Dos caminos se abren ante tí, hijo mío; el primero, cúspide de la iluminación, te apartará de todo, nonato que atiende a lo que vendrá sin sosegarse, el segundo, sendero tortuoso, se expandirá como un tapiz de mil matices, más perderás la fiebre y la llama.
No es la primera vez que lo crees, hijo mío.
Volveremos a vernos.





