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Trading como negocio 1ra parte, por Isabel Nogales
Trading como negocio 1ra parte, por Isabel Nogales
Desarrollar el trading como negocio es igual que emprender cualquier otro. Debes diagramar tu proyecto de negocio. En esta primera parte, Isabel Nogales de Forex al alcance de todos, nos explica en detalle las preguntas que debemos formularnos al comenzar nuestro trading business.
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Marcha del 21 de Mayo de Valpo
Día P. I
De camino a casa de Julio, quién un par de noches atrás amablemente había accedido a invitarme a ver su trabajo, me encontré con Martha y su automóvil azul, me invitó a subir, escuchaba The Cardigans a todo volumen y también iba a casa de Julio, todos iban a casa de Julio, estaba preparando una especie de exposición secreta para el fin de semana y sus amigos iban a ayudarlo. Decidí que no era algo para disfrutar y le ofrecí un café a Martha antes de seguir, nos llevó hasta el Café Pueblo en silencio y nos sentamos a la sombra de una carpa y de una incomodidad latente.
- Daniella me dijo que te gusta Guns and Roses – Dije después de asentir un par de veces.
- Si, pues, una que otra canción, mi hermano si es un fanático.
El mesero tardó unos segundos en aparecer después de eso, pedí un cappuccino con amaretto, pensando en las historias, las risas y la unión de las que no iba a ser parte esa tarde; ella intentó pedir una limonada, pero necesitaba respaldo en un momento de crisis y según mi experiencia, nos llevábamos mucho mejor en la noche y con alcohol, así que cambié mi orden por dos cervezas y le sonreí.
- ¿No es muy temprano para empezar a beber? –Me preguntó ella una vez se fue el mesero.
- Nunca en vacaciones, menos aun cuando te vas a mudar dentro de poco y no he visto por qué te veneran todos – Me preocupé más por cómo podría ella interpretar eso que por el hecho de que se había escapado de mi cabeza en su presencia.
- ¿Veneran? ¿Quiénes? ¿Por qué? – Su incomodidad y su sorpresa eran auténticas, pero no terminaban de convencerme, nada en ella lo hacía, no podía saber si estaba mintiendo, no podía saber si estaba bromeando, y necesitaba aprender a diferenciar todo de todo, una cosa de otra, una gato de otro gato.
- No importa, lo hablaremos después.
El mesero trajo nuestras cervezas en vasos largos que le quitaban toda la gracia a beber cerveza, hacía calor, el sol brillaba despiadado en un cielo con dos o tres nubes y la famosa brisa de la ciudad había dejado para más tarde empezar a soplar, nada de eso ayudaba a la intranquilidad que nos causábamos el uno al otro, sin saber por qué, deseaba decirle que la quería, quería abrazarla y levantarla y darle vueltas, quería verla reír otra vez, montarla sobre mis hombros y correr, pero decir algo así o intentar hacerlo podría hacer de la visita a Julio algo aún más incómodo o incluso cancelarla y eso era algo mucho peor.
- ¿Son buenas las fotografías de Julio? – Esperaba algo decente de su parte, tenía algo de artista, más allá de lo vago, era esa hipersensibilidad que nos hace llorar con la escena de la bolsa al aire de American Beauty.
- Pues, tienen su encanto, ya sabes, perspectivas diferentes de objetos comunes, a veces – Nunca lo dijo, pero no me era difícil saber a qué se refería cuando daba sus explicaciones cortas, interrumpidas, inseguras – Creo que ha aprendido a manejar las emociones con las luces.
Terminamos bebiéndonos cinco cervezas cada uno, el leve alcoholismo de Martha era casi tan obvio como su homosexualidad, pero no tocamos esos temas hasta mucho después. Pagamos las bebidas, nos levantamos ya de mucho mejor humor y con una conversación sobre musicales marchando, me ofrecí a manejar hasta casa de Julio, pero el cambio de su expresión bastó para que corriera a abrir la puerta del pasajero; llegamos a casa de Julio no si un buen par de sustos y después de pelearnos con el celador de la urbanización por usar un parqueadero privado, anunciarnos y buscar la casa del que a esas alturas era nuestro fotógrafo prodigio, nos encontramos con Aarón haciendo señas en el porche.
- Marthica ¿Cuántas veces ha venido y todavía no encuentra la casa? – La voz de Aarón era amigable, sus gestos eran amigables, su sonrisa casi permanente pero no podía evitar sentir que veía a través de mí y que no podía hacer nada al respecto.
- Fue en parte mi culpa – Tenía que decir algo, tenía que separar la atención de mí – Mi sentido de orientación sólo me dice dónde es arriba y dónde abajo.
- ¿Y los lados no? – Siempre tenía una respuesta que me desequilibraba, ese tipo me daba miedo - ¡Julio, llegaron! – Se dio media vuelta y entró mientras seguía gritando – ¡Y adivine quién no sabe cuál es la derecha y cual la izquierda!
THE HEINRICH MANEUVER (1ra Parte)
Mañana del jueves 9 de noviembre, me desperté temprano, aunque no quería hacerlo todavía porque estaba soñando, pero sabía que tenía que hacerlo por ese iba a ser un día muy importante.
Desayune, ordene un poco el cuarto, encendí la computadora, como siempre. Pero me acorde de que no podía salir del departamento hasta que el pedido del supermercado llegara, al mediodía. Esperaba que fueran puntuales, y para no entrar en pánico, hice mil cosas, leí revistas, mire las noticias y algún capitulo de ‘Friends’, regué las plantas, arme mi cartera con lo que iba a llevar: una enorme foto blanco y negro de Interpol, mis cd’s de Interpol, la cámara, un sharpie violeta, mi mp4, etc.
Pase la mañana en Twitter hablando con Dan, poniéndome de acuerdo con lo que iba a hacer, y que probablemente nos veríamos allí en el hotel, dándome ánimos, hablando con Pao y Diana sobre sus recientes experiencias. El tiempo voló y yo ya estaba arreglada, me había puesto una blusa negra con puntos blancos y un pantalón negro, y el pedido aun no llegaba, aunque me imaginaba que quizás algunos de los miembros de la banda no saldrían del hotel antes del mediodía, algo que sucedió cuando fui a ver a Muse, eso era muy incierto y desconocido para mí.
Finalmente llego el pedido, la mirada que dirigí al chico del supermercado no fue una de las mejores, debo reconocer, porque algo que me molesta es la impuntualidad y además el supermercado solo quedaba a unas pocas cuadras del departamento.
En fin, organice todo rápidamente, encendí el mp4 y salí a tomar el colectivo 64. Tardo un poco pero justo en una de las avenidas principales, la “9 de Julio”, había una manifestación. Por lo tanto el colectivo se desvió. Llegando más rápido a mí destino. Aunque después de bajarme debía caminar varias cuadras para llegar al hotel.
Una vez en la zona de Puerto Madero, fui siguiendo el camino que había hecho el día anterior pero más directo, camine por la vereda, distraída totalmente absorta escuchando Interpol con mis auriculares, mientras varias personas parecían salir de sus oficinas para almorzar. Pase por el frente de hotel Faena, no había ningún movimiento sospechoso, continúe por la calle Juana Manso caminando rápido, observando los alrededores y los arboles, era un día muy soleado a comparación de los que habían pasado.
Iba llegando a la esquina en la que debía doblar, Rosario Vera Peñaloza, cuando gire para cruzar y levante la vista, fue ahí cuando lo vi, y todo se detuvo.
Era Daniel Kessler saliendo del hotel, totalmente reconocible desde 50 metros aproximadamente, vestido con su usual traje negro y sus antejos, rodeado de algunos fans pero no demasiados, como máximo serian 10 personas, sus camionetas plateadas esperando al frente. Y yo aun deslumbrada a punto de cruzar, en una escena similar al video The Heinrich Maneuver, solo que por suerte no paso ni un colectivo ni un taxi que me atropellara. Él estaba ahi.