Underneath a thousand stars
Después de todo, los trolls habían resultado ser mucho más útiles de lo que a Bill le hubiera gustado tener que admitir en voz alta. Al principio pensó que Dipper sólo los haría perder el tiempo guiándolo hasta ese lugar, pero ahora su brazo se encontraba vendado completamente, e incluso habían logrado tener una comida más decente que las anteriores. Habían decido que pasarían ahí el resto del día, y saldrían muy temprano en la mañana directo al refugio del siguiente dragón.
Por primera vez desde que habían salido, Bill había tenido la oportunidad de hacer un campamento como era debido: con tienda, y no solo una incómoda bolsa de dormir, o un hongo como cama. Al parecer la hospitalidad de los trolls tenía un límite, o simplemente no contaban con un sitio para ellos, pero les habían permitido dormir en sus terrenos por hoy. Daba igual. Ahora se sentía cómodo, casi tranquilo, sentado sobre el pasto frente a la tienda y dedicándose a limpiar su escopeta.
No tenía ni la más mínima idea de donde se encontraba Pine Tree, pero dudaba que pudiera estar muy lejos. Levantó su mirada hacia el cielo estrellado, y sonrió sin darse cuenta al ver la misma marca que el centauro tenía en el frente. La Osa Mayor. Siguió limpiando distraídamente, pensando que había descargado el arma por completo, pero al parecer había dejado una bala.
¡BOOM! El sonido del disparo accidental lo hizo sobresaltarse y soltar una exclamación en voz alta. Maldita sea. Eso podría haberle destrozado la mano.