plato. Una vez más, el rubio hablo, transportándome nuevamente a lo que había sucedido antes. Oh, sí, eso. Cerré las piernas rápidamente, fue una acción inconsciente pero que bien se adaptaba a la situación. —Venga, ¿seguirás con esto, Ashton? Podemos esperar a volver a Sconnor, a nuestra habitación, no seas tonto. —Murmure suavemente y limpie mi boca con la servilleta, intentando hacerlo entrar en razón, aunque dudaba que sirviera de algo.










