( @losavntos ) TASK 01 : alderich hastings
post original. “ 𝑙𝑒𝑎𝑙𝑡𝑎𝑑 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛𝑎 𝑐𝑎𝑑𝑒𝑛𝑎, 𝑠𝑖𝑛𝑜 𝑢𝑛 𝑙𝑎𝑧𝑜 𝑑𝑒 𝑡𝑖𝑛𝑡𝑎 𝑦 𝑠𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 ”
en su ingreso sintió como el corazón podría salirse de su pecho, su garganta de pronto se contrajo y sus manos son mares. no esperó verlo a él, en su imaginario siempre estuvo savar, su antiguo profesor de filosofía con quién había creado más bien un trato de cordialidad a lo largo de los años, o maude, su psicóloga en su periodo estudiantil, dueña de todas sus inseguridad y también verdugo, puesto a que su sugerencia la llevó a aceptar invitación a círculo ateniense creyendo que allí encontraría lo que a autoestima le hacía falta, una separación de propios padres también. puras fantasías de las que se arrepintió con los años.
con aldrich hastings no tenía nada que ver… ( bueno, casi nada ). a decir verdad, era de quién más solía apartarse en pomona y esa actitud desplegada por él en la oficina apenas era una de las razones más chicas.
tragó saliva mientras se encaminó hacía el asiento frente al escritorio, el cigarro fue aceptado entonces él procedió a encenderlo y a mia le pareció que su realidad se ralentizó. nada pesó más, sin embargo, que las palabras siguientes, era una oración que había escuchado previamente… solo que no de sus labios, no con su voz, y por lo tanto, sucedió el asco, el repudio. tuvo que ver en otra dirección, llevarse también la colilla hacía sus labios, como si la abstinencia le estuviera dominando cada impulso.
‘ sereira tennant, ‘ pronunció una vez que discurso tuvo fin y logró su efecto : calarse en ideas, teñirlas de temor. ‘ estoy segura que habló sobre tus maravillosas ideas para las iniciaciones ’ mia lo observó volver a dar otra calada, asintió insatisfecho con su mirada todavía puesta sobre ella. no se conformaría con eso. ‘ dylan copeland, llegó enojada a la entrevista, dijo que contaría lo que alfred le contó… no sé qué sea eso ’ continúo, sus ojos volvieron a buscar los de alderich con una súplica escondida en ellos, ¿se estaba acabando el tiempo y explosivos debajo de su silla estallarían en cuestión de segundos? ‘ seth harbolt no creo que haya dicho nada, se lo veía bien, tranquilo ‘ está otra vez estuvo a la expectativa de quién podría ser depredador, lo observó levantarse de su silla, rodear su escritorio y apoyarse en el mismo, forzando a mia a estirar su cuello para poder verlo, colocándola justo dónde debía estar, por debajo, por debajo de todos ellos.
“ ¿y tú, kaplan? ¿qué dijiste? ” la interrogante fue entregada con una mirada inquisitiva, tan filosa que se halló deseando fusionarse con el mueble que la sostenía, desaparecer ahí mismo.
‘ nada ’ volvió a dar otra calada, su mirada descendió hacía las botas gastadas que compró hace años, no se percató cuando la rodilla comenzó a moverse rítmicamente. escuchó su nombre, no obstante, fue palabra que la hizo responder como un canino, elevando sus cafés, expectantes, desesperada por leer lo que él quería decirle y lo comprendió con rapidez. otra vez, nada de lo que salió de sus labios lo sació.
‘ vera estaba insoportable, no dejaba de insistir, ni de decirme cosas extrañas para que yo suelte la lengua, estaba segura que sabía cosas, por un momento creí que se metió algo o no sé ’ comenzó la verborragia que sus nervios gestaron, ansiedad por que el encuentro termine provocó que sus palabras se choquen unas con las otras. ‘ ¿sabes que me dijo, alderich? ’ aguardó respuesta del mayor, pero él solo fumó otra vez de su cigarro, dando lugar a mia para que prosiga de tal forma. ‘ que fuiste tú quién le metió la idea a alfred que se acercara a mi, lo de los mensajes ’
“ vera quinn nunca fue la estudiante más imaginativa ” soltó en respuesta rica en indiferencia, como si nada, regresando a su asiento del otro lado del buró. por fín acabó su cigarrillo y dejó de tirar las cenizas por ahí. continuamente, se dignó a usar cenicero.
‘ no sé cómo era, la conocí en la entrevista ’ respondió furtiva elevando sus cejas impertinentemente, olvidándose por un momento del puro entre anular e índice. le sostuvo la mirada gracias a valentía que no supo de dónde sacó, sin embargo, al hacerlo creyó que ya estaba comenzando a picar su paciencia, a agotarla y pese a no saber cómo interpretar aquello, esperanza apareció en su pecho, propagándose como virus, haciendo más duro el golpe de realidad que siguió en cuanto el profesor recuperó la palabra.
“ el favor que te hice esa vez fue algo de una sola vez. no se repetirá. no te confundas, kaplan. ” la advertencia la dejó helada, le robó el aire. “ te pregunté qué le dijiste y espero que empiezes a responderme pronto ”
respiró profundo, exhaló de forma entrecortada, su atención todavía yació sobre él y la nula posibilidad de escapar de la habitación. en consecuencia, su pausa se prolongó más de la cuenta, aunque antes necesitó dar una nueva calada, la última, a ese cigarro falsamente obsequiado. ‘ rumores ’ respondió. ‘ nada de lo que ella no estuviese enterada, también mentí ’ su pecho resultó de plomo, la estaba matando. mordisqueó su labio, en eso que silencio se hizo tajante, desesperada por esparcir la presión en ambiente, se estiró para dejar sobre el cenicero de él la colilla, mas pecó de estúpida al hacerlo, hastings era un artista en estas cosas y cercanía espontanea fue perfecta para doblegar a mia.
tomó su muñeca con una suavidad tétrica, impidiendo que regrese a su asiento, obligando a su mirada a colocarse solamente en él. “ ¿qué rumores? ”
mia observó el agarre y luego al profesor, su corazón dio un vuelco. ‘ los de tus amoríos extramatrimoniales ’ su respiración se hizo presente, en cualquier momento el techo se le caería encima.
“ ¿le añadiste nombres a esos rumores? ” sus dedos apretando la muñeca de mia ejercieron un poco de fuerza.
‘ no ’ replicó furtiva, tragando saliva después.
‘ sí ’ y la réplica por momento le brinda la sensación a mia de que ha logrado convencerlo porque deshace cualquier tipo de conexión, la suelta, consiguiendo el regreso a su asiento. poco después, comenzó a jugar con collares, canalizando allí sus ansías de vomitar.
“ ¿y las mentiras? ” retomó posteriormente, sacando de la cajetilla que tenía tirada en sobre la mesa otro puro. esta vez no le ofreció ninguno, tan solo encendió el suyo y se acomodó sobre el respaldo de su asiento, entonces hastings fue el rey de la selva y acababa de disfrutar un banquete.
‘ no — no, ’ titubeó ‘ no lo recuerdo, fueron idioteces, nada que te perjudique… ni a ti, ni a alfred, ni a nadie ’ aseguró, porque eso debía hacer, ¿verdad? demostrar lealtad vulgarmente, besar zapatos, alabar a quienes hoy por hoy prefería olvidar o pretender que existencia fuese un cuento de terror.
“ será mejor que empieces a recordar, ” habló otra vez, ahora tamborileando sus dedos contra el roble, haciendo que cada golpecito la arrastre hacía esa zozobra que la estaba devorando. “ eso es todo. mia gizem kaplan, puedes irte ” no esperó ni siquiera el saludo, tan solo se puso de pie casi de un salto, temerosa a arriesgarse a un cambio de idea.
no obstante, apenas su mano tomó el picaporte, como si hubiera sido dulcemente premeditado, él irrumpió su accionar con más sonidos : “ por cierto, ¿cómo está tu madre? ”
la de hebras cobrizas lo observó de soslayo, ¿era en serio? pero qué puto infeliz.