Cuando recibas y leas esta carta probablemente ya estemos lejos. Lamento no haber podido hacerlo en persona, todo se ha complicado de la noche a la mañana y debo irme por un tiempo. No sé cuanto dure fuera, mi madre se ha puesto mal de nuevo y es mi deber cuidar de ella, los médicos sugieren que no la movamos de casa así que traerla conmigo no es una opción, debo estar ahí. Mi mayor preocupación, después de Babi —quien te va a extrañar un montón— es el restaurante, es por ello que adjunto a esta carta te envió unos papeles para que los firmes, en mi ausencia, serás tú quien tome las decisiones, de aceptar (que espero si lo hagas), subirías a ser gerente y no pienso dejarte solo, estaremos siempre en contacto y que subas a la gerencia no quiere decir que debas alejarte de tu apreciada cocina, no, nuestros cocineros necesitan de tu sabiduría, sé que podrás con ambos. Babi me ha pedido que te mande algo también, te ha hecho un dibujo, según ella eres tú con el restaurante. Bueno, esto no es una despedida, ¿no? Es un hasta pronto y enhorabuena, Angelo. En este sobre también encontrarás el juego de llaves del restaurante y en las siguientes horas, a más tardar mañana, claro, si aceptas (aunque estoy muy confiada en que así será) mi administrador se pondrá en contacto contigo para ver lo de los pagos al personal y demás cosas que debes de saber sobre le manejo del restaurante.
No me queda más que agradecerte por todo lo que has hecho por nosotras y por el restaurante, es por ello que cuando me vi en este aprieto, el primer nombre que me vino a la cabeza fue el tuyo, no podría confiarle la Dolce Vita a nadie más.