ensombrecimiento de ánimo poco tuvo que ver con evento deportivo desarrollado, uno que poseyó méritos suficientes para convertirse en tortura personal y que, en cualquier otro momento, probablemente habría acaparado totalidad de atención. fue otra cosa la que consiguió instalarse bajo piel propia, una molestia persistente que regresó una y otra vez durante transcurso de la noche con molly, empujándola hacia respuestas breves, hacia un mutismo inusual en ella y hacia el constante tamborileo de dígitos sobre abdomen propio cuando normalmente habría buscado cercanía ajena casi por reflejo. porque comprendía. realmente lo hacía. ezra no tenía obligación alguna de contarle cada cosa que ocurriese en su vida. conflictos, decepciones, discusiones. entonces, ¿por qué no podía dejar de pensar en ello? respuesta no tarda en llegar. y comprensión acudió finalmente, lenta y desagradable. porque detrás de aquel deseo existía otro, mucho menos decoroso y considerablemente más difícil de esconder. uno que había comenzado a crecer sin permiso entre complicidades compartidas, entre mensajes cotidianos, el lugar seguro en el que se había convertido y la familiaridad peligrosa que acompañaba su presencia. la realización descendió despacio, asentándose bajo sus costillas con una tibieza extraña. porque le gustaría habitar esos espacios que normalmente permanecen cerrados para el resto del mundo. y qué vulnerabilidad tan incómoda resultó aquella. no supo cómo tomarla entre manos, mucho menos cómo entregársela. por lo que no puede hacer más que suspirar levemente, apenas, mientras inventa la primera excusa: ‘ creo que allí está river, por si quieres ir con él. ’ @ezmirs * — para un starter descansando en la playa.