La ojiazul había sido enviada a recepción para decorar todo lleno de espíritu navideño. Tuvo que armar un árbol de un par de metros sin otra ayuda más que una escalera. Terminó de decorar y lo que faltaba era la estrella en la punta; lo único que quería era irse a descansar, fue un gran trabajo. En cuánto iba a colocar el adorno final, su escalera se cerró; la chica se fue de bruces contra el suelo, cayendo de espalda. “¡Mierda!” Gritó al caer, muchas personas reían, estaba avergonzada y enfadada. “¡Hey! ¿¡Qué me miras!?” Descargó contra la primera persona que vio, aún en el piso.
Se encontraba discutiendo con una de las muchachas que atendían a los clientes en recepción ya que había tenido un problema con la masajista del spa, una mujer en exceso maleducada. Un estruendo a su espalda provocó que la castaña se volviera, justo a tiempo para ver como una de las empleadas caía al suelo de forma no muy agradable. Al ver que nadie hacía nada por ayudarla, Svetlana se dirigió a ella e intento incorporarla. “Tranquila, te pondrás bien” murmuró. Su atención se dirigió nuevamente a los presentes. “¡Alguien que busque un médico!” exclamó, molesta con la gente que se limitaba a reír o cuchichear. “¿Te duele algo?” fue la pregunta, dirigida a la empleada.










