«Por muchos caminos que se tomen. Cuando algo es inevitable. Es inevitable»
Montajes realizados por: niallboswell
seen from Türkiye
seen from Guatemala

seen from Netherlands
seen from United States
seen from United Kingdom
seen from United Kingdom

seen from Netherlands

seen from Russia

seen from United States

seen from Russia
seen from Türkiye
seen from Netherlands
seen from Macao SAR China
seen from China
seen from Côte d’Ivoire
seen from Malaysia
seen from China
seen from Germany

seen from Netherlands
seen from Yemen
«Por muchos caminos que se tomen. Cuando algo es inevitable. Es inevitable»
Montajes realizados por: niallboswell
Abigail Hunter. Phoenix on fire.
Montaje fotográfico realizado por: niallboswell
Dedicado a: Mi partner abigailhunter
Mal sueño entre temores...
El mago ya se encontraba refugiado entre las sábanas. Puesto a dejarse abandonar en los brazos de Morfeo en cuanto un leve estremecimiento le recorre toda la columna vertebral. De repente tuvo un mal presentimiento pero no alcanzó a averiguar que era. Ni siquiera si podía fiarse pues no era persona que se dejase llevar por meras suposiciones. El caso es que andaba algo inquieto.
Volviendo a cerrar los ojos. Decide dejarse embriagar por el silencio, hasta que este es interrumpido por el ensordecedor timbre de la vivienda. Chasqueando los dientes molesto retiró las sábanas para poder levantarse y ver quién era el que llamaba a esas horas a incordiar. Bajando las escaleras somnoliento avanzó hasta la entrada. Abriendo la puerta con intenciones de buscar bronca con quién insistía en incordiar. Pero la imagen que presenció le dejó mudo y helado.
- "Niall..." -Pronunció un hilo de voz quebrada, saliendo de la garganta de una mujer que apenas era capaz de sostenerse en pie. La sangre cubría casi toda su ropa. Y varias heridas se hacían notar, latentes, en partes de su cuerpo muy concretas y meticulosas.
Tardó unos segundos en reaccionar. Pero no se mueve hasta que ve que la mujer pierde el equilibrio. Sin dudarlo dos veces se la lleva al interior y la deja recostarse sobre el sofá. Buscando con cierta desesperación (Algo raro en él) vendas, medicamentos o incluso la varita. Que de la sorpresa y la impresión había olvidado donde la tenía. Una mano firme le sostiene del brazo en cuanto pretende alejarse de ella. Reteniéndole y pidiéndole así que no se fuera.
- Tengo que curarte. -Murmura el mago. A lo cual la mujer niega con las pocas fuerzas que tiene, pero sin soltarse de él.
- "No servirá de nada..." -Dijo la susodicha. Él se arrodilló frente al mueble y cogió su mano. Negando efusivamente.
- No Abigail... Déjame curarte. Se que puedo. Pero no me pidas que me quede de brazos cruzados -Cuando más tiempo se demoraba, más sangre perdía y más blanquecina era su tez.
Y la desesperación del mago crecía al ver que inevitablemente uno de sus más profundos y escondidos temores estaba realizándose. La bruja alzó la mano libre hacia la incipiente barba del mago y le dejó una suave caricia. Parecía que intentaba decir algo, pero no pudo pues había gastado todas sus fuerzas en ese último gesto. Él posó la mirada en esos ojos esmeralda que siempre le habían robado la cordura. Pero ahora se tornaban vacíos y distantes, hasta que decidieron que esa sería la última vez que verían la luz.
- No... Aby. Despierta. Aby ¡Aby! -La zarandeó pero solo consiguió que la mano con la que le había acariciado la mejilla perdiera fuerza, hasta caer inerte a un lado. Entonces fue cuando un vacío se creó dentro de él y toda emoción que fuera capaz de sentir se esfumase. No podía, no quería creer que se hubiera ido. Que ya no estuviera- Abigail... Por favor. -Susurró apenas ya con la voz quebrada, ocultando el rostro en el hombro de la susodicha. Con todos y cada uno de los músculos en tensión. Se podría decir que era la primera y única vez desde que se murió su padre, que se le tornaran los ojos vidriosos. Más no había testigos y no se escuchó sonido alguno. Solo sus continuos reclamos para que de algún modo, la mujer volviese en si y no le dejase solo- ¡Abigail!
Un sobresalto le hizo abrir los ojos. Y fue su propia voz quién lo despertó tan inesperadamente, mirando a su alrededor con impaciencia y casi desesperación. Se encontraba en la habitación, tumbado sobre la cama y con la respiración agitada. Sin contar del sudor frío del que era víctima. ¿Había sido todo un mal sueño? Fuera como fuese se pasó las manos por el rostro con frustración, ocultándolo tras ellas unos segundos antes de poder normalizar la respiración. Tras eso se frotó el pelo fijando la mirada al techo e intentando hacer desaparecer esa mala sensación y mal cuerpo que se le había quedado.
- Eres imbécil... Asustarte de un sueño -A pesar de sus palabras aún estaba inquieto. Y el sueño se le había esfumado. Sin entender a que venía soñar con algo así se levantó de la cama y se fue directo al baño. Aunque fuera de madrugada, una ducha fría le ayudaría a relajarse y a mantener las ideas claras. Si al menos conseguía encontrarle sentido a lo recientemente soñado y a su propia reacción.
Abigail Hunter y Niall Boswell
Libertad sin vuelta atrás.
Han ido pasando los días y las noches y aún hoy seguía privada de ese paraíso tan azul y particular de sus ojos. Durante los primeros días no observó prácticamente ningún cambio, cosa que le hizo desesperar y plantearse frustrada si realmente se había equivocado al dar con la información de este tipo de mágico veneno, que actúa como si fuera una infección parasitaria. Anduvo de un lado a otro por la casa casi sin dormir, revisando cada hora sus heridas y sus constantes, tan preocupante, exagerada y peligrosamente bajas. Cuando por fin se podían percibir los cambios y una visible mejoría, pudo llegar a dormir y descansar tranquila, a sabiendas de que todo marchaba bien y como esperában, aunque fuera más pausado de que lo le gustaría. La rutina consistía en mantenerle hidratado y nutrido a base de pócimas reconstituyentes y vitalizantes que conseguía del castillo las primeras veces, y que luego aprendió a elaborar ella misma. Dichas pociones actúan como un suero muy común para este tipo de situaciones. Tras esto, simplemente tenía que lavar ambos cortes, en el antebrazo y en el cuello, con esencia de Díctamo para que fueran sanando y cicatrizando, aunque lentamente. Poco a poco y día a día la piel ennegrecida alrededor de las heridas ha ido disminuyendo, y la sangre que corre por sus venas volviendo a su color normal, dejando éstas de verse a través de la piel, a medida que la ponzoña ha ido desapareciendo de su cuerpo, ya que a efectos del veneno, el huésped está muerto y sin él no puede mantenerse. Aun y con la indudable mejora, se aseguraba cada par de horas que seguía realmente en este mundo todavía, que seguía respirando y tenía pulso, cosa que en su estado costaba trabajo por lo lánguido y tardío, y siempre se angustiaba hasta confirmarlo. El resto de horas muertas las dedicó en las pocas tareas del hogar y leer para intentar distraerse hasta que le vino la idea del regalo Navideño a la mente. Conseguir las dos piezas con ayuda de los elfos domésticos del Castillo Amaranthus fue la parte fácil, las pidió una mañana y las tuvo al mediodía, yendo directamente a Irlanda nuevamente a montarlo, ya que Niall en su estado obviamente no iba a poder enterarse ni verlo. Con la ayuda de uno de los libros de la biblioteca versado en el tema, y la varita ocupó toda una tarde en ello, grabando al final debajo de la base de la pieza unas palabras con el hechizo ·Flagrate·. Una vez satisfecha con el resultado, conseguir una caja, blanca, a medida y lazo rojo para envolverlo también fue de lo más sencillo. El presente ha quedado guardado, a falta ideas, bajo la cama. Hoy, ha amanecido con la firme resolución de darle la pócima que tiene, supuestamente, que volverle a despertar. Una vez más y con ayuda de un poco de algodón, pasó la esencia de Díctamo por ambos cortes una última vez, cerciorándose de que están completamente curados y ya casi no hay cicatriz. Examinó su rostro y su estado general, aunque su temperatura es muy baja desde que cayó en este profundo sueño comatoso, muerto en vida, el color de su tez vuelve a ser normal, han desaparecido también las ojeras e incluso sus labios son otra vez sutilmente rosados. Lo único que resta es que abra los ojos y le muestre otra vez los iris color añil donde pueda perderse al menos una vez más. Tras mirar la hora en el reloj para saber con exactitud hora y minuto, cogió el pequeño frasco de la mesilla y se sentó al filo de la cama, a su lado. Con la mano libre y sumo cuidado le incorporó levemente la cabeza para hacerle tragar unas gotas de la pócima, en varios intentos para asegurarse de que la consume. Dejó el recipiente nuevamente en la mesita y se mantuvo en la misma posición, sentada, mordiéndose el labio impaciente y anhelante por verle despertar, aunque no sabía cuánto puede tardar, ni siquiera supo si a esas alturas lo haría, por lo que tenía un nudo enorme en la garganta y casi ni respiró debido a la incertidumbre. -No te hagas tanto de rogar, señor de los cielos… -Susurró al pasar los dedos en una suave caricia por su mejilla, sobre la creciente barba que cubre parte de su rostro estos días.- Despierta y págame los buenos días y las buenas noches que me debes.
Miró el reloj de muñeca repetidas veces mientras daba varias vueltas por el dormitorio, nerviosa y angustiada, pues desde esa mañana no hay ningún indicio de que vaya a despertar. Su respiración empieza a ser agitada y sintió que le faltaba el aire, el corazón quiere salirse de su pecho y un temblor se adueña de sus manos y sus rodillas, por lo que apoyó la espalda contra la pared y se dejó caer al suelo. Se rodeó las piernas escondiendo el rostro entre las rodillas, intentando normalizar la respiración y aplacar el ataque de ansiedad. Cuando lo consigió, sin variar la postura, se puso a pensar para dar con una solución, puesto que no tenía intención de dejarle así. Se puso en pie sacando la varita y se acercó a la cama para sentarse de nuevo a su lado, apúntandole con la delgada madera de bambú y la única ocurrencia que ha asaltado su mente: entrar en la suya propia.
Una playa de arenas blancas, suaves, finas y aterciopeladas se extendía hacia un horizonte infinito, en el cual el fin se veía tan ajeno, tan irreal, que ni siquiera los huésped de ese universo, en el que la nada y el todo son posibles sabían si existían. Un niño, de no más de diecisiete años reposaba sobre la susodicha, con las piernas cruzadas en pose de dejadez e indiferencia al mundo, con el cuerpo echado hacia atrás y los brazos apoyados haciendo de contrapeso también sobre la arena. Ignorante a la presencia de la mujer, solo se dedicaba a mirar desde la lejanía el agua, donde, como si fuera una gran pantalla toda ella, se recreaban en pequeñas facciones instantes de su vida, recuerdos olvidados.
Al adentrarse Abigail en este lugar se descubrió rodeada de arena, cielo y mar. Una costa que a simple vista por lo menos parece infinita. Una silueta no muy lejana se halla sentada sobre la arena y es allí donde dirigió sus pasos, hasta llegar a él y dejarse caer a su vera, alzando las rodillas y observando sus facciones, reconociendo la mirada de ave rapaz.
- Niall… -Hago una pausa hasta estar segura de que me presta atención.- ¿Por qué sigues aquí? - El muchacho ladeó el rostro lentamente, con el rostro inexpresivo y la mirada dura, alzando la vista hasta los ojos de la mujer, a quién por supuesto, a esa edad no conocía de nada, pero igualmente no le sorprendió que conociera su nombre.
- ¿Por qué debería contestarte? -Cuestionó, desviando la mirada de nuevo a las aguas calmadas del mar, frente a ellos.
- ¿Por qué no? - Estrechó los párpados ligeramente, sin apartar sus pupilas de las suyas hasta que las desvía al mar.
- ¿Quién eres en realidad? -Vuelve a preguntar, observando las olas como crecían en el agua, mostraban su instantánea fiereza al mundo para concluir, inevitablemente, muriendo en la orilla- ¿Eres alguien importante para mi como para que deba responderte? -Otra pregunta siguió a la primera, desviando nuevamente la mirada hacia los ojos esmeralda de la mujer que ilógicamente, se le antojaban conocidos.- ¿Te crees un ángel o algo así o qué? -Cuestionó por última vez, con la mayor de las borderías y arrogancias de la que era portador a esa edad cuando murió su padre y se quedó absolutamente solo. Abigail alzó la ceja y expulso el aire por la nariz, intentando ser paciente y mantener un tono 'educado', recordando porqué estaba allí.
- Solo tú puedes responder a eso. Lo que yo puedo decirte es que tú sí eres importante para mí. Por eso he venido. -Mantuvo la postura e hizo caso omiso a su último comentario.
- ¿Venir de donde? No existe nada más aparte de esto -Contestó con completo convencimiento y soberbia en la voz. Ya había caminado bastante tiempo por aquellas arenas y no tenían ni comienzo ni fin.
- Si tan convencido estás, ¿De dónde crees que vengo? Porque precisamente un ángel caído del cielo no soy… -Ahora sí aprovechó su vacilación anterior.- Puedes salir de aquí y volver conmigo, o quedarte ahí sentado mirando a la nada. -Se irguió en pie sacudiéndose la arena con una mano.- Tú decides, si te conformas con esto o no.
- No... cara de ángel no tienes precisamente -Hizo una mueca ante la rudeza de la mujer, le recordaba ligeramente a alguien pero no ubicaba a quién, de todas formas, no se había encontrado con nadie en aquel sitio y tampoco recordaba cuanto tiempo había pasado en ese lugar, por lo que su teoría no era tan descabellada.- No soy conformista -Replicó levantándose de la arena y poniéndose en pie. Siguiendo a la mujer.- Pero tampoco voy a irme sin más sin ganar nada a cambio. ¿Cómo se que no me estás engañando? -La escrutó con la mirada, concienzudamente, en busca de algún atisbo que le hiciera desconfiar.
- No puedes saberlo hasta que no te arriesgues. - Sonrió igual de altanera, alzando el mentón levemente y dando varios pasos hasta la orilla, dónde las olas vienen a morir a mis pies, perdiéndose en la fina arena.- A mí me parece que salir de de aquí ya es ganar algo. -Retrocedo y avanzo algunos pasos según el mar, sin dejar que el agua llegue a rozarme.
Se quedó a unos metros de la mujer, quieto e igualmente inexpresivo. En verdad lo único que quería era salir de aquel sitio, pero su orgullo y narcisismo se lo impedía en sobremanera, además de que la plena desconfianza que tenía en la mujer, inexplicablemente, estaba siendo mermada por momentos. Nada le ataba a ningún sitio, no tenía nada que perder así que solo le tocaba ganar. En silencio, reanudó sus pasos hacia ella, con intenciones de seguirla. Ella le miró de reojo convirtiendo la sonrisa altiva de antes en una de victoria, por lo menos se ha levantado. Durante un momento, en lo que él la alcanza, hizo visera con una mano para contemplar el horizonte e idear una forma de salir. Puesto que estaban en un lugar ideado por la mente, cualquier es posible.
- Te mostraré el camino si de verdad quieres dejar esto atrás. -Le extendió una mano mientras se internó un par de pasos en el agua, que lamía sus tobillos.
Miró su mano y luego a ella, sucesiva y paulatinamente. Mientras el agua insistía en tentarle a que avanzara con su tibia agua en suaves caricias en sus pies. Terminó de acortar distancias, confuso de repente y abrumado por la confianza que estaba creciendo en él, pero extrañamente conocedor de la susodicha. Alcanzó su mano y la estrechó con la suya de forma decisiva, como siempre actuaba.
“Vayámonos”
Sujetó su mano fuertemente, sonriendo sincera con el gesto y tirando de él hacia el mar. Con cada paso que daban, unas rocas de forma peculiar se forman bajo sus pies, surgiendo así el sendero sobre las azules aguas. Un camino bien conocido y que justamente le enseñó él una vez. La Calzada de los Gigantes.
La sensación, textura y caricias de la más que conocida Calzada de los Gigantes desapareció por completo, al igual que la suave brisa que les golpeaba el rostro, para ser sustituidos por la efímera caricia de unas sábanas rodeándole y protegiéndole del frío Irlandés, aunque la vivienda estuviera perfectamente caldeada. Con bastante esfuerzo y como si llevara durmiendo bastante tiempo, abrió los ojos con lentitud, parpadeando un par de veces para acostumbrarse a la luz y de paso, ubicarse donde se encontraba, lo cual no tardó ni unos pocos segundos.
- Dormilon…
- Vaya… será mi culpa.- Volvió a parpadear apoyando las manos sobre el mullido colchón, incorporándose y sintiendo como los músculos de estar tantos días quieto los tenía entumecidos, luego concluyó con un bostezo, mirándola después.
- … - Abrió la boca articulando la vocal 'O' pero sin llegar a emitir sonido alguno, aspirando una bocanada de aire antes de morderse el labio y sonreír ya sin poder evitarlo.- Mía seguro que no... – Niall automáticamente miró su antebrazo, percatándose de que no había absolutamente nada, ni huella alguna, ni rastro de las heridas recibidas, y mucho menos del veneno que portaban. Hizo lo mismo en el cuello y sacó ambos pies de la cama dispuesto a levantarse y cerciorarlo, una vez lo hizo, sonrió ampliamente.
- Eres un genio…
- ¿Yo? Si no he hecho nada ¿Como te encuentras? -Cuestionó, pues aunque parezca el de siempre, las apariencias a veces engañan.
- No hay malestar… tengo las fuerzas de nuevo en su sitio, puedo ver perfectamente. Yo diría que si, estoy bien. -Concluyó cruzándose de brazos y ladeando levemente el rostro- Tu encontraste este remedio, Abigail.
- Bueno, una ducha no te haría mal pero, sí, te ves bastante bien. –Arrugó la nariz levemente, sonriendo con cierta picardía.- Bah, -Hizo un ademán con la mano para restarle hierro al asunto.- Técnicamente no había remedio, y seguro que habrías dado con la solución tú solito así que...
- ¿Una ducha? - Alzó una ceja mirándose a si mismo, llevaba unos cuantos días con la misma ropa así que si, sería recomendable por su propia higiene- Pero no te escapes -Murmuró casi en un susurro, lanzando una mirada altanera antes de irse directo al baño, dispuesto a ducharse, y de paso, perfilarse la barba que tenía.
- ¿O qué…? -Alzó una ceja ella también al preguntar, aunque sin esperar respuesta. Aprovechando que está en la ducha se hizo con el regalo, que tenía bajo la cama, para entregárselo cuando salga. Se sentó a los pies de la susodicha con el presente en el regazo y las piernas cruzadas, aguardando.
No tardó más de veinte minutos en salir, recién duchado y vestido ya con ropa limpia, oliendo a colonia como dios mandaba y la barba habiendo desaparecido, dejando solo una perilla perfectamente perfilada. Al salir se la encontró en la cama sentada, con un paquete sobre las piernas.
- ¿Y eso? -Preguntó, acercándose y sentándose a su lado. Abigail después de verle durante varios días seguidos ahí tumbado y con mal aspecto, ahora casi le corta la respiración.
- Es que mientras dormías has tenido visita. Un señor mayor, regordete, con un traje bastante hortera, ya sabes… -Jugueteó con la caja entre las manos mientras bromeaba, antes de entregárselo.- Te aviso que es una tontería típica navideña… pero es lo que tiene no poder irme de tiendas. -Finalizó aludiendo a que su cara debía seguir en los carteles de 'se busca'. Se mordió el interior el del labio inferior esperando a que lo desenvolviera.
- ¿Ah si? Y yo durmiendo fíjate... -Bromeó, guiñándole uno de los ojos y desenvolviendo el regalo después, rasgando el papel envuelto sin pudor alguno. Desvelando el interior y viendo que era una esfera de cristal con nieve en el interior, y un envuelto sin pudor alguno. Desvelando el interior y viendo que era una esfera de cristal con nieve en el interior, y un borrar la sonrisa ladeada que se le había dibujado- Pues mira tu, me encanta -Ladeó el rostro para mirarla a los ojos.
- Ña… tampoco es para tanto. Quédate con la intención… -Desvió la atención a la esfera de cristal que contiene el recuerdo, mirando el movimiento de la nieve.
- Lo que me recuerda... -Se levantó, dejando el regalo en la mesa de noche, donde se quedaría allí a partir de ahora y abrió un cajón, del que sacó un pequeño paquete envuelto en papel violeta y un lazo blanco, extendiéndoselo- Que para ti también dejó algo ese hombre del que me has hablado. -Le tendió el regalo, en el interior de este aguardaba a ser descubierto un cordón entrelazado de cuero negro, fino, que sostenía como colgante un anillo de plata, con un halcón y un fénix tallados a pleno vuelo, y en la parte interna del susodicho, una frase grabada. "La vita non è solo respirare".
- ¿Ah sí? -Levantó ambas cejas de la sorpresa, puesto que no esperaba recibir nada, y tampoco le hacía falta más que el hecho de que despertara.- ¿Te lo ha dado en sueños o qué? -Bromeó mientras desanudó el lazo de la cajita y luego desgarró con cuidado el papel que lo envuelve, rompiendo lo mínimo, para desvelar el contenido. Dejando la caja sobre el edredón y palpando el colgante con la yema de los dedos, con delicadeza, fijando la vista en el grabado.- A mi sí que me encanta, mira tú por dónde… -Se retiró la melena a un lado, despejando la nuca de cabello.- ¿Me lo abrochas?
- Así compenso la "desaparición" del anterior... - Le apartó el pelo y sostuvo el colgante por ambos broches, cerrándolo tras su nuca y aprovechando la situación para dejar un efímero beso sobre su piel.
- Pero… si te lo devolví… ¿No? - Un pequeño estremecimiento le recorre con la fugaz caricia de sus labios mientras intentó rememorar qué hizo con el otro colgante.
- Si, pero... -Guardó silencio unos segundos, pensativo en como decirlo, pero al final decidió adornarlo un poco- Lo extravié pero prefiero que lleves este, te pega bastante más que el anterior.
- Ahm. -Puso cara de circunstancia y bajó la vista al colgante, ahora sobre su pecho, dónde lo re-colocó en el centro.- No tenías porqué regalarme nada, pero igualmente gracias. -Volvió los ojos a los suyos, dónde se perdió una vez más y sin querer.
- Lo mismo digo -Contestó mirando al suyo, que reposaba en la mesa de noche y luego a ella- Pero me ha encantado. Gracias. -Agradeció una vez más, algo que él no estaba acostumbrado a hacer nunca. Finalmente solo prestó atención a sus ojos verdes, dibujándosele de nuevo una amplia y ladeada sonrisa- Y por estar aquí.
- Bueno, eeehm… en teoría creo recordar que me invitaste tú a pasar contigo las Navidades, ¿No? Así que… no me las des por eso. Aunque si llego a saber que te las ibas a pasar durmiendo, no sé yo… -Varió la postura, todavía a los pies de la cama.
- Hmm... te debo varios buenos días y buenas noches entonces... ¿No? que desconsiderado por mi parte -Murmuró mientras se acercaba a su rostro y ladeando el propio, entreabriendo levemente los labios hasta hacerse con los de ella en un beso intenso.
- Ajá… -Asintió bajando las pupilas hacia los apetecibles labios ajenos, hasta que se encuentran con los suyos durante un momento, en el que cerró los párpados.- Y con intereses por la demora. -Enunció al cesar el baile de los labios.
- ¿Y a que esperas para cobrarlos? -Incitó con rebeldía, alzando ambas cejas en señal altanera, apoyando la mano en el colchón.
- A mi no me corre prisa, cuánto más pasa, más interés se suma a mi favor...
- Pse...yo que pensaba saldar mi deuda hoy... pero veo que a la parte interesada no la veo muy receptiva yo... -Musitó con afán de provocarla o chincharla un poco si cabe, echando el rostro un tanto hacia atrás, haciendo un amago de alejarse.
- No sé si te daría tiempo a saldarla toda hoy, tienes una acumulación bastante importante. -Movió un pie en el aire, fingiendo cierto desinterés. Entrando en el juego, se reclinó hacia atrás, apoyando las manos atrás, sobre el edredón.
- ¿Y quién dice que fuera a saldarla toda hoy? -Al ver que se aleja, se lo piensa mejor y se acerca bastante a ella nuevamente, sintiendo su aroma y dejándose embriagar por él.
- Si dices 'saldar mi deuda hoy' -Remarcó sus palabras.- Se entiende que es toda. Pero bueno, puedes pagar a plazos. -Acercó su rostro al suyo casi hasta rozar sus labios, para tentar.- Más intereses sumarás.
- Creo que me gusta más a plazos... -Inquirió, cayendo en su tentación y acercando su rostro al de ella, mordiéndole el labio.
- Trato hecho. -Perfiló una sonrisa satisfecha antes de 'sellar el trato' atrapando sus labios entre los suyos.
Sonrió sobre sus labios, entreabriéndolos al son de los suyos en un afianzado e intenso beso, inclinándose algo más. La mano viajó libremente de su mejilla hasta su cuello, y de ahí al hombro hasta la cadera, concluyendo de momento su trayecto, recorriéndolo en una caricia lenta mientras sin embargo sus labios ansiaban más de ella, dejándose arrastrar, caer en la tentación y perdición que para él era.
Irrefrenables necesidades, deseos, ansias de más, susurros y caricias por cada centímetro de sus pieles fueron saciadas y menguadas aquella noche, siendo afines el uno al otro otra vez más, demostrándolo todo sin la necesidad de decir nada.
Se embriagó de su mirada. Ese universo esmeralda que le hacía perder la cordura en incontables ocasiones y que a la vez le parecía aún un mundo por descubrir. Un país en donde podía ser él mismo sin temor a nada ni nadie. Dejó una caricia en la mejilla de ella, perfilando los labios con el pulgar para después dejar un efímero beso con la máxima ternura de la que estaba capacitado a otorgar. Luego se quitó de encima y se tumbó a su lado sobre el colchón, envolviéndose en sábanas. Unos brazos rodearon su cintura, haciendo que ella correspondiera al gesto, cerrando sus párpados y dejándose guiar hasta los mundos de Morfeo hasta que se quedase completamente dormida.
“Buenas noches… mi halcón.”
(Rol realizado junto a @Aby_Hunter_HP el día 27 de Diciembre del 2013)
(Los primeros párrafos han sido extraidos del twitlonguer de @Aby_Hunter_HP http://www.twitlonger.com/show/n_1rv5ug0 )
All I can crave, is to see you wake up every day.