El goteo
Hace un par de años en los que en mi cuerpo hay una grieta o un agujero por el que voy goteando vida. Quizás lleve más tiempo pero desde hace dos años esa pérdida es mucho más pronunciada. Puede que ahí la grieta rompiera de verdad.
Y esto me lleva al vacío. Cada vez más ligera pero a la vez más pesada. Perdiendo vida y a la vez sintiendola más en la espalda y marcando los senderos por los que circula, todos los errores que he cometido, cada vez más numerosos, variando en su caudal en función del tiempo que le dedique mi cabeza.
Y todo se me resquebraja.
Incluso lo que es bueno para cicatrizar esas grietas se desvanece por el sentimiento de culpa, y el del fracaso y el de inestabilidad. Y por el miedo.
El miedo es ese amigo que todos tenemos y de vez en cuando nos visita aunque no nos guste, pero que en ocasiones una charla con él te ayuda a superarte. Sin embargo, yo estoy encerrada en una habitación con él y he dejado que domine mis pensamientos, no he dialogado con él, simplemente le he dejado que tomara las riendas de mi vida.
Y cuando he decidido tomar una decisión que creía honesta y buena para mi, ahí ha aparecido él, de la mano con la culpa y el fracaso para cavar profundos cauces que me paralicen.
Llevo ya dos años con pérdidas, y el miedo no deja de cavar -y este año con mucha más rápidez- para vaciarme totalmente.
¿Quedará algo de mi al final de todo?


















