CLOSED STARTER / @drgleekvessalius
“Hey, Jaroth… ¿Puedes oírme?”

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CLOSED STARTER / @drgleekvessalius
“Hey, Jaroth… ¿Puedes oírme?”
Cross roads.
Jaroth
Una hamburguesa, patatas, una Pepsi… ¿Qué podía haber de extraño en que un muchacho se sentara en uno de los tantos asientos de aquel sitio de comida rápida a disfrutar de algo tan cotidiano? En la mayoría seguramente existiría una respuesta para eso: NADA. No obstante, cuando se trataba de una agencia con fines de exterminación y experimentos jugando a cazadora las cosas daban un giro abismal. Aquello Alec lo sabía, por ello cuidaba de sus pasos y los riesgos que día a día debía enfrentar poniendo en jaque su existencia y la de otros tantos con habilidades que confiaban en él. Regresar a los laboratorios para volverse el ex Agente de la IPCA y posterior juguete de análisis estaba lejos de sus planes. Sabía de antemano que esa ni siquiera era una opción, pero necesitaba un momento de normalidad, uno donde no tener que escapar o luchar, ni tampoco mirar por encima de su hombro cada dos segundos.
¿Qué podría salir mal?
¿Qué tanto arriesgaría en cinco minutos?
Se había llevado una patata a la boca en tanto divagaba con la mirada tras acomodarse lo más ocasionalmente posible en una esquina lejos de las mamparas, dándole vueltas a temas que eran incapaces de abandonar de su cabeza o de los recuerdos que ahora se agolpaban. Era tan extraño aparentar de una vida casual cuando un cúmulo de riesgos solía susurrarle al oído, cuando lo gris sobrepasaba al color carente de lo que era. Se sintió culpable por no haber invitado de Rux, que vamos, no era el único con esos anhelos, pero requería llevar de aquello en soledad. Pensar un instante fuera de todo.
La risa de un niño bastante estridente le invitó a elevar la mirada, notándole encogerse en su silla todo feliz de la vida cuando una mujer, su madre seguramente, le despeinaba mechones de un castaño cabello con oscilaciones encantadoras. Poco le faltó para contagiarse de la risa infantil, claro… Uno que nunca llegó. ¿Dicen que el destino no tarda en mover sus piezas? Allí pareció una ironía. Y ahí estaban; no necesitaba observar demasiado para reconocerlos cuando hallara de un par de sujetos en la entrada mirando hacia su dirección. Había algo en sus modos de actuar, en las miradas o inclusive en ese andar que les diferenciaba de los civiles.
—Demonios.
Mascullo posando las manos en la base de la mesa, suspirando en reproche. Aparentemente la breve cena había llegado a su fin, y como si aquello no fuese suficiente, lo era en un sitio completo de inocentes.