Mil recuerdos que recorren mi cuerpo, en un afán por callarlos abro la ventana de mi mente para comprobar que el fuego realmente se apagó, que estoy a salvo. Pero no, el bosque sigue ardiendo, los animales asustados y yo sigo consumiéndome a la espera de que el vacío se llene. Circunstancias banales las de ahora, recuerdos muertos en el pasado, e ilusiones mal construidas para un futuro incierto. Día tras día aparece su recuerdo en mi cabeza, marcharé a donde nadie me vea, para poder desahogar esa marea que me inunda por dentro. Cogeré mi cetro y crearé un mar, uno infinito, de lágrimas saladas de todo aquel que dejó atrás sus ilusiones y deseos, por desvanecerse en una realidad mundana y sin celos.









