Cerro Colorado, tierra que invita a viajar en el tiempo…
Cuando piso este suelo, el aire puro y el fraternal abrazo del campo me recibe insoslayable… En este lugar, es inevitable imaginar y conectar con esas tímidas sierras y arroyos que miles de años atrás fueron habitados por nuestros charrúas. En esta región, los colonizadores comenzaron a integrarse y crearon lo que hoy me gusta llamar una “infinita y particular multietnia”.
Todo en este mundo tiene su razón de ser. Este pueblo lleva el nombre de Cerro Colorado, como la estación de trenes que instalaron los ingleses en 1891, porque muy cerca de allí hay un cerro, que en determinada época del año, se cubre de un yuyo rojizo que lo transforma en un cerro colorado.
Durante algún tiempo ostentó 2 nombres. De un lado de la vía se llamó Alejandro Gallinal y del otro Cerro Colorado. Luego vino el decreto que lo ascendió a la categoría de “Pueblo” y el nombre oficial de Alejandro Gallinal. Resultó ser que la gente que allí nace es porfiada como bigote de gato, como si el espíritu Charrúa siguiera manifestándose y no hay decreto que valga. Ellos viven en Cerro Colorado y se acabó.
Con el tiempo, y casi de forma imperceptible, la zona se fue poblando. En un principio por las familias que trabajaban en estancias cercanas. Poco a poco las casas fueron integrándose a la geografía. Ya en 1930 todas eran de paja y de terrón. Muchas de ellas construidas con piso de tierra, paredes de barro, cañas tacuaras y techo de paja.
En 1943, el Doctor Alejandro Gallinal, médico, estanciero y político uruguayo, ex propietario del actual Hotel de Campo San Pedro de Timote (uno de los cascos de estancia más antiguos e importantes del Uruguay); fue quien vendió terrenos muy baratos para que las familias, “a según su entender”, se asentaran y construyeran casas “más confortables”.
Este hombre adinerado, casado con Elena Heber Jackson (1886), considerada, al momento de su matrimonio, como propietaria de la mayor fortuna rural de este país fue quien colaboró con la construcción de casi todos los Servicios Públicos para el Pueblo.
En 1919 se inauguró la Iglesia, en 1950 se construyó el cementerio y en 1951 el local de la Comisaría. Otra obra vital para sus habitantes fue la construcción del tanque de agua en 1953, hoy tanque de OSE que posee un pintoresco mirador a través del cual se puede apreciar toda la belleza del lugar. Al pie del mismo, se alza un bonito y humilde Teatro de Verano, el Victor Damiani, que cuenta con un canal de agua fundamental para crear una buena acústica. Este teatro de verano es motivo de reunión, principalmente en las fiestas de fin de año de la escuela y el liceo y en verano con el carnaval. En 1968 los faroles y velas que hasta entonces alumbraban los caminos y hogares del pueblo fueron reemplazados por la luz eléctrica.
En 1961 se inauguró lo que hoy la gente considera lo más importante, atractivo y pintoresco de Cerro Colorado: “El Carrillón”. Único hasta entonces en Uruguay y América, hoy tan olvidado y entregado a las desgastadoras manos del tiempo. Tuve la posibilidad de tocar, sentir e imaginar lo que debe haber sido para su gente el sonido y la melodía de esas 13 campanas. En uno de los encuentros con los escolares, le pregunté a l@s niñ@s ¿qué sentían o creían que era lo más importante para Cerro Colorado? Una niña levantó la mano y me dijo: “El Carrillón”.
La historia de los pueblos se construye con los pueblos, emerge de los paisajes sonoros de la tierra y palpita desde la cotidianidad humana. En cada presente se forja la senda de cada ser, dándonos un sentido de pertenencia y un fundamento de vida.
Los sueños, los proyectos y la cultura nacen y se reconstruyen desde la memoria colectiva. Este pueblo nació y creció en años mozos, cuando la actividad estanciera y agropecuaria tenía un intenso movimiento. Hoy la plantación de soja (transgénica), que arruina nuestro suelo, más el reemplazo de la mano del hombre por la máquina, han dejado atrás valiosos momentos. Contribuyeron a empobrecer, deprimir y resquebrajar la identidad de nuestros pueblos. Cerro Colorado es uno de ellos. Llegaron a vivir aquí 6000 habitantes, hoy sólo quedan 1200 intentando sobrevivir a la falta de trabajo y oportunidades.
Las vías del tren de carga aún lo atraviesan y su sonido histórico todavía forma parte del presente; instante de la que soy testigo desde lo más alto del Carrillón.
Cuánta riqueza interior, fortaleza y sensibilidad tienen estas mujeres, hombres, niños y jóvenes que encontré en tierras coloradas.
La palabra GRACIAS me queda chica, no es suficiente para reflejar el profundo momento que compartimos, recordando, recapitulando, reconstruyendo nuestro acervo a través de la historia, la poesía, y la música.
Nuestra memoria colectiva que, a veces un poco dormida o anestesiada, asoma tímidamente y es tan necesaria para que el pasado resurja como el Ave Fénix y nos inyecte ánimo y entusiasmo. Reconectar con él, nos hace tomar conciencia de toda su riqueza, sus cimientos y del porqué de su estampa. Nos fortalece impulsándonos hacia un mejor presente, que indudablemente se transformará en un mejor futuro.
Lo hicimos juntos, niñ@s, maestr@s, jóvenes y docentes, y eso es lo que atesoro y llevo conmigo, siempre desde una proyección activa y no anclados en la nostalgia, la tristeza o el pensamiento que “todo tiempo pasado, fue mejor”. Recuperemos nuestra voz y evitemos que estos tiempos, asépticos, insulsos e impersonales de la *Era Líquida nos devore sin antes encontrarle un sentido a nuestra existencia.
Hasta siempre, Cerro Colorado!
E.B.
*Era Líquida. Concepto utilizado por Zigmunt Bauman (sociólogo, filósofo y ensayista polaco) para denominar a la Era, valga la redundancia, en que vivimos.







