14 : UN INTERLUDIO DE PIEDRA Y NIEBLA.
Se deleitan con la idea de una semana libre, de un atregua. Una oportunidad para explorar los pasajes góticos de Edimburgo, perderse entre las vitrinas polvorientas del Surgeons' Hall, dejar que los ecos del viento en Calton Hill susurren algo distinto al peso de lo que se ha vivido. Dicen que es un descanso, pero, ¿Quién puede descansar realmente cuándo se siente observado?
Los itinerarios son inexistentes, permisos de olvidar quienes han sido por un rato son otorgados y el telón de niebla constante parece una invitación a la introspección. Podrán visitar cementerios históricos, tomar el té en cafés literarios donde autores malditos escribieron sus últimas líneas e inclusive, sí el clima da el permiso, deambular por los pasajes subterráneos del South Bridge. Pero no te engañes, viejo amigo, siempre habrá alguien más haciéndote compañía no un guía turístico, sino un recordatorio. Las promesas de las Moiras, la inminente caída. Las traiciones que se continúan pagando.
Una vez que los secretos se debelan, no hay ciudades que puedan vanagloriarse de ser terrenos neutrales, espacios seguros. Y aunque los muros de Edimburgo son ajenos a Pomona, las semillas ya han sido ya sembradas. Las Moiras lo saben. No olfatean la culpa, la reconocen, la catalogan y la indexan con crueles precisiones. Han dejado claro que no hay error a tolerar, no hay debilidad a considerar ni simpatía que brindar.
Hay un secreto a voces claro, que alguien decidió escarbar en el pasado de todos y que ha descubierto algo. Algo que podría alterar delicado equilibro. Inflexiones. Pecados. Pulsiones desvirtuadas. Errores humanos. Minúsculas traiciones. Y ahora todo el grupo debe comenzar a moverse con aquella certeza de que los daños están ya hechos y lo que queda es intentar qué desmoronamiento sea únicamente de unos cuantos.
Hay sombras qué se deslizan por el rabillo del ojo. Habitaciones de hotel en las cuales los espejos se tardan en devolver los reflejos o quizá eres tú quien se tarda en el reconocimiento. Hay sueños en común. Pesadillas que te alzan en medio de la noche. Voces que no son propias. Y siempre, a cada momento, en cada minuto del día, la sensación de que están siendo vigilados por alguien que no se ha manifestado, pero cuyo juicio resulta inevitable.
Así qué, sí. Pueden reír y posar para las fotos en Victoria Street, pretender que no ha sucedido nada. Pero no se olviden del mensaje implícito de las tejedoras del destino, de las dueñas de todos los hilos.
"La semana será libre. Pero ustedes ya no lo son."
Última recomendación:Si el viento les llama por su nombre después de medianoche, no respondan. La ciudad aún puede olvidar. Pero las Moiras, nunca.
DATOS DE IMPORTANCIA:
setting: la ciudad de edimburgo y sus alrededores.
fecha: finales de septiembre.
código de vestimenta: libre, recuerden que se encuentran en otoño, las temperaturas son más bien frías.
INFORMACIÓN OOC.











