QIEA| 02. Sirena Azul.
“Esa es la peor idea del mundo.”
“Um no, es la mejor porque la tuve yo.” Beatriz le sonrió asomando la cara desde dentro del guardarropa de su prima. “Estas muy estresada.”
“Obvio, porque tengo que explicarle a mi papá que el tarado de Juan Pablo me dejó.” dijo con un puchero.
“Sabes que estás haciendo una tormenta en un vaso de agua no?” la morena la miró con un par de vestidos en cada mano “Literal solo puedes decirle que lo dejaste tu a el.”
“Tu crees que eso es lo que me importa? La humillación de que dejara? Claro que no, eso es secundario! Yo solo quiero casarme para que mi papá me de mi herencia y pueda largarme de aquí.”
A diferencia de lo que todo el mundo cree, las niñas ricas a veces no son tan libres, Valeria pensó con pesadez. Si en efecto, su padre le daba todo lo que ella podia pedir y mas, mientras estuviera a su lado, pero la joven estaba harta.
Había crecido en aquel palacio en total cautiverio con la única compañía de sus nanas, cocineras y choferes, siempre viendo la vida pasar desde el cristal del auto. Claro, cuando Beatriz visitaba siempre salían, pero no era lo mismo, aunque tenia que agradecer a su prima por las pocas aventuras que había tenido.
Jesus Cabrales era un hombre frio, incapaz de demostrar sentimiento alguno, siempre con una mueca seria y le había dejado algo en claro a su hija, tenia que continuar la linea familiar con alguien que estuviera a la altura de llevarla como lo había hecho el con su madre.
Valeria solo conocía a su madre de fotografias, era muy parecida a ella todo el mundo lo decía y ella no podía evitar preguntarse porque su madre le había heredado aquel martirio.
La carta testamento de Maria Eugenia Beltrán leía claramente, Valeria recibiría su herencia una vez que se haya casado y con los criterios de su padre aquello seria imposible.
“Cariño, alegrate!” Beatriz se apresuro a decirle poniendo las prendas sobre la cama donde su prima la miraba aun en pijamas “Hazme caso, esta noche salimos y nos olvidamos de este problema, ya pensaremos en algo mañana.”
“Y a donde vamos a ir? A Bandalai? Paso, seguro ahí va a estar Juan Pablo con su amigos como siempre.” Valeria dijo con una mueca.
“Y tu crees que eso yo no lo sé? Obviamente no iremos ahí.”
“Ah no? Y que otro buen antro tiene Sevilla?”
“Quien dijo que saldremos en Sevilla?” Beatriz termino con una sonrisa.
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“Sabes que esta noche me siento con suerte.”
Iker rodó los ojos habia escuchado a su mejor amigo hablar y hablar mientras el terminaba el corte de caja, el restaurante estaba por fin vacio y si no fuera por la cervezas que Gonzalo había robado del refrigerador probablemente estaría harto y quisiera irse a casa.
“Suerte? Suerte de que seas tan feo y nadie quiera liarse contigo.” Iker se burlo “Dijimos dos cevezas y un partido de fut, Gonzalo. Nada de ligar.”
“Lo que tienes tu es envidia de que yo siempre salgo del bar con una chica.”
“Tienes tu idea de las chicas que yo podria tener? Pero no me da la gana.” dijo guardando lentamente las cosas de su escritorio.
“Si como no, eso es algo que dicen los feos para no verse mal.”
“Te digo, hagamos algo.” Iker comenzo sin dejar que su subconsiente le aclarara que aquello era el cansacio y la cerveza hablando “Vamos a ir al bar y el primero que ligue gana, el otro paga todo.”
“Todo?”
“Todo, incluyendo lo que tome la chica con la que me voy a ir, porque te voy a ganar quiero que sepas.” el español continuo tomando su chaqueta del perchero mientras jugaba con las llaves del restaurante.
“Por favor! Que empiece el juego entonces.”
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Las manos entrelazadas del par de primas caminando por la acera y el sonido de sus zapatillas de diseñador sobre el pavimento lograban voltear a cualquiera en aquella concurrida calle de Málaga.
Esa tarde cuando su prima le habia propuesto viajas dos horas a Málaga unica y sencillamente para salir de fiesta sin encontrarse a nadie conocido Valeria le habia dicho que estaba loca, sin embargo la brisa del mar ahora le decía que no había sido tan mala idea, claro todo hasta que Beatriz paro frente a aquel establecimiento.
“Porque paras? Sala Gold esta a dos cuadras.” Valeria le dijo con naturalidad.
“No vamos a Sala Gold, no dijiste que no querias ver a nadie conocido?”
“Betty estamos en otra ciudad.”
“Por favor, como si la gente que conocemos no pudiera salir de Sevilla, bola de niños ricos, si de verdad no quieres encontrarte a nadie entonces tienes que cambiar de escena.” la morena dijo apuntando al lugar frente a ellas.
Valeria miró hacia enfrente, las paredes manchadas y el letrero de neon que parpadeaba con aquel titulo. Sirena Azul, leía el anuncio junto con una pintura de aquella mujer mítica carcomida por el oxido del mar.
“Esto es un billar.” Valeria dijo con una ceja enarcada viendo a su prima. “Me trajiste a un billar.”
“Va a ser divertido.”
“No se que tiene de divertido un billar, alguna vez me viste jugar billar? Te parece que me voy a divertir?” pregunto sacrastica. “Vamos a Sala Gold te lo pido.” continuo jalandola del brazo.
“No! Vamos a entrar y nos vamos a tomar una cerveza y vamos a olvidarnos que mañana tenemos que volver a la realidad.”
Valeria le sonrió. Tenia que aceptar que la idea de Beatriz de fingir por un momento que no eran la crema y nata del país le gustó, por una noche comportarse como cualquier chica de provincia le pareció tan relajante. Aun cuando aquel vestido que llevaba no era apropiado para un lugar como el Sirena Azul.
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“GOOOOOOOOOOOOOOOOOL!”
El canto molesto del argentino logro que Iker hiciera una mueca intolerante. Cuatro cervezas despues de las dos del restaurante definitivamente no era como mejor se desenvolvía en un partido de futbolito. Pero el español no pudo evitar sonreir al ver a su mejor amigo festejar junto a sus compañeros de la cocina de La Corriente.
“Bueno, dale, uno a cero, tampoco es que haz ganado.”
“Todavía no pero estoy seguro que te voy a ganar, en esto, y en lo otro tambien…” Gonzalo le guiñó un ojo a su amigo esperando las normales preguntas de sus compañeros.
“Que otro? Que traman?” la voz de Kike un mesero del restaurant fue la que logró escucharse entre la bulla del staff.
“Nada, nada, un inocente juego entre amigos.” Gonzalo suspiró antes de mirar a Iker y comenzar a explicar la apuesta entre el contador y el.
Pero el argentino no logró emitir sonido alguno cuando al girarse hacia sus amigos de trabajo un par de ojos marrones fueron lo unico que pudo ver directamente en la puerta del bar.











