La verdad por mi trabajo y otras cosas deje de ver los videos del goth… ademas cuando de bl se trata me muevo por todas partes.. Ahora son las series Thai… Anyway… Que chucha les pasa a los seguidores de Jainico que veo han muerto por todas partes… ya ni textos de conversaciones sacan y no me digan que no hay material por que ya le han visto hasta el poto a Nico… no crean que no me he puesto al corriente
Holiwi, les dejo un dibujin de Jainico terrible zukulemtho y kawaii. Pasando a otro tema ¡NO ME PIDAN DIBUJOS PORQUE NO LOS VOY A HACER! YA VAN 2 VECES QUE PUBLICO PARA QUE ME PIDAN DIBUJOS Y NO PESCAN, ASÍ QUE DE AHORA EN ADELANTE SI QUIEREN DIBUJOS A PEDIDO ¡CAGARON!, eso, loh vimoh, chao.
Autora: XanChan/Franmausoleum
Clasificación: R-15 (Menciones sexuales)
Fandom: Jaidefinichon GOTH
Personajes/Pareja: Jaime/Nico
Nota:
Queridos míos, lo siento por un Fic tan malo. La verdad quise intentar hacer una cosa nueva. Una mirada nueva, ya estaba como aburrida siempre poner el punto de vista del Jaime o del Nico, así que esta historia es media rara, pero espero que se entienda.
Es un pequeño regalo a toda la gente del Fandom ¡Feliz 18! igual no tiene menciones dieciochenas, pero la intención es lo que vale.
No tiene betas, así que está escrito como el hoyo. <3
I
Noche vibrante, es como la llaman algunos santiaguinos. Acostumbrados a la atmósfera iluminada entre luces de neón, sensaciones culmines en el coqueteo de una sonrisa a unas palabras al oído el simple flirteo de las relaciones.
La música estratosfera sonaba de manera desmesurada en sus oídos, tan acostumbrada al ambiente vanguardista, como cada encuentro fortuito de una fiesta sin compromisos. La realidad de cada unión agradable entre conocidos; Las sonrisas, las risas gritonas, los susurros, los labios entreabiertos tomando cada bocanada de aire para seguir el baile toda la noche, si fuera posible.
Como mujer, acostumbrada a la nebulosa neblina de transpiración e instinto, mirando sin siquiera preguntarse si algo pudiera salir mal esa noche. Tomando casi de forma egoísta el néctar amargo y dulce de la bebida alcohólica, la bebida afrodisíaca para los momentos, y las iluminaciones efímeras.
Todo tan cómplice, aún si el mareo y el nervio constante se apoderaban de ella, sintiendo los largos cabellos caídos a lo largo de sus hombros desnudos. Su figura esbelta y pequeña no tan alta, y su movimiento de cadera asegurándose de ir hacia una danza inocente. La mente relajada y volátil, incapaz de anexar pensamientos coherentes, si no fuera por el sexto sentido innato que guardaba recelosamente dentro del corazón femenino.
Pero allí estaba, ese sentimiento inseguro que hacía que su corazón se contrajera repentinamente. Allí estaba, el latido constante de una situación incomprensible, allí estaba el coqueteo sublime de una química inexplicable.
Aún si no pudiera verlo, sentirlo o tocarlo. Nicolás era impredecible en momentos efímeros, surrealistas como los que ocurrían ahora, mientras veía con las manos sujetadas al vaso, pisando un poco la realidad de las imágenes. El mundo congelado a oscuras y ella observando frente a sus ojos que aquello era real.
Los movimientos lentos y acompasados de ellos bailando en un mundo aparte, un mundo en que era testigo de esa conexión irrompible, los roces tranquilos en cámara lenta.
Jamás podría llegar a ese nivel de intimidad. Jamás podría tocar algo tan intangible como la relación que él llevaba con el otro hombre.
Las miradas unidas, brillantes. Cómplices de una inmaculada concepción de amor.
Concepto de amor que no entendería jamás.
II
Comenzó una noche, típica. La junta de amigos, el rato agradable, y la radio encendida en cualquier estación de baile. Los vasos enumerándose en la mesa, el webeo constante de tallas y los sin fin de botellas acabándose.
Estaba acostumbrada casi como ritual, ir de vez en cuando hacia la cocina para encontrar algo que comer. Los demás se encontraban en su mundo, conversando, otros bailando, otros muertos temprano en el sofá, otros en la oscuridad. Y no tenía nada en qué pensar, porque tampoco estaba preocupada.
Si no fuera claro, por el bichito del recorrido que cada humano tiene en el instinto. El arte de andar para recordar momentos o simplemente observar cualquier situación. Ver si habían cosas extrañas que ocurrían en los carretes constantes en el grupo. Los triángulos amorosos, los cuartetos, los no correspondidos, los sufriendo, los alardeando.
Con ello comenzó a caminar.
Hasta que se topó con algo diferente. Decían que los gatos morían por curiosidad, no había duda que no sólo era morir, sino quemarse, quemarse de pie a cabeza, cuando escuchó una puerta media abierta voces reconocibles.
—J-Jaime... —
—Cállate... —Se escuchó un susurró. —N-nos van a escuchar.
¿Rápida? Se repitió cuando las voces continuaban. Después de un rato entendió a lo que se refería aquello, pero no lo asimiló a tiempo, sólo oyó como los gemidos suaves y roncos sonaban por la habitación, pero no vio algo más.
III
Cuando deslizó los dedos por la pantalla del celular, había marcado el número de Nicolás. Quería llamarlo, después de las clases de fotografía que había tenido en el instituto.
Ya era costumbre como cada día, si no contestaba el whatsapp, llamaba sin dudarlo. Después de casi cinco años de relación no tenía por qué dudar. Lo conocía, sabía perfectamente que estaba en casa, ocupado, según él trabajando en este mundo interesante acerca de Youtube.
—¿Aló? —
—Hola Nico... —Respondió. — ¿Cómo estás?
—Hola Clau, bien aquí amor... —Una pausa extravagante y luego un silencio. — E-estoy medio ocupado sí...
—¿Qué pasa? ¿Estás grabando? —
—Hnn sí... —Otra pausa, y de repente risitas roncas del otro lado de la línea alejado. — Sorry...
—Ah... no importa, te llamaré más tarde. —
—Ya cariño... —
Muchas veces, las señales se encuentran así mismas. Llegan inesperadamente como el tiempo, esporádicas y continuas. Sólo que la mayoría de las veces no se toman en consideración, y ella sabía muy bien, como los momentos ocurrían sin esperarlos, la suerte, el destino.
El maldito tiempo.
—¿Cortó? — el sonido de la otra linea se hacía oír por el aparato telefónico.
—Sí.... ¡Oye! —Un movimiento fuerte, producto de algo cayendo en un lugar suave y acolchado donde se encontraba el celular. — déjame... ¡No weón!
—No le di color y ven. —
—Ya po´Jaime... para el webeo. —
—No te estoy haciendo nada, alaraco oh. —Ropa moviéndose. —ven... ven po weón oh.
—¿Qué querí? — Besos. — no me des besos... esper- — más sonidos de besos, caricias, piel, ropa moviéndose, roces.
Prefirió cortar.
Ya no entendía nada.
IV
Debía sentirse mal, decía. La infidelidad no era algo con lo que estaba acostumbrada, pero era algo que no podía procesar por el simple hecho de que Nicolás jamás había insinuado un desliz. Si era cierto, haberle descubierto su pornografía, pero era algo normal que todos los hombres tenían en su computador. Sus amigos, sus primos, hermanos, tíos, hasta padres, ocupaban en su corazón un espacio para la pornografía.
El gusto de él, eran las asiáticas, porque muchas veces se obsesionaba con monas de animé, y aunque a ella le gustaban un poco tampoco llegaba a rayar en lo extremo.
Hasta que un día pensó en que no quería saber más de los gustos excéntricos de Nicolás.
Entendía la fotografía como un medio de comunicación hacia el mundo. La necesidad del hombre por comprender las imágenes más allá de la simple reproducción, el cuadro congelado y guardado por un recuerdo, una nostalgia vivida, vista para reencontrar una y otra vez. Sea buena, sea mala, pero allí estaba para colocarla entre sus manos, o simplemente visualizarla a través de la pantalla brillante. La entendía, porque sentía esa necesidad por captar lo sublime y lo bello de la naturaleza, un sentimiento romántico del siglo diecinueve que le hacía sentido en la mayoría de su vida, con su entorno.
El dialogo, la conversación entre imagen/palabra. Y por lo mismo, sabía la mayoría de los programas para editar, acercar un poco más a ese imaginario que poseía. —también Nicolás por la obligación de edición en sus videos.— Lo conocía tan bien, que podía abrir carpetas escondidas que tenía guardadas rigurosamente en el computador.
No las guardó para su memoria, no lo necesitaba. Pero eran imágenes que jamás deseó ver, o jamás deseo investigar. Nuevamente la curiosidad habida y vivida para quemarla. Un juego convertido en coquetería, conocido perfectamente entre parejas, humanos interesados sobre otros humanos.
Nicolás yacía ahí, con la cara sonrojada, presa manipulada por la debilidad del placer. Lógico, se dijo así misma. Después del tiempo infiel que aún no podía subestimar al punto de dejar un remolino de sensaciones para un término final. —No iba a investigar si era por el tiempo y costumbre que llevaba de relación. — La paja seguida de acabar con una rutina de años.
Por un momento pensó en que era adorable, pero otro lado sintió nuevamente la corrida envidia no sana de que su hombre estuviera en jugarretas en las que ella no participaba.
Estaba claro hacia quién iban dirigidas, estaba claro que Nicolás nunca había tenido la intención de querer guardarlas. Pero era mucho más claro, que dentro del corazón del moreno, el sentimiento confidente seguía intacto, quizás hace muchos años.
Decidió guardarse el rencor en el alma.
Por su bien.
V
Hay un punto en que el amor comienza a hacer derrochado. Un punto en que el calor guardado por dentro se esfuma de a poco, como la espuma al contacto con el aire. Como el acero en contacto con el oxigeno, oxidándose lentamente, colocándose amargo, volviéndose de un hierro anaranjado. Así como su corazón.
No sabía si había algo mal con ella, si la decepción era tan grande que había provocado un hueco en su pensar. Creer que era demasiado empática con las personas que le rodeaban cuando miró a Jaime a los ojos —en una junta casual como de costumbre, pololas, amigos, todos juntos como si las cosas por dentro no sucedieran. — Y lo comprendió, que no sólo se había quemado por fuera, sino que por dentro también.
La dulce mirada hacia su compañero, la dulce sensación de enamoramiento. El roce sutil de una caricia mínima, un intento de contacto en el aire, un intento de que las cosas no fueran así, oscuras, fueran escondidas o fueras prohibidas.
Y ella era tan empática que lo entendió.
¿Era posible?
Lo fue.
Nicolás lo miraba, correspondiendole, pero a la vez atrapado.
A él también lo había entendido.
Y ella se había perdido para siempre, porque ya no sabía que sentir.
Sus pies de repente desaparecieron.
No sabía si realmente quería morir.
La verdad no.
Quería no entender.
Quería llorar, pero no podía.
VI
Un día simplemente sucedió. No estaba en sus planes querer hacerlo, o querer ser testigo de algo. Aún si tenía en el corazón comprimido una bala pequeña y cortante que hacía que sangrara siempre.
Veía a Nicolás, a pesar de que éste se encontraba ocupado la mayoría del tiempo, o a veces en su defecto se juntaba con su mejor amigo. Lo besaba como si no hubiera un mañana, le decía a través de sus labios un «Por favor, termina esto ya» y le suplicaba a través de las caricias femeninas su intención, y aunque le correspondía de manera ferviente, sabía perfectamente que no era lo mismo.
Que era lo correcto.
Y ella no quería lo correcto. Ella quería lo real, aun si fuera doloroso y certero. Porque era lo normal, lo sincero.
Se despidió horas después, con la misma sensación angustiante —que se desarrolló quizás por la ansiedad. — y cuando supo quién venía a minutos de despedirse, decidió quedarse escondida, engañando su salida triunfante.
De verdad, no había querido oír. —Mentira.— de verdad había querido escapar. —No era sincera consigo misma.— Pero se sentía como un conejo cuando era enfrentado a una luz cegadora y grande. Era llevada por el umbral de la iluminación, sintiéndose atraída y atrapada de repente.
Pero cada cosa trae su consecuencia. Como ley que es, como vida y decisión. Como normativa.
Y cuando entró. —Porque conocía esa casa hace tanto tiempo, hace tantos años. — Lo vivió, se bañó. Había quedado completamente empapada después de una lluvia torrencial. Sintiendo el frío y espeso dolor a través de las gotas.
—¿Qué te pasa? — Habló Jaime sin contratiempos.
—Tenemos que parar esto. — Por un momento su corazón se sintió feliz, pero era eso, sólo momentos, momentos rápidos y cortos, como los flash back de recuerdos, no como un racconto grande y expansivo.
—No quiero. — Observó la figura un poco más robusta y alta, rascándose los pelos de la barba nervioso. — ¿Qué weá te pasa?
—Nada. —Cortó de inmediato, y conocía tanto a Nicolás. No quería heridos, no quería heridas. — Esta weá no está bien Jaime, no está bien.
—¿Ahora me decís esa weá? No, espera. —Nicolás se había acercado lo suficiente. — Me vas a escuchar, no puedes terminar esto así como así Nico, de verdad que no. —
—Paremos la weaita, en serio. ¡Weón, estoy con la Claudia! y vo´andai con la Evelyn, para tu weá. Par-. —
—No. — Jaime era, a su vez como un pájaro, volátil y triunfante. Libre en máxima expresión. Y ella sabía que se sentía acorralado, se sentía enjaulado, dispuesto a destruir sus alas para escaparse. —Yo no voy a terminar esta weá.
—... ¿Sabes qué más? Si tu no lo vas a parar Jaime, yo sí. — Y Nicolás era a su vez, una flor, descansando en una montaña, rodeada de verde y sol, rodeada de calor y armonía, dispuesto a quedarse en una instancia, en un principio y final. Nicolás era una naturaleza ingenua y genuina, destinada a una influencia. —
Sintió sus manos cerrarse al rededor de sus piernas, bien oculta en su escondite, en su caparazón momentáneo. Siempre había sido vouyerista de sus acciones, siempre estaba allí observando como su vida con Nicolás comenzaba a desmoronarse a un nivel superior casi intocable. No quería culpar nada, no estaba en su estilo culpar a las personas, no después de tanto estudio sobre lo hermoso que eran las conexiones, la sensibilidad, la mortalidad, lo instintivo y humano.
Pero el corazón se detuvo cuando lo vio. Jaime se acercó a él como hombre que era, brusco, duro y tenaz, peculiar de su terquedad. Como esa masculinidad marcada que tenía cada musculo en su cuerpo, con el ceño fruncido y los labios contraídos. El otro sin embargo se alejó, intentado detenerlo, pero lo veía, su mirada inquisitiva, su mirada esperando una oportunidad, su mirada terca también, como él mismo, queriendo y a la vez no ser participe de esa unión. Un beso brusco, un beso sin delicadeza, un beso mordido, un beso ansioso, un beso preso de una infidelidad conjunta, un beso de un escape.
Antes se había dicho que había un momento en que el amor comienza a derrocharse. Hay excepciones en que el amor no se derrocha por guardarlas al no ser correspondidas o desaprovechadas, hay momentos en que el amor comienza a hacer derrochado simplemente porque hay demasiado amor y no se sabe qué hacer con el.
Que comienza a resbalarse y salir del corazón y se transforma en acciones, simples y justas sin juicio alguno. Que la razón cognitiva no es tan dura como se piensa, que primero hay que sentirlo para hacerlo, pero hay veces, como ésta vez en que el sentir queda muy corto para todo.
Entiende lo femenino como algo delicado, pero también entiende lo masculino como algo frágil dentro del género perceptivo social. Entiende que Nicolás se sintió frágil y quebrado cuando las manos del otro comenzaron a tocarlo, a marcarlo y decirle en acciones que lo ama por sobre todas las cosas, que son tan torpes y obstinados que no son capaces de comprendelo, que ella estando lejos y aparte, pudo verlo simplemente con mirar.
Por una vez en la vida no se siente mal.
Aún si la voz aguda y a la vez ronca, llena de gemidos y llantos de Nicolás se escuchaba fuerte en sus pensamientos. Aquel ser que conoció hace muchos años y que por primera vez, lo vio de verdad. Que por primera vez, un Nicolás real apareció frente a sus ojos.
Pero, insiste nuevamente en que no se sintió decepcionada, porque no era esa palabra que estaba buscando.
La palabra no existe en su vocabulario, porque no sabe como llamar este sentimiento extraño. Aun así no se extraña botar lágrimas silenciosas, recorriendo a lo largo de su mejilla.
Después de todo era normal, había amado a Nicolás tantos años. No podía odiar, porque odiar hacia mal.
Odiar sólo ensuciaba los bellos recuerdos.
Abandona la casa sin ser escuchada. No sin antes escuchar un «Te quiero» suave y sincero.
VII
Por primera vez en la vida, ya no se siente confundida. Quizás debió verlo y sentirlo a su vez para comprenderlo. No odia a Nicolás porque nunca podrá hacerlo. No odia a Jaime porque él tampoco escogió enamorarse.
No puede culparse a sí misma porque supo siempre que entregó todo lo que podía entregar. No culpa a la gente de nada, porque la gente nada hizo. Puede culpar el tiempo quizás, pero el tiempo es demasiado relativo e importante. Tampoco culpa sus acciones, Nicolás no es de esos hombres, Nicolás simplemente sin querer se enamoró de alguien más.
La vida es así, llena de vueltas he idas. La vida es así, llena de sorpresas y conductas. El tiempo es el encargado de hacer girar estos apelativos, el tiempo se encarga de enfriar o calentar la esencia de la humanidad.
Y en una noche como ésta, así. Esta noche vibrante como lo llaman los santiaguinos, decidió amar entre las luces de neón, encargadas de la atmósfera del lugar.
Quizás ya es momento de derrochar amor también, porque no era malo, tampoco era realmente bueno, pero ¿Cuándo una cosa tiene un simple lado? Nunca.
Y aunque los mira a lo lejos, tomando con fervor el vaso medio vacío de Vodka con naranja, no puede más que sonreír con ternura, las acciones tan unidas y escondidas a la vez.
El amor a veces, llega a ser un espejismo del alma, pero nunca hay que intentar esconderlo.
Cuando las calles oscuras, el silencio y la noche se asemejan con el peligro, en cierto sentido hay que creer que no lo conocemos todo, lo normal se contagia de lo sobrenatural, y en ese momento puedes sentirte aterrado, o simplemente puedes actuar como un estúpido. ”Esas cosas no existen”. Bajo el velo de la tranquilidad y oscuridad, el cemento se iluminaba por los faroles desteñidos y sucios, ya siendo apartado el día la gente normal vuelve al descanso pasajero de la noche, y en medio del ambiente apaciguante unas risas se escuchan estruendosas pero encerradas. El reloj marcaban las 2:48 a.m. y los temas de conversación apenas si se agotaban en aquella casa, con unos tragos de alcohol encima el grupo de amigos disfrutaban de la estancia en el hogar del mayor, animados y contentos hasta no poder. -weon, van a ser recién las tres, ¿en serio se tienen que ir?-(bufó Nicolás, fuera del portón de entrada junto a otras dos figuras) -es que tenemos cosas que hacer, si por eso no tomé tanto-(sonrió un joven de rulos, quien superaba en altura a sus contrarios)-ya, vamos Jaime Con un sutil movimiento en su cabeza asintió a su pedido, era extraño, para Nicolás era confusa la discreción y reservación que mostraba su amigo, toda la noche había estado de alguna forma evitándolo físicamente y no solo eso, parecía que entre sus dos compañeros de juegos se escondían algo, abundaban susurros desconocidos en medio de ellos que le hacían arder su mente, sin admitirlo, sus pensamientos cuerdos terminaban por irse literalmente a la chucha. Sabiendo porqué le sucedía prefería soportarlo, quizás no estaba preparado para admitir aun sus sensaciones y menos aceptarlos. -chao Nico…-(exhaló el de barba, con la mirada en el suelo, no era capaz ya de mirar a los ojos del más bajo) -chao mi Jaimito~(soltó en alta voz, rodeando el cuello del nombrado entre sus brazos) Normalmente su despedida habría sido un choque de manos a un simple saludo a la distancia, pero había que recordar el excesivo consumo de alcohol en momentos anteriores, y aunque su consciencia no ha sido afectada era mucho mejor echarle la culpa a sus lagunas de memoria, en el fondo y sin imaginarlo tan solo era un intento desesperado de llamar la atención de Jaime, hacerlo enfurecer como siempre con sus insinuaciones románticas –fingiendo que tan solo eran bromas-, porque estaba seguro de que su mejor amigo reaccionaría con agresividad, y sin embargo ocurrió todo lo contrario. -Nico…suéltame por favor-(masculló con paciencia, evitaba por completo mirar al más bajo y por sobre todo trataba de alejarse con la mayor suavidad posible) -ya oh, nos tenemos que ir culiao-(gruñó Edgar con una sonrisa al tomar la mano del barbón y jalar de él) Como no soltar una que otra carcajada ahogada al ver la cara de confusión y sorpresa del mayor por la actitud de su enojón amigo, una particular escena, y aun sabiendo el deseo de sus dos compañeros era para mejor que no se acercaran, no era conveniente y menos si la noche caía sobre ellos. Los pasos de Jaime aceleraban y el ruliento trataba de seguirle el ritmo, estaba molesto y Edgar lo sentía claramente ya que apretaba los puños y se quejaba entre dientes, se apresuraba tanto por encontrar un lugar tranquilo, ¿acaso era tan difícil volver a su estado de antes? Llegaron hasta un parque, el árbol más grande de todos fue su consuelo, apoyó su frente en la corteza y suspiró con fuerza, ya no sentía el aroma de Nicolás por lo que sus instintos se calmaban, pero se sentía ansioso, era sorprendente cuanto había podido controlarse esa misma noche. En medio de su respiración agotada escuchó los pasos del ruliento detrás de sí, seguramente con una sonrisa burlona y divertida que lo hacía arder más en su impotencia. Lo miró por el rabillo del ojo, en cualquier situación su agresividad característica no parecía querer dejarlo nunca. -¿De qué te rei weon? -es que puta que eri obvio...y no podí ser tan alaraco po, Jaime-(rió) -¿viste como el weon del Nico me abrazó?, apenas puedo controlarme, esta wea es tu culpa. -pero al menos te saqué de ahí po, y a mí el Yelo también se me acerca así a veces y no reacciono como tú. -es distinto weon, yo recién estoy aprendiendo a vivir como un puto vampiro…tú quizás cuanto tiempo llevas haciendo esto Edgar borró la sonrisa de su rostro, sus ojos se encendieron en un hermoso carmesí que en medio de la oscuridad resplandecían como dos luciérnagas impregnadas de sangre, sin embargo no era el único. La insistente mirada del barbón también se consumía y destacaba con el rojo más hermoso que puede existir. -¿Jaime, sabes porque la sangre del Nico te llama más que la de la otra gente? -no...¿tú si? -sí, pero aún tengo mucho que enseñarte…¿tení hambre?-(dijo al escuchar el estómago de Alfredo rugir) -si…y eso que comí más que la chucha en la casa del Nico -la comida normal ya no te va a quitar el hambre, ahora vas a tener que aprender a cazar Fija su mirada al fondo de una de esas extremidades oscuras de las calles, en las que la gente tiene miedo de cruzar a solas a altas horas de la madrugada por temor a lo que les podría acosar o lastimar y ellos mismos eran la excelente prueba de los peligros albergados entre todo ese silencio aterrador. Lástima por esa pobre chica que decidió ir a tomar junto con un par de amigas, ¿y dónde estaban ellas?, sus pensamientos sugirieron que una chica ruda y poco femenina podría vagar por ahí sin protección a su persona poco consciente por los litros y litros de bebidas calientes. Y como cosa de instinto humano que nadie alcanza a terminar de explicar gira hacia todos lados, comenzó a sentirse insegura de sobremanera, una sensación de miedo implacable y desgarrador pero se negaba a correr, y se pierde con facilidad en 2 brillantes luceros a metros de ella, que se acompañan por los pasos bulliciosos de los bototos de un sujeto, y lo comprendió, era un muchacho alto de cabello encrespado quien desprendía esas luces color de rubí por sus pupilas, y sobre todo una sonrisa que, siendo otra la situación la hubiera conmovido en vez de asustado. Retrocedió un paso y todo acabo para ella, su cuerpo se paralizó completamente pero aun temblaba, sobre todo cuando aquel a quien le temía se acercó a su rostro para dejar ver unos colmillos sobrenaturales, no podía ser posible… Jaime corrió despacio y sin ganas detrás de su amigo Edgar, el hambre le empezaba a fastidiar y cansar, la falta de energía no era muy buena para él en cualquier sentido posible, tomando en cuenta de todos los problemas de salud que tenía frecuentemente –y otras que más que nada eran detalles con los cuales había aprendido a vivir-, sin embargo desde “ese” día las cosas cambiaron, y en ese muy corto tiempo junto a su nuevo estilo de vida no había tenido complicaciones con nada por el momento, ¡pero es que casi nada weon!, siendo una persona tan expuesta a todo tipo de malestares le era algo extraño. Al fondo de una calle fría logró alcanzarlo, y queda congelado ante tal escena extravagante y sombría, aunque sabe la naturaleza de lo que veía en frente y lo que significaba ahora su existencia le hacía estar mucho menos perplejo, quizás su sentido común se vio afectado en el momento de su “transformación” pero llegaba a pensar que esto que estaba sucediendo podía ser hasta algo normal y cotidiano. A unos metros de su cuerpo Edgar sostenía posesivamente el cuerpo de una chica más bien morena en sus brazos, y era una perfecta imagen de terror llegar al punto en que su boca y el cuello de la chica se unían con un forcejeo dominado para perforar con sus colmillos la piel, hilos de sangre se desbordaron y competían hasta chocar con la tela superior del vestuario, y si se fijaba aún más el ruliento parecía disfrutar cada sorbo, cada succión con sabor a muerte o eso suponía, ¿Qué se sentiría?, deseó probarlo pero imaginarse como su amigo, segado por la exquisitez y constancia de su alimento, con sus labios manchados de un rojizo oscuro y ajeno, simplemente le asustaba adoptar esa mirada de frialdad y deseo al obtener lo que el más alto estaba consiguiendo. -¿weon, la mataste?-(murmuró distraído de sus palabras, mirando como el otro dejaba caer a la chica y se limpiaba las manchas de la boca) -generalmente podí hacerlo sin matarlas pero ahora era necesario, tómalo como un…un regalo-(sonrió) No eran precisas tantas frases ni palabras para captar lo que el ruliento quería que hiciera y su hambre feroz no ayudaba de ningún modo, todo confabulado para que se atreviera a estrenar sus colmillos. Puto Edgar. Con manos temblorosas –más por el frío que hacia esos últimos días que cualquier otra cosa- descubrió el cuello del cadáver y respiró en él para prepararse de mejor manera psicológicamente a la vez que acariciaba con su lengua sus vírgenes colmillos como si los humedeciera bien antes de hacer lo que tenía pensado atreverse, y siendo el Jaime, una persona que no se da muchos rodeos con cosas inevitables, sin más miramientos dejó su mente expulsada en el vacío de sus ideas y emociones blancas, y los enterró. ------------------------t( ¡^¡t)------------------------ ~Días Después~ -¡cabroooos! ¡Quiero ir al Burgueeer!-(simuló unos sollozos divertidos a través el micrófono y formó con su boca un tierno puchero, aun sabiendo que los otros dos no podrían ver sus pataletas infantiles en su mayor esplendor) -aah, que paja-(reclamó el muchacho de barba rojiza) -tampoco te pedí que fuerai conmigo, cabro culiao, se lo digo al Edgar que siempre me apaña en todas -¿Qué wea?-(se rió el nombrado por la forma en la cual Nicolás fingió estar indiferente) -¿Edgar, queri ir a comer conmigo?-(formuló, su voz era coqueta y suave, casi como queriendo provocar no solo al ruliento alto, eran notorias sus intenciones de molestar al barbón, le encantaba jugar con fuego, era algo así como su adicción especial) -jaja ya po-(su risa opacaba las emociones que emanaba Jaime de los poros que, si Edgar no tuviera una risa tan contagiosa y el moreno fuera un poco menos despistado habría ocasionado un ambiente incomodo) -par de maracos… -¿está celoso mi Jaimito?~ -Nico culiao, no…-(pausó unos segundos y comentó)-ya weon, yo también voy -¿sí?-(Nicolás se sintió descolocado, ¿esa voz tan emocionada había salido de sí mismo?, había pasado piola pero para él fue incomodo, se sintió sumiso y controlado, bueno, que le iba a hacer, estaba feliz, podría tener nuevamente una oportunidad de cambiar las cosas y calmar las aguas de sus sentimientos, o alborotarlas, todo dependía de como llevara las cosas y eso lo ansiaba más) -pero voy a invitar al Yelo -…¿qué?-(Edgar se quedó sorprendido porque su tierno amigo y el rojo jamás se llevaron bien pero lo entendió a los pocos y escasos segundos)-¡NO! -¡SI!-(gritó justo después el moreno) -dos contra uno, cagaste Edgar No hizo comentario alguno, ¿para qué?, solo lo negaría y de paso confundiría muchísimo al Nico, y conociéndolo no dejaría de preguntar weas, ya se comportaban bastantes sospechosos como para que comenzara a dudar de algunas cosas y no valía la pena. Y ahora venía la improvisada escusa del rojo para ausentarse en la llamada de skype, como “tengo cosas que hacer” o “voy a salir a hacer algo urgente” y está bien, Edgar de igual manera haría uso de una de esas frases para irse lo más rápido posible, sin embargo esperó hasta que el rojo se fuera para despedirse. -Edgar-(escuchó serio a su compañero, un tono de voz no muy usual en Nicolás así que lo escuchó atento aun sabiendo perfectamente de que se trataba, lo esperaba de hecho) -¿Qué? -tu creí que el jaime y yo...o sea, que tal vez él me...ah...-(gruñó en sus adentros y recogió de sus suelos el poco valor que le quedaba)-es que creo que.. -¿..te gusta el Jaime? No era necesario verlo para saber su reacción, se había sonrojado totalmente y las palabras se trabaron justo en su paladar, las saboreaba, ese gusto que tenían a vergüenza y resignación le alteraban el respirar, todo eso dicho con solo el silencio que emanaba. -¡ah conchetumareee!-(resopló en un suspiro pesado, convirtiéndolo al fin en un grito de cansancio por tanto enredo sentimental dentro de su cabeza) -ya Nico, tranquilo Pero no podía sentirse tranquilo, alterado y todo se escondía bajo sus brazos en el escritorio, ¿Cómo decir que él solo quería estar a solas con el Jaime?, solo por esa wea había pedido con gran euforia la presencia de Manuel, el ruliento con el bajito tenían algo que parecía dejar todo a la deriva, aun estando con otros es como si para ellos no hubiera nada más que el otro, se gustaban y era por mucho demasiado claro, si el Yelo asistía Edgar se preocuparía por él y el moreno podría acercársele al barbón. Mierda, se sentía enfermo de lo enamorado y weon que estaba. -puta la wea, ¿soy tan obvio weon? -si-(conchetumare)-pero no te preocupi, con lo weon que es el Jaime se va a dar cuenta el día del pico…vai a tener que decirl- -¡chao Edgar!-(y cortó, así de simple) Pensó unos segundos en lo que había hecho, ¿Por qué se alteraba tanto?, aunque estuviera la posibilidad de estar enamorado del menor no era común en él, se sentía extraviado en un laberinto lleno de puertas y sin saber por cual salir. Tampoco era tan urgente contarle algo a su amigo de lo que le sucedía, no obstante le preocupaba, es como la primera vez que te enamoras de alguien seriamente –que en general pasa en la adolescencia, pero él ya tenía casi treinta años y no estaba como para comportarse así- y no puedes controlar tus reacciones junto a esa persona, ¡porque las relaciones debían ser tan complicadas! ------------------------~(Q^Q)~------------------------ -cabro culiao-(musitó con cierto disgusto en sus palabras) A diario Edgar podía ser una persona tranquila y calmada, tal vez algo desanimada a veces pero alegre de todos modos, era extraño verlo molesto y sobre todo por las estupideces que hacía el barbón –porque ya estaban todos acostumbrados-, pero esta era una ocasión especial, esto le incumbía. Por eso se había tomado la molestia de ir a su casa, exactamente ahí estaba, frente al Jaime con los brazos cruzados tratando de infundirle respeto. -ya, si tampoco es pa que te enoji’ weon-(sonrió y se acomodó a la orilla de la cama sin dejar de mirarlo) -¿para que queri que vaya el Yelo?, solo queri molestarme, ¿cierto? -un poco-(rió)-yo aun no entiendo porque nos sucede "eso" así que no pienso sufrir solo weon, voh también vai a estar sufriendo conmigo. Bueno, la verdad razones tenía para molestarse, el ruliento no le había explicado nada de sus reacciones como vampiro, ¿paja?, puede ser, aunque los momentos de tranquilidad para explicar aquellas cosas se hacían cada vez más escasas, no era su intención pero Nicolás estaba mucho más pendiente de ellos que otras veces y el motivo ya lo conocía. -ya, cabro culiao, ¿que queri saber? -¿Por qué me tenso tanto cuando estoy con el Nico?, es que su sangre me pone más intranquilo cuando siento su olor, y esta wea no me pasa con nadie más-(habló bajo, como intimidado por cualquiera que sea la respuesta) -es que te gusta el Nico -no habli weas Edgar, por favor -no Jaime, no es webeo-(se rio al ver el rostro del contrario, entre asustado, confundido y –porque no- sonrojado. Se sentó a su lado para estar más cómodo)-mira, es como cuando eras humano, cuando uno está enamorado se pone más weon, tú ahora te sientes intranquilo -…¿ah? -como lo digo para no causarte un impacto en tu orientación sexual…te atrae la sangre del Nico porque te gusta él-(directo al grano y sin ningún remordimiento, el rostro pálido del barbón era su perfecta venganza a los disgustos que le hizo pasar)-para ti él es especial y su esencia se te hace más dulce y adictiva -o sea que…¿a ti te gusta el Yelo? -¡no weon, eso no tiene que ver con esto!-(se sonrojó, tenía más que asimilados sus sentimientos pero no era fácil admitir que te gusta un hombre, en ese sentido admiraba al moreno por contarle lo que le ocurría pero él y el Jaime eran seres diferentes y tenían diferentes reacciones) -¡Admítelo conchetumare!-(carcajeó estrepitoso) -¡¿para qué?! -igual voy a llevar al Yelo weon, cagaste “Mejor desviada lass” concretó Jaime en su mente, ¿será cierto?, él enamorado del moreno, tenía sentido la explicación del ruliento aunque eso ya no entra al caso, si él era ahora un vampiro real ya nada tenía sentido. “yo enamorado del Nico, yo enamorado del Nico…” no dejaba de pensarlo, tan perdido estaba en aquel chico que apenas logró advertir que volvía a estar solo, Edgar se marchó como si nada y él confundido, con muchas cosas que descifrar de sí mismo. “¿Yo enamorado del Nico?...” sus ideas no avanzaban y sabía que era algo simple, y para algo simple se necesita una respuesta simple, tan solo un paso para volver a estar tranquilo, quería estar tranquilo consigo mismo. Sonrió y bufó con un toque de alegría, si no dejaba de pensar en Nicolás no podía haber otra respuesta más coherente a sus sensaciones, algo que arrastraba de hace varios días y más, quizás cuanto más. "Yo enamorado del Nico…¿Por qué no?" ----------/-/-/-/-/-/-/-/-/-/---------- Weooooon, del año del pico esta cagá ;-; y mal escrita mah encima...pero no quería que se perdiera :c ehh...la segunda parte la escribiré si es que la quiere alguien...pero estoy algo oxidada ;-; así que no sé si quede bien...bueno, eso, ojala lo disfruten un poco, chao (/-\)
Ay weon, no lean esta wea (/-\) en serio les dará progeria...
me enteré tarde de lo de la semana jainico, y justo esta semana estoy llena de pruebas ;-; así que no pude hacer mucho, esto lo hice rápido porque también quería aportar una cosita...
Advertencia: les dará, progeria :c de rial progeria(?
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Sentía como los prominentes aparadores se burlaban con risas mudas de su condición, ocultas por la típica música de supermercado que le hacía atestar sus propios pasos dentro del local. Su rostro lo decía todo, estaba irritado, molesto, confundido y cansado, refunfuñando por lo bajo frente a cientos de aquellos productos dulces, atiborrados de grasa y calorías. Suspiró al encontrar esa barra de chocolate sabor menta-naranja con almendras y frutos rojos que le había pedido urgentemente Nicolás, díganme, ¿en que supermercado encuentra uno esa wea?
Le pagó a la señorita de la caja y se dirigió a casa, sin reclamar. Es que en realidad esta clase de cosas es lo menos que podía hacer por su moreno, sobre todo en su estado.
Fue alucinante aquel cambio de sentimientos, de pasar de ser el tipo más desagradable y amargado del mundo a ser quizás el hombre más feliz de todos con tan solo unas simples palabras <<...vamos a ser padres, Jaime>>.
Un bebé, su hijo, un pequeño demonio nacido de su más grande amor, una ataxia total, pero después del primer impacto ya no pudo contener la dicha, la felicidad brotaba del corazón y la exhalaba en cada uno de sus poros, recuerda ver al Nico sonrojado, frotando su vientre de manera lábil, ocultando sus ojos endulzados tras sus flequillos, también recuerda haberlo besado como nunca antes lo había hecho...no, mentía, lo besó como aquella vez, después de intercambiar sus botos, justo después del "puede besar al novio", precisamente así, pensando en que de verdad ya no podría ser más feliz.
Meditó unos segundos, el cielo no era azul como cuando el sol entibiaba las calles a tardías horas, estaban comenzando los días de invierno y el frío talaba hasta los tendones, juntó sus palmas y las frotó para generar un poco de calidez, <<como que podría sacar unas frazadas más pa' la noche>>. No le extrañaría volver a dormir en el sofá por obligación del moreno, con el tema de los cambios hormonales -que al parecer en un hombre también ocurría- el mayor andaba más sensible de lo que acostumbraba, y siendo Jaime, un conchesumadre "sin sentimientos" que no pensaba en los demás, era de esperarse que una que otra vez Nicolás lo echara de la comodidad de su cama.
Esta bien, lo comprendía a pesar de todo.
No era el barbón quién llevaba un bebé en el estómago, si no su adorado esposo, solo tenía la opción de resignarse y cumplir sus caprichos, y más que nada, cuidarlo.
Se detuvo frente a la reja de su hogar, no estaba fría, no en comparación con la tempertura de sus manos, De un empujón volvió a cerrarla para luego abrir la puerta principal de la casa, que instantáneamente lo atrapó con su característico calor, abrigándolo de la helada tarde. La estufa estaba encendida, junto con un par de luces que conseguían iluminar endebles los alrededores del lugar, escuchaba el sonido de la televisión empaquetado dentro de la pieza, y el ronroneo del gato que el moreno había recogido semanas atrás, como era de esperarse, sin consentimiento alguno, rogando que Jaime no se enojara o peor, que lo hiciera abandonar al pobre felino nuevamente, pero siempre había sido transigente contra los adorables ojos cafés del mayor y le hizo bajar la guardia por esa vez, lo había cambiado totalmente.
Tomó al gato entre sus brazos y lo acarició con ternura, disfrutando esa vibrante sensación en su pecho. No se entretuvo ni un minuto cuando lo percibió a él por el rabillo del ojo, asomado en el marco de la puerta, tal vez ocultándose y bisbiseando palabras al aire a la par que lo observaba, <<¿y que le pasa a este weón ahora?>>.
-te demoraste mucho...
-tss la wea que me pediste po'-(el gato saltó de sus brazos para entrar en la habitación donde había estado antes el moreno)
-Jaime ya...dime la verdah...¿me estai engañando?-(la voz se le quebrantó al final de las silabas)
-¿ah?
-el 76% de los esposos cuando su pareja está embarazada cometen infidelidad, ya dímelo conchetumare, ¡¿con quién te metiste?!
-Nico weón, ¿que estai hablando?, solo fuí a comprar tu wea de chocolate...
-¡CHOCOLATE!-(se abalanzó al cuello del más alto y comenzó a besar su mejilla tiernamente)-gracias weón, no sabí cuanto quería comer chocolate
Se quedó paralizado, si, Nicolás le sorprendía, ahora más que nunca, y en cierta manera era interesante, no tenía como aburrirse gracias al moreno, pero a veces...
No se percató si quiera cuando el más bajo le había quitado el dulce de las manos y lo miraba con una enorme sonrisa. Era adorable, esa aura extraña que había adquirido el mayor de alegría, seguramente de amor, y esa pancita que poco a poco comenzaba a notarse debajo de la polera oscura, le hacía experimentar una sensación familiar, como ese hormigueo en su primera cita, donde seguía siendo el insensible Jaime Navarro, cuando por dentro moría de nerviosismo al estar a solas con él, desde que lo conoció lo presintió, dentro del pecho algo se había movido, algo se había alterado cuando los ojos de Nicolás se posaron en Jaime por primera vez, y desde ese momento su corazón jamás volvió a estar quieto.
-¿Jaime?-(el menor esbozaba una sonrisa cálida mientras lo miraba)-¿que tanto me mirai?
-nada..es que...te ves lindo...
-(lo observó con ojos asesinos, ignorando su cumplido)-¿porque tan amable, weón?, tu no eres así, ¡viste que me estai engañando!, ¡dime quién es!, ¡¿es la cajera, cierto?!, ¡¿es la maraca de la esquina?!
-¡Nico culiao mata pasiones por la chucha, siempre me reclamai que no soy tierno y cuando te digo algo bonito me vení con weas!
-perdón-(rió suavemente, le gustaba hacer enojar al barbón, porque solo él sabía como hacerlo salir de sus casillas y aun así sacar algo de provecho, lo conocía tan bien...)-¿te enojaste?-(dio una mordida a su chocolate)
-no...pero tampoco quiero que te alteres, le puede hacer algo al niño...
-¿como que niño?, va a ser mujer weón
-yo quiero un hombre conchetumare
-te dije que va a ser niña
-¡va a ser hombre!
-¡mujer!
-¡hombre!
-¡mujer!
-¡hombre!
-¡al cachipún!
-¿qué?-(rió sin querer)
-por fín te calmai, conchetumare
-...y el cínico soy yo?
Negó con la cabeza, sonriendo, se colgó al cuello del rojo y lo besó lentamente, sintiéndolo lo más posible, no recordaban cuando había sido la última vez que se dedicaron a sentirse el uno al otro, quizás el ajetreo de los hechos les hizo perder el tiempo, y solo hasta ahora venían a darse cuenta de que el deseo sexual seguía presente entre ellos, acechando sus cuerpos con pura excitación.
Jaime tomó las riendas del beso, lo acorraló contra el sillón, ansioso de Nicolás, de lo que él era en toda su existencia, mierda, lo amaba más que la cresta, ¿como podría cambiar a su lindo moreno por otra persona?, era su mundo, su realidad, el dueño de su espíritu, el que ganó su amor sin siquiera pelearlo, el chico que estaba destinado a pertenecerse y volverle loco el resto de la vida.
Recostó al mayor con ternura, sin agresividad, rompió el beso para darle uno nuevo, más apasionado y lleno de emoción, el cual Nicolás recibió gustoso, presionó la nuca del barbón para tenerlo aun más cerca, casi queriendo ser uno con él. Pero siendo humanos, sus pulmones comenzaban a pedirles un descanso, uno aunque sea.
-¿está bien si lo hacemos?, digo, como estai embarazado...-(masculló Jaime en un intento de moderar su respiración)
-si weón, pero trátame con amor-(habló contra los labios del más alto)
-Nico t...
A segundos de otro exquisito beso Jaime se detiene, viendo como el mayor palidecía de golpe, empujó al rojo para salir corriendo en segundos efímeros, tapando su boca y apretando los ojos fuertemente, en dirección al baño. Y el menor se quedó ahí, comprendiendo la reacción del otro al escuchar arcadas desde donde había arrancado apresurado, <<y ahí va el chocolate que busqué por toda la tarde...>>, sonrió, se sentó adecuadamente y encendió la televisión en busca de alguna película, o cualquier cosa que le agradara a Nicolás, lo conocía lo suficiente como para imaginar lo culpable que se sentiría.
-Jaime...-(llamó desde atrás, arrastrando las palabras como podía)
No le respondió, sin embargo se movió a un lado del sofá, dejándole un espacio a su adorado esposo, y fue más que suficiente para transmitirle el "está bien, yo solo quiero estar contigo". Una sonrisa de felicidad se formó sin precaución y prácticamente saltó a los brazos de Jaime, acomodando la cabeza en su pecho melósamente, y aunque el barbón no era de esos que les gustaba la cercanía de otra persona ocultó la linea que se moldeaba curvilínea en la comisura de sus labios, estaba feliz, inmensamente feliz.
-te voy a levantar el castigo...
-¿mm?
-que ya no tení que dormir aquí-(se aferró con más intensidad al cuerpo de su compañero y susurró)-¿quieres volver a la cama conmigo?
Si, claro que quería, lo anhelaba, y un beso era preciso para la ocasión, para dejarlo contento y dejarle en claro su respuesta.
Mariposas jugueteaban en su vientre con total intensidad, por el moreno, por su relación. Afuera aun hacía frío, mucho mejor, <<creo que ya no necesito sacar las frazadas...>>, pensó extasiado, jugando con el cabello azabache del más pequeño y respirando su olor. Pasó varias horas preguntándose a sí mismo como es que podía estar tan satisfecho. Porque la vida había sido tan buena con alguien como él.
Ah, claro, el existía para Nicolás, y Nicolás lo había escogido, y ahora viviría para alguien más, un regalo de su amor, un perfecto lazo entre los dos, para toda la vida.