Youth Schemes (Varxod)
Aquí wachis, el epílogo y con ellos el final de una etapa. Las quiero cabras, que nunca muera el Varxod, nunca!
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Youth Schemes (Varxod)
Aquí wachis, el epílogo y con ellos el final de una etapa. Las quiero cabras, que nunca muera el Varxod, nunca!
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Guachita (Jaidefinichon Goth) Jaime/Nico
«Guachita»
Viñetas/Drabbles.
Autora: XanChan/Franmausoleum Clasificación: R-15 (Menciones sexuales) Fandom: Jaidefinichon GOTH Personajes/Pareja: Jaime/Nico Nota: Queridos míos, lo siento por un Fic tan malo. La verdad quise intentar hacer una cosa nueva. Una mirada nueva, ya estaba como aburrida siempre poner el punto de vista del Jaime o del Nico, así que esta historia es media rara, pero espero que se entienda.
Es un pequeño regalo a toda la gente del Fandom ¡Feliz 18! igual no tiene menciones dieciochenas, pero la intención es lo que vale.
No tiene betas, así que está escrito como el hoyo. <3
I
Noche vibrante, es como la llaman algunos santiaguinos. Acostumbrados a la atmósfera iluminada entre luces de neón, sensaciones culmines en el coqueteo de una sonrisa a unas palabras al oído el simple flirteo de las relaciones.
La música estratosfera sonaba de manera desmesurada en sus oídos, tan acostumbrada al ambiente vanguardista, como cada encuentro fortuito de una fiesta sin compromisos. La realidad de cada unión agradable entre conocidos; Las sonrisas, las risas gritonas, los susurros, los labios entreabiertos tomando cada bocanada de aire para seguir el baile toda la noche, si fuera posible.
Como mujer, acostumbrada a la nebulosa neblina de transpiración e instinto, mirando sin siquiera preguntarse si algo pudiera salir mal esa noche. Tomando casi de forma egoísta el néctar amargo y dulce de la bebida alcohólica, la bebida afrodisíaca para los momentos, y las iluminaciones efímeras.
Todo tan cómplice, aún si el mareo y el nervio constante se apoderaban de ella, sintiendo los largos cabellos caídos a lo largo de sus hombros desnudos. Su figura esbelta y pequeña no tan alta, y su movimiento de cadera asegurándose de ir hacia una danza inocente. La mente relajada y volátil, incapaz de anexar pensamientos coherentes, si no fuera por el sexto sentido innato que guardaba recelosamente dentro del corazón femenino.
Pero allí estaba, ese sentimiento inseguro que hacía que su corazón se contrajera repentinamente. Allí estaba, el latido constante de una situación incomprensible, allí estaba el coqueteo sublime de una química inexplicable.
Aún si no pudiera verlo, sentirlo o tocarlo. Nicolás era impredecible en momentos efímeros, surrealistas como los que ocurrían ahora, mientras veía con las manos sujetadas al vaso, pisando un poco la realidad de las imágenes. El mundo congelado a oscuras y ella observando frente a sus ojos que aquello era real.
Los movimientos lentos y acompasados de ellos bailando en un mundo aparte, un mundo en que era testigo de esa conexión irrompible, los roces tranquilos en cámara lenta.
Jamás podría llegar a ese nivel de intimidad. Jamás podría tocar algo tan intangible como la relación que él llevaba con el otro hombre.
Las miradas unidas, brillantes. Cómplices de una inmaculada concepción de amor.
Concepto de amor que no entendería jamás.
II
Comenzó una noche, típica. La junta de amigos, el rato agradable, y la radio encendida en cualquier estación de baile. Los vasos enumerándose en la mesa, el webeo constante de tallas y los sin fin de botellas acabándose.
Estaba acostumbrada casi como ritual, ir de vez en cuando hacia la cocina para encontrar algo que comer. Los demás se encontraban en su mundo, conversando, otros bailando, otros muertos temprano en el sofá, otros en la oscuridad. Y no tenía nada en qué pensar, porque tampoco estaba preocupada.
Si no fuera claro, por el bichito del recorrido que cada humano tiene en el instinto. El arte de andar para recordar momentos o simplemente observar cualquier situación. Ver si habían cosas extrañas que ocurrían en los carretes constantes en el grupo. Los triángulos amorosos, los cuartetos, los no correspondidos, los sufriendo, los alardeando.
Con ello comenzó a caminar.
Hasta que se topó con algo diferente. Decían que los gatos morían por curiosidad, no había duda que no sólo era morir, sino quemarse, quemarse de pie a cabeza, cuando escuchó una puerta media abierta voces reconocibles.
—J-Jaime... —
—Cállate... —Se escuchó un susurró. —N-nos van a escuchar.
—Jaime... e-esperate. —Un gemido suave, delicado. —Weón, ¿Podís calmarte un poco?
—Hay que hacerla rápida... —
—Ha... ¿Rápida?—
¿Rápida? Se repitió cuando las voces continuaban. Después de un rato entendió a lo que se refería aquello, pero no lo asimiló a tiempo, sólo oyó como los gemidos suaves y roncos sonaban por la habitación, pero no vio algo más.
III
Cuando deslizó los dedos por la pantalla del celular, había marcado el número de Nicolás. Quería llamarlo, después de las clases de fotografía que había tenido en el instituto.
Ya era costumbre como cada día, si no contestaba el whatsapp, llamaba sin dudarlo. Después de casi cinco años de relación no tenía por qué dudar. Lo conocía, sabía perfectamente que estaba en casa, ocupado, según él trabajando en este mundo interesante acerca de Youtube.
—¿Aló? —
—Hola Nico... —Respondió. — ¿Cómo estás?
—Hola Clau, bien aquí amor... —Una pausa extravagante y luego un silencio. — E-estoy medio ocupado sí...
—¿Qué pasa? ¿Estás grabando? —
—Hnn sí... —Otra pausa, y de repente risitas roncas del otro lado de la línea alejado. — Sorry...
—Ah... no importa, te llamaré más tarde. —
—Ya cariño... —
Muchas veces, las señales se encuentran así mismas. Llegan inesperadamente como el tiempo, esporádicas y continuas. Sólo que la mayoría de las veces no se toman en consideración, y ella sabía muy bien, como los momentos ocurrían sin esperarlos, la suerte, el destino.
El maldito tiempo.
—¿Cortó? — el sonido de la otra linea se hacía oír por el aparato telefónico.
—Sí.... ¡Oye! —Un movimiento fuerte, producto de algo cayendo en un lugar suave y acolchado donde se encontraba el celular. — déjame... ¡No weón!
—No le di color y ven. —
—Ya po´Jaime... para el webeo. —
—No te estoy haciendo nada, alaraco oh. —Ropa moviéndose. —ven... ven po weón oh.
—¿Qué querí? — Besos. — no me des besos... esper- — más sonidos de besos, caricias, piel, ropa moviéndose, roces.
Prefirió cortar. Ya no entendía nada.
IV
Debía sentirse mal, decía. La infidelidad no era algo con lo que estaba acostumbrada, pero era algo que no podía procesar por el simple hecho de que Nicolás jamás había insinuado un desliz. Si era cierto, haberle descubierto su pornografía, pero era algo normal que todos los hombres tenían en su computador. Sus amigos, sus primos, hermanos, tíos, hasta padres, ocupaban en su corazón un espacio para la pornografía.
El gusto de él, eran las asiáticas, porque muchas veces se obsesionaba con monas de animé, y aunque a ella le gustaban un poco tampoco llegaba a rayar en lo extremo.
Hasta que un día pensó en que no quería saber más de los gustos excéntricos de Nicolás.
Entendía la fotografía como un medio de comunicación hacia el mundo. La necesidad del hombre por comprender las imágenes más allá de la simple reproducción, el cuadro congelado y guardado por un recuerdo, una nostalgia vivida, vista para reencontrar una y otra vez. Sea buena, sea mala, pero allí estaba para colocarla entre sus manos, o simplemente visualizarla a través de la pantalla brillante. La entendía, porque sentía esa necesidad por captar lo sublime y lo bello de la naturaleza, un sentimiento romántico del siglo diecinueve que le hacía sentido en la mayoría de su vida, con su entorno.
El dialogo, la conversación entre imagen/palabra. Y por lo mismo, sabía la mayoría de los programas para editar, acercar un poco más a ese imaginario que poseía. —también Nicolás por la obligación de edición en sus videos.— Lo conocía tan bien, que podía abrir carpetas escondidas que tenía guardadas rigurosamente en el computador.
No las guardó para su memoria, no lo necesitaba. Pero eran imágenes que jamás deseó ver, o jamás deseo investigar. Nuevamente la curiosidad habida y vivida para quemarla. Un juego convertido en coquetería, conocido perfectamente entre parejas, humanos interesados sobre otros humanos.
Nicolás yacía ahí, con la cara sonrojada, presa manipulada por la debilidad del placer. Lógico, se dijo así misma. Después del tiempo infiel que aún no podía subestimar al punto de dejar un remolino de sensaciones para un término final. —No iba a investigar si era por el tiempo y costumbre que llevaba de relación. — La paja seguida de acabar con una rutina de años.
Por un momento pensó en que era adorable, pero otro lado sintió nuevamente la corrida envidia no sana de que su hombre estuviera en jugarretas en las que ella no participaba.
Estaba claro hacia quién iban dirigidas, estaba claro que Nicolás nunca había tenido la intención de querer guardarlas. Pero era mucho más claro, que dentro del corazón del moreno, el sentimiento confidente seguía intacto, quizás hace muchos años.
Decidió guardarse el rencor en el alma.
Por su bien.
V
Hay un punto en que el amor comienza a hacer derrochado. Un punto en que el calor guardado por dentro se esfuma de a poco, como la espuma al contacto con el aire. Como el acero en contacto con el oxigeno, oxidándose lentamente, colocándose amargo, volviéndose de un hierro anaranjado. Así como su corazón.
No sabía si había algo mal con ella, si la decepción era tan grande que había provocado un hueco en su pensar. Creer que era demasiado empática con las personas que le rodeaban cuando miró a Jaime a los ojos —en una junta casual como de costumbre, pololas, amigos, todos juntos como si las cosas por dentro no sucedieran. — Y lo comprendió, que no sólo se había quemado por fuera, sino que por dentro también.
La dulce mirada hacia su compañero, la dulce sensación de enamoramiento. El roce sutil de una caricia mínima, un intento de contacto en el aire, un intento de que las cosas no fueran así, oscuras, fueran escondidas o fueras prohibidas.
Y ella era tan empática que lo entendió.
¿Era posible? Lo fue.
Nicolás lo miraba, correspondiendole, pero a la vez atrapado. A él también lo había entendido.
Y ella se había perdido para siempre, porque ya no sabía que sentir.
Sus pies de repente desaparecieron. No sabía si realmente quería morir. La verdad no. Quería no entender. Quería llorar, pero no podía.
VI
Un día simplemente sucedió. No estaba en sus planes querer hacerlo, o querer ser testigo de algo. Aún si tenía en el corazón comprimido una bala pequeña y cortante que hacía que sangrara siempre.
Veía a Nicolás, a pesar de que éste se encontraba ocupado la mayoría del tiempo, o a veces en su defecto se juntaba con su mejor amigo. Lo besaba como si no hubiera un mañana, le decía a través de sus labios un «Por favor, termina esto ya» y le suplicaba a través de las caricias femeninas su intención, y aunque le correspondía de manera ferviente, sabía perfectamente que no era lo mismo.
Que era lo correcto.
Y ella no quería lo correcto. Ella quería lo real, aun si fuera doloroso y certero. Porque era lo normal, lo sincero.
Se despidió horas después, con la misma sensación angustiante —que se desarrolló quizás por la ansiedad. — y cuando supo quién venía a minutos de despedirse, decidió quedarse escondida, engañando su salida triunfante.
De verdad, no había querido oír. —Mentira.— de verdad había querido escapar. —No era sincera consigo misma.— Pero se sentía como un conejo cuando era enfrentado a una luz cegadora y grande. Era llevada por el umbral de la iluminación, sintiéndose atraída y atrapada de repente.
Pero cada cosa trae su consecuencia. Como ley que es, como vida y decisión. Como normativa.
Y cuando entró. —Porque conocía esa casa hace tanto tiempo, hace tantos años. — Lo vivió, se bañó. Había quedado completamente empapada después de una lluvia torrencial. Sintiendo el frío y espeso dolor a través de las gotas.
—¿Qué te pasa? — Habló Jaime sin contratiempos.
—Tenemos que parar esto. — Por un momento su corazón se sintió feliz, pero era eso, sólo momentos, momentos rápidos y cortos, como los flash back de recuerdos, no como un racconto grande y expansivo.
—No quiero. — Observó la figura un poco más robusta y alta, rascándose los pelos de la barba nervioso. — ¿Qué weá te pasa?
—Nada. —Cortó de inmediato, y conocía tanto a Nicolás. No quería heridos, no quería heridas. — Esta weá no está bien Jaime, no está bien.
—¿Ahora me decís esa weá? No, espera. —Nicolás se había acercado lo suficiente. — Me vas a escuchar, no puedes terminar esto así como así Nico, de verdad que no. —
—Paremos la weaita, en serio. ¡Weón, estoy con la Claudia! y vo´andai con la Evelyn, para tu weá. Par-. —
—No. — Jaime era, a su vez como un pájaro, volátil y triunfante. Libre en máxima expresión. Y ella sabía que se sentía acorralado, se sentía enjaulado, dispuesto a destruir sus alas para escaparse. —Yo no voy a terminar esta weá.
—... ¿Sabes qué más? Si tu no lo vas a parar Jaime, yo sí. — Y Nicolás era a su vez, una flor, descansando en una montaña, rodeada de verde y sol, rodeada de calor y armonía, dispuesto a quedarse en una instancia, en un principio y final. Nicolás era una naturaleza ingenua y genuina, destinada a una influencia. —
Sintió sus manos cerrarse al rededor de sus piernas, bien oculta en su escondite, en su caparazón momentáneo. Siempre había sido vouyerista de sus acciones, siempre estaba allí observando como su vida con Nicolás comenzaba a desmoronarse a un nivel superior casi intocable. No quería culpar nada, no estaba en su estilo culpar a las personas, no después de tanto estudio sobre lo hermoso que eran las conexiones, la sensibilidad, la mortalidad, lo instintivo y humano.
Pero el corazón se detuvo cuando lo vio. Jaime se acercó a él como hombre que era, brusco, duro y tenaz, peculiar de su terquedad. Como esa masculinidad marcada que tenía cada musculo en su cuerpo, con el ceño fruncido y los labios contraídos. El otro sin embargo se alejó, intentado detenerlo, pero lo veía, su mirada inquisitiva, su mirada esperando una oportunidad, su mirada terca también, como él mismo, queriendo y a la vez no ser participe de esa unión. Un beso brusco, un beso sin delicadeza, un beso mordido, un beso ansioso, un beso preso de una infidelidad conjunta, un beso de un escape.
Antes se había dicho que había un momento en que el amor comienza a derrocharse. Hay excepciones en que el amor no se derrocha por guardarlas al no ser correspondidas o desaprovechadas, hay momentos en que el amor comienza a hacer derrochado simplemente porque hay demasiado amor y no se sabe qué hacer con el.
Que comienza a resbalarse y salir del corazón y se transforma en acciones, simples y justas sin juicio alguno. Que la razón cognitiva no es tan dura como se piensa, que primero hay que sentirlo para hacerlo, pero hay veces, como ésta vez en que el sentir queda muy corto para todo.
Entiende lo femenino como algo delicado, pero también entiende lo masculino como algo frágil dentro del género perceptivo social. Entiende que Nicolás se sintió frágil y quebrado cuando las manos del otro comenzaron a tocarlo, a marcarlo y decirle en acciones que lo ama por sobre todas las cosas, que son tan torpes y obstinados que no son capaces de comprendelo, que ella estando lejos y aparte, pudo verlo simplemente con mirar.
Por una vez en la vida no se siente mal.
Aún si la voz aguda y a la vez ronca, llena de gemidos y llantos de Nicolás se escuchaba fuerte en sus pensamientos. Aquel ser que conoció hace muchos años y que por primera vez, lo vio de verdad. Que por primera vez, un Nicolás real apareció frente a sus ojos.
Pero, insiste nuevamente en que no se sintió decepcionada, porque no era esa palabra que estaba buscando.
La palabra no existe en su vocabulario, porque no sabe como llamar este sentimiento extraño. Aun así no se extraña botar lágrimas silenciosas, recorriendo a lo largo de su mejilla.
Después de todo era normal, había amado a Nicolás tantos años. No podía odiar, porque odiar hacia mal.
Odiar sólo ensuciaba los bellos recuerdos.
Abandona la casa sin ser escuchada. No sin antes escuchar un «Te quiero» suave y sincero.
VII
Por primera vez en la vida, ya no se siente confundida. Quizás debió verlo y sentirlo a su vez para comprenderlo. No odia a Nicolás porque nunca podrá hacerlo. No odia a Jaime porque él tampoco escogió enamorarse.
No puede culparse a sí misma porque supo siempre que entregó todo lo que podía entregar. No culpa a la gente de nada, porque la gente nada hizo. Puede culpar el tiempo quizás, pero el tiempo es demasiado relativo e importante. Tampoco culpa sus acciones, Nicolás no es de esos hombres, Nicolás simplemente sin querer se enamoró de alguien más.
La vida es así, llena de vueltas he idas. La vida es así, llena de sorpresas y conductas. El tiempo es el encargado de hacer girar estos apelativos, el tiempo se encarga de enfriar o calentar la esencia de la humanidad.
Y en una noche como ésta, así. Esta noche vibrante como lo llaman los santiaguinos, decidió amar entre las luces de neón, encargadas de la atmósfera del lugar.
Quizás ya es momento de derrochar amor también, porque no era malo, tampoco era realmente bueno, pero ¿Cuándo una cosa tiene un simple lado? Nunca.
Y aunque los mira a lo lejos, tomando con fervor el vaso medio vacío de Vodka con naranja, no puede más que sonreír con ternura, las acciones tan unidas y escondidas a la vez.
El amor a veces, llega a ser un espejismo del alma, pero nunca hay que intentar esconderlo.
Jamás.
Fin.
Rebelión Sedición (Jaidefinichon Goth) Edgar/Yelo Capitulo 14
Aviso: Lemón (Cocoro roto)
«Sedición» "Here in my room"
Respiró con dificultad cuando sintió las manos posarse sobre su pecho. Nunca antes había sentido esa necesidad urgente de dejarse llevar por la sensación, de dejarse llevar por un deseo simple y apretado. Quizás un poco egoísta después de todo, pero sin dudarlo algo que había reclamado con pasión.
Pasión, una palabra desconocida dentro de sus características. Algo que poco a poco lograba sentir mientras era acariciado con cariño, a medida que los pasos se volvían torpes. Sabía dónde estaba llegando, sabía la dulzura de sus labios cuando cruzaron el umbral oscuro de la habitación y sumarse a una oscuridad profunda, llena de simbolismos.
Había notado lo tibio del otro cuerpo. Llegó a notar lo caliente que podía llegar a ser cuando sentía de a poco la respiración acompasada de suspiros, mientras besaba y tocaba con parsimonia la piel expuesta del cuello. Y el olor afrodisiaco que emanaba.
El alcohol en la sangre era una excusa barata. De hecho ni siquiera había pensado en lo delicioso que se sentía tener el aliento cálido cerca de la boca del otro, sentir el aroma a Ron y cerveza, sentir esa combinación embriagante de la profundidad de sus respiraciones.
Era un hombre romántico, debía reconocerlo. A pesar de que obedecía a la naturaleza tal como era en su expresión, el sentimiento era lo que dejaba que llevara su humanidad. Se sentía extraordinariamente suave, volátil como si hace poco hubiera fumado de la más verde, guiándolo hacia un paraíso que ni él mismo conocía, pero que después sabía de ante mano que lo llevaría a un fin.
Lo miró a los ojos, deteniendo su actuar lento, casi hablándole a través de la mirada, rogándole que por favor aquella noche no fuera una más donde rompería las reglas, que las cosas sucedieran como debieran ser, por algo sentimental, por algo más fuerte que el propio impulso de consumir de a poco la sensación.
Manuel le sonrió despacio, preocupándose profundamente de comprender aquella mirada rogante, acarició la mejilla del más alto, sintiendo como los ojos aguados por la oscuridad de la habitación comenzaba a molestarle, pronto vería a Edgar sin más, expuesto en todo su esplendor, sintiéndose profundamente agradecido por dejarlo conocer aquello que tanto había ocultado a cualquier ser humano. Muy pronto se paró de puntillas para comenzar un nuevo beso, pero esta vez sin demanda, sólo dejándose querer, disfrutando del movimiento entre los labios.
Y aunque los gemidos leves que producía el más alto eran de satisfacción, no cabía duda que ese hombre delante de él, era lo más maravilloso, como cuando lo conoció la primera vez. Sin embargo, no quería seguir pensando más allá de un sentimiento correspondido. Él lo había buscado sin arrepentimiento, mandando todo a la mierda. Dejando las caretas atrás, y preocupándose únicamente del presente que los envolvía.
Edgar lo abrazó con ganas pegándolo más a su cuerpo robusto, sintiendo la delgadez del cuerpo del otro. Nunca había sentido tanto, nunca, aunque tampoco tenía por donde comparar, era primera vez que estaba tan cerca de un humano tan parecido a él con un olor que lo enloquecía por completo, dejando los prejuicios que naturalmente los tenía sujeto en los genes, aún si Manuel era un beta con una característica genética muy parecida a él, nadie le había hecho sentir esos sentimientos tan únicos y nuevos. Nadie, ni siquiera en su juventud, ni siquiera a sus veintidós años.
Y aunque todo era nuevo para él, pensaba en la diferencia notoria entre un cuerpo de mujer al de un hombre, parecido a él, conocido tan bien, pero a la vez tan diferente. Si bien Manuel no era un hombre a su altura, con su mismo porte o anchura de huesos a la par de sus músculos, tenía todavía la masculinidad marcada en él, no era necesariamente pequeño, ni era tan débil como para pensar en romperlo en mil pedazos si lo tocaba más allá. Era simplemente un cuerpo de hombre, acompañado de una igualdad.
Mientras el beso continuaba su ritmo lento y dulce. El interés atacó más sus instintos queriendo más, tocando más, quebrantando el primer límite, abajo del poleron procurando en un acto tan tímido acariciar lentamente la piel cremosa y blanca, descubriéndolo donde la textura lo agudizó aún más.
Lo guió hacia la cama, y estaba escuchando las melodías de la radio que no había apagado cuando salió de la habitación. Todo era tan extraño, el momento, las coincidencias de la vida tocando continuamente las melodías de su banda favorita. ¿Acaso la weá no podía ser más cursi? Rio en sus adentros, las weás de la vida eran tan extrañas aún en la situación en la que se encontraba.
Dejó la timidez un poco cuando sintió que Manuel también empezaba a acariciarlo, buscando torpemente su espalda por debajo de la ropa. Ahí comenzaba, ya no había vuelta atrás y dejó completamente su cuerpo a su merced, entregándose sin más, dejando de lado el miedo.
El rubio despojó las ropas primero, quizás en un intento de calmarlo o de hacerle sentir que todo iba a estar bien, que no se arrepentía de nada y que se dejara llevar por lo que sea que estaba ocurriendo en la habitación, mostrándose ambos su desnudez, llegando a notar el leve sonrojo que ambos cuerpos blancos no podían esconder, entre suspiros y respiraciones fuertes, inclusive gemidos que se escapaban inconscientemente cuando el ruliento de pelos largos rozaba sin querer un punto expuesto del abdomen del más bajo.
Manuel era notoriamente lampiño, a comparación de Edgar, aquella oposición de cuerpo podría llegar hasta ser adorable si se miraba de algún Angulo. Con los dedos temblorosos descubriendo aquí y allá, bajando asombrosamente entre el cinturón del más bajo procurando que éste lo sintiera en su totalidad, acariciando con suavidad notando como el suspiro se incrementaba en sus cuerpos y la transpiración acaloraba la habitación.
Ya después de un momento sólo se escuchaban gemidos roncos, típicas de voces de hombres. Manuel tenía una tonalidad un poco más nítida que Edgar, que quizás por el momento la voz ronca acompañaba su deseo sexual en plena sinfonía y lo caliente, lo caliente casi hirviendo entre las pieles tocándose.
Puta, sabía de antemano que Manuel no podía reproducir por sí mismo una lubricación natural, no era un omega. Y lo que menos quería para su primera vez era que éste lo pasara mal de esa experiencia. Apretó con fuerza las caderas del otro y con suavidad comenzó a juguetear con la entrada que increíblemente no estaba tan apretada como solían decir. Lubricó con su saliva unos dos dedos y comenzó a introducirlos, procurando que Manuel se sintiera tranquilo, la posición no era la mejor quería verlo de frente, no quería perder ninguna expresión.
—E-Edgar... — escuchó entre gemidos y divisó la cara de urgencia. — Yo...
—Shhh... —Silenció robándole otro beso tranquilo mientras lo daba vuelta y se posicionaba entre sus piernas, lo miraba directo comenzando a entrar despacio. Pensando que se correría ahí mismo al ver como la expresión del rubio cambiaba drásticamente a una de lujuria en totalidad.
Conchetumadre, no podía medir el incremento de sensaciones y sentimientos que sentía a medida que entraba en él y lo sentía por completo, el cómo su miembro era cubierto en todo su contorno apretándolo apresuradamente. Manuel lo deseaba como a él, y se contraía por dentro con ganas. Los mechones rebeldes de sus rulos comenzaban a molestarle porque había empezado a sudar frío y caliente con todo lo que estaba ocurriendo.
Comenzó a moverse, mirándolo intensamente, observando los gemidos fuertes que el rubio exclamaba en busca de un clímax como él. Y el sonrojo, se hacía notar mucho más ahora que se había acostumbrado a la oscuridad de la habitación. Puta que era rico el weón, puta que le tenía ganas, puta que quería comérselo entero, puta que quería fundirse por completo en aquel cuerpo.
Agarró los mechones rubios entre sus dedos y comenzó el tan inexperto vaivén, procurando de encontrar ese punto para que gritara una y otra vez, y se corriera mil veces si así lo deseaba.
Gritos, entrar y salir, así un ciclo infinito que no se acababa nunca. Que quería que fuera eterno, que esto no terminara porque después no sabría cómo sacárselo del corazón, rompiendo todo aquello de neutralidad que quedaba en su pensamiento. Queriendo marcarlo y decirle al mundo que le pertenecía, que él también era suyo y de nadie más, que no había más allá que ellos, que eran únicos. Que la sangre importaba un pico, y que entre betas hombres no era sólo esta realidad, que era más allá que el simple deseo de follar. Que puta, que sentía amor por muy mamón que sonara.
Así fue como después de un rato buscando la mano cálida que agarraba las sabanas con fuerza, y la otra en su espalda la tomó en un gesto de fusión irremplazable, corriéndose como nunca antes en su vida, procurando llegar hasta el fondo y sintiendo como el otro machaba apresuradamente su abdomen.
Todo había sido tan fuerte, tanto que de repente todo quedó en negro y sólo sintió la respiración agitada a su lado, cayendo de a poco en la somnolencia, quedándose profundamente dormido entre tanta sensación.
Había sido maravilloso pensó Edgar, mientras recordaba aún sentado en las mesas de la sala. El sabor ácido del recuerdo le achicó el corazón una vez más, porque evitaba acordarse de los momentos tan claros y puros que escondía en sus memorias.
No sabía cómo era el amor hasta ahora, hasta que había cruzado esa línea entre la amistad y el querer con respecto a Manuel. Suspiró derrotado con la angustia en el pecho cuando recobró la última parte de tan hermosa imagen, nunca antes se había sentido tan derrotado cuando dejó que la balanza se cargara hacia un lado que él no estaba consciente que sucediera, pero era ingenuo, demasiado y el dolor era parte de la vida.
Suponía.
A la mañana siguiente de ese encuentro, se encontró así mismo como un extraño. Sin noticias del Nico, ni de Jaime, completamente solo en la habitación, y el vacío inundó su corazón. ¿Por qué? quizás estaba siendo apresurado, pero algo le decía que no era natural todo lo que estaba sintiendo.
Se sentó con lentitud en la cama pequeña que era del Manuel. Observo a su al rededor y el día nublado le comentaba que ese día no sería el mejor. La radio estaba apagada, nunca supo en qué momento el artefacto había sido apagado.
Se vistió sin apuros, buscando sus pantalones, polera, y chaqueta por ahí tirados en la habitación. Cuando terminó ni se molestó en arreglarse verdaderamente. No tenía caña, ni tampoco un dolor de cabeza desmesurado, sólo molestia, que se localizaba en el pecho. Llegó hasta el living encontrándose en la cocina con un Manuel ya vestido y con los ojos cansados.
—Hola... —Saludó Edgar avergonzado. Acercándose cuidadosamente hacia el rubio. —
—Hola. —Correspondió Manuel sin mirarlo realmente. — ¿Cómo dormiste?
—Bien... —Respondió. La frialdad le estaba pegando fuerte en la atmosfera. — ¿Todo bien?
—Sí, todo bien. — Edgar asintió inseguro, mirando su al rededor, viendo como estaba todo desordenado por la fiesta de anoche. —
—O-oye... ¿Te ayudo a ordenar? — preguntó ingenuo.
Hubo un silencio pequeño, hasta que Manuel lo volvió a mirar a los ojos. — No, no te preocupes... —Susurró despacio, hasta a tomarle la atención. — Oye... Edgar, tenemos que hablar. — El más alto sólo lo miró en silencio, aceptando la conversación. — Lo que pasó anoche fue... algo... qué bueno, no sé. —
—¿Qué? — atinó a decir, sin entenderle en absoluto.
—Puta que no debió pasar po, eso. — cortó sin más. — Eri un tipo bacán, pero... puta creo que no fue correcto haber hecho lo de anoche. — El ruliento siguió mirándolo quedo en silencio. — dejemos como que esto no hubiera pasado ¿Dale? sorry... —
—Ya... —respondió. No sabía que decir, tampoco tenía ganas de preguntarle ni exigirle realmente una explicación de por qué había sucedido todas esas cosas. Él pensaba que sentían algo más que simple calentura, él pensaba que no era el único con el sentimiento en su interior. — Y-yo... me voy entonces. —
—Dale... — siguió acercándose un poco más. — Oye Edgar... sorr-
—No, no te preocupis. Si necesitai ayuda pídemelo nomás... tení mi cel, gracias por todo. —
Huyó sin más, sin mirarlo, porque pensaba que si seguía ahí terminaría quebrándose un poco más. Terminaría matando un poco más la pequeña calidez que se había resguardado entre sus sentimientos.
Se había equivocado tanto. ¿Y por qué? todo había sido tan rápido, no había pensado en las consecuencias, no había pensado —No había querido. — en pensar en el futuro que le perseguía a causa de sus acciones.
Cuando volvió a la realidad actual, miró con tristeza la ventana que le dejaba ver el paisaje. Aún le perseguían esas cosas, le perseguían los recuerdos y el mal sabor en la boca, como en el pecho. Después de esa vez, no habló más con Manuel, ni siquiera había tenido un rastro de su presencia en la universidad, aunque estaba claro que en algunas clases lo veía, sin cruzar palabra alguna, sólo la sensación molesta de saber que hiciste algo que anhelaste demasiado, y que de repente se perdió en la vida.
Decidió dejar de maltratarse y comenzó su camino hacia su casa. Se regañaba mentalmente de que siempre, en el momento nostálgico le comiera el bichito de ahuyentarse con los momentos. Por lo que debía pasar a su casa, más tarde otras clases comenzarían en ese mismo salón y ya no le ataba ningún otro ramo en el día.
Lo penca era saber que a veces el destino era muy conchesumadre, porque cuando salió sin querer se topó a los lejos con Manuel, hablando animadamente con otro tipo. Hasta que en una de esas sus miradas fue correspondida, haciendo que él evitara cualquier tipo de contacto.
Manuel le hacía mal, no quería saber más. Preferiría evitar, aún si así no resolvería nada de las circunstancias.
Salió corriendo hacia la dirección para tomar rumbo hacia su hogar.
No más Manuel.
Al llegar a la casa, tiró sus cosas al sofá. Ese día sus papás no se encontraban, no tenía deseos de verlos con su cara de mierda, lo peor de todo es que su mamá siempre cachaba cuando se sentía mal y lo hostigaba hasta sacarle algo. Pero si le contaba el error que había cometido, todo el cariño que su mamá le profesaba terminaría en el wáter, corriendo a través de la cañería.
Suspiró pesadamente sentado en el sofá, hasta que un sonido le extrañó, provenía de la puerta. Curioso caminó hasta abrirla y vio algo que le dejó impactado.
—¿Nico? — preguntó sin más y sin dudarlo salió fuera de la casa para socorrerlo.
—E-edgar... —
¿Qué mierda? ¿Por qué el nico se encontraba en ese estado frente a su casa? ¿Cómo chucha había llegado hasta allí en esas fachas? Se encontraba en bata, con los pies sucios de caminar tanto. Lo abrazó protectoramente, viendo como Nicolás caía lentamente inconsciente en sus brazos.
¡¿Qué mierda pasó?!
Rebelión Sedición (Jaidefinichon Goth) Edgar/Yelo Capitulo 13
«Sedición» "Yellow Ledbetter"
Nunca le había molestado de por si, su sangre. Aquella que lo caracterizaba tanto de tener una vida pacífica, al lado de la paciencia, la ternura y tranquilidad. ¿Y para que más? Si de por si su vida era una dicha comparado al lado de su mejor amigo de la universidad. Lo pensó un poco después de haber reflexionado aquello, definitivamente gracias a lo que sea que estuviera controlando el universo había nacido y crecido con sus genes betas, casi como si realmente hubiese sido un humano normal a diferencia del resto de la jerarquía, no tenía la necesidad de luchar, ni sacrificarse. Sólo observar y mirar como los demás se mataban por poder. Pero debía reconocer que a veces era aburrido. No era especial, ni milagroso, nadie luchaba por él, ni peleaba tampoco, nadie lo miraba. Se encontraba allí para salvar quizás, mantener el equilibrio de las cosas, el orden, la restauración. Era neutral en todo sentido, incluyendo sus propios sentimientos.O por lo menos eso creía, hasta que conoció a Nicolás, y el orden cambió. No era de por si un personaje frío, su calidez lo expulsaba en cada milímetro de poro en la piel. Las sensación también, era cosa de acercarse y encontrar a una persona maravillosa, escondida en un cuerpo macizo, alto y grueso. Y lo supo en el momento en que Nicolás se lo hizo ver, con sus gestos, sus cariños de amigo, su cordial naturaleza en la sangre que siempre se lo recordara. Nicolás era importante, porque le hacia sacar a flote todo lo importante que por dentro poseía como ser humano, y no como un mero instrumento de batalla entre las jerarquías más poderosas.
«Un beta era, simplemente un artículo más para el mandato del alfa»
Había escuchado esas frases tan simples a través de su padre, aquel que le enseño todo acerca de los comportamientos. Provenía de una familia que ayudaba a la manada principal de donde provenía. Pero era eso, se sentía usado como marioneta cuando le recordaban constantemente que él sólo era un peón más. Y a pesar de que naturalmente era imposible consentir odio u resentimiento hacia los alfas, era inevitable no pensarlo, pero su sangre traicionera y reveladora le mostraba que aquel resentimiento no servia de nada para vivir en ese siglo, en esa vida, en ese momento o minuto. Suspiro un par de veces, contemplando la mirada serena hacia el ventanal grande de la pared en la sala. Nicolás no había ido hace bastante días, y por más que intentará localizarlo a través del celular, éste no contestaba. ¿Estaría bien? Aquel omega que le hizo sacar más de una sonrisa o carcajada estaba desaparecido de su vida. Todo iba tan bien hasta que mostró signos extraños los días que había venido a la facultad. Vómitos, mareos y desmayos, todos aquellos síntomas extraños que indicaban lo más lógico en un omega. Embarazo. Quizás era el momento más importante para el omega y sin embargo él como mejor amigo no estaba allí para ayudarlo. Se sentía mierda, se sentía traicionero, a pesar de que su culpa no era total. Tecleo un par de veces mas asegurándose de verificar bien si Nicolás le había respondido algún mensaje o llamada, pero era inútil, por mas mensaje y llamadas que mandaba no recibía ninguna respuesta. Había buscado a Jaime por toda la universidad también, pero tal parecía que el alfa con carácter de mierda no estaba asistiendo. ¿Por qué repentinamente todos desaparecían? No es que se sintiera solo, es que simplemente pensaba que algo malo y grande estaba pasando. Y por otro lado, su vida. Faltaba poco para que la universidad en si terminara. La carrera y sus estudios. La penca obligación de asistir a su peor pesadilla, terminar los estudios, y tener que soportar todo el significado de ir tras el jefe superior todo el tiempo, porque como tal él nunca podría ser un jefe, él nunca podría sobrepasar a la sangre dominante. Aún si quisiera, aún si lo deseaba. Quería que el tiempo pasará más rápido, como cuando disfrutaba de los carretes tranquilos en la U, como cuando disfrutaba de la cerveza, la música tranquila de sus- «Ah yeah can you see them Out on the porch yeah but they don't wave I see them round the front way yeah And I know and I know I don't want to stay Make me cry» Canciones favoritas. Fue entonces como recordó el famoso episodio vivido hace un mes, cuando tuvo la maravillosa idea de invitar a Nicolás y Jaime al tan famoso carrete del susodicho. Había querido olvidar todas aquellas emociones, porque no estaba bien para él tanta improvisación. Y se sentía confundido al punto máximo de los nervios, primero porque ninguna feromona excesivamente perturbadora lo había obligado a participar de sus actos. Y segundo porque entre betas no existía afinidad alguna, menos si es de dos hombres, menos si el otro aun conservando ciertas similitudes omegas en un porcentaje inferior, muy inferior al común lo llevara a cometer adulterio. Pero se sintió inevitable, en el momento en que tomó ciertas chelas, y aprovecho de fumar quizás un poco de la tan sagrada marihuana, para relajarse, para dejarse llevar del común social que regian entre jerarquías. Incluso se sintió muy feliz de compartir con el alfa cuando conversaban junto a Nicolás y los observaba muy acaramelados, muy unidos, muy cierto para ser verdad. Se había sentido algo celoso de que su buen amigo Moreno, más bajito que él compartía un cierto destino caprichoso con el ruliento de pelos corto que los acompañaba. Eran celos, o por lo menos esa excusa tan básica quería creerla. No tenía ninguna intención más allá, compartir, webiar, conocer alguna beta o omega y enamorarse. Era su plan de futuro lejano, pero que quería con total corazón se acercara travieso hacia su encuentro. Nunca imaginó que entre la nebulosa música reggaetonera, fuera la causante de hacerlo explotar un poco. Si había algo que Edgar mencionaba seguido, era su buen talento artístico sobre estas áreas, la música era algo importante en su vida. Su querida amiga guitarra la acompañaba la mayoría de las veces a practicar un poco el oído y el corazón, como también su paz. Sin mencionar claro, su gusto secreto por el grafito, y las hojas de croquis escondidas en su escritorio de su habitación. Pero pocos sabían de esta gran afinidad por la música, y el talento que tenía, más que Nicolás que lo conocía muy bien ya después de años en la universidad compartiendo y cantándole canciones para disfrutar del buen compañerismo al lado de su chelita fresca. Pero como tenía tan agudo el oído y tan acostumbrado a sentir un tipo de música, cuando el reggaeton comenzó a evaporarse, buscó una habitación para pensar en otras cosas a parte del ambiente caliente que se sentía en ese momento. Y una vez que encontró una pieza al azar como era costumbre, se encontró con ciertas curiosidades. Se rascaba la barbilla con cierta intención, por inercia quizás, al momento que se acercaba al rincón de la pieza y veía una guitarra relativamente nueva, sin ser tocada o usada, sonriendo infantilmente a encontrar un compañero de la nada en ese lugar desconocido. Sin pensarlo dos veces, la saco de su posición y la limpio un poco del polvo, mirándola cómplice, casi si le dijera; hola nena, veo que estás sola esta noche. Y con risas weonas en el rostro, la colocó para tocarla. Siendo traicionado por la manía, tocó sin remordimiento acompasado al sonido de los acordes, que sinfónicamente se juntaban para armar una melodía, una melodía que adoraba de su grupo favorito. Canto un poco despreocupándose si alguien lo estuviese viendo, sabia de antemano que todos se encontraban en el living/comedor bailando su perreo intenso, mientras que él disfrutaba un poco el sonido dulce de las cuerdas musicales. —Eri todo un romántico ¿Sabi? — la voz que escucho lo hizo saltar de improviso, dejando inmediatamente de cantar, mientras se escuchaba el silencio acompasado de unos ojos mieles oscuros mirándolo desde la puerta de la habitación. —M-me asustaste cabro culiao... — atino a decir un poco sonrojado, dejando de lado la guitarra en el suelo. —¡Ah! Pero no deji de cantar, cantai lindo Edgar. — siguió escuchando mientras veía como el rubio se acercaba lentamente hacia él, sentándose a su lado en la cama. —V-vale... —
—No sabia que te gustaba Pearl jam... — continuó buscándole conversa de manera alegre, mientras lo miraba. El nerviosismo era chistoso, era extraño que se hubiese sentido sumamente nervioso porque alguien además del Nico había descubierto uno de sus secretos. — Eh... Si, son bacanes, me gustan desde hace caleta. — —Ya weón, si tampoco es pa tanto ponerse nervioso. Sé uno de tus secretos nomás. - le dijo mirándolo travieso, mientras se metía las manos al poleron oscuro que llevaba puesto. — A mi también me gusta esa banda, de hecho tengo un cd original de ellos. Lo guarde porque igual es valiosa la wea. Qué raro que nunca lo hayas comentado. — El ruliento más alto lo miro incrédulo y con calma comenzó a tranquilizárse, dejando su pose defensiva.— Que bacán, ¿Sabi tocar yelo? ¿Esta guitarra es tuya? La mirada de Manuel se suavizó considerablemente, mostrándole una sonrisa poco después. — hahaha, sí. Pero la verdad la tengo terrible botada, me la regalaron mis papas hace mucho tiempo, cuando andaba en la volá de querer tocar. Igual no sirvo para la wea, soy muy manco. Las risas dentro del lugar, no se hicieron esperar. — Que eri weón, está súper bonita, tenis que cuidarla más. — —Ah... Si no es para tanto, de vez en cuando la limpio. — el ruliento grande lo miró acusador con una sonrisa en el rostro. — Puta ya, hace tiempo que no la he limpiado, pero lo haré. — comentó el rubio alegre, mirándolo a los ojos con armonía. — Yapo, ahora que conozco tu secreto, tócate una wea. Edgar lo miró riendo comentándole — Tss... ¿Qué wea queris que te toque cochino? — las risas se habían hecho más ruidosas. Y todo había sido súper cálido en ese momento, se había sentido descubierto. Pero sabia que la compañía de Manuel era bastante agradable. Habían conversado su resto, compartiendo más allá que las palabras obvias en las salas de clases, como cuando se conocieron y el más bajo le pedía ayuda con algunos ejercicios de matemáticas. Manuel le caía bien, le entregaba una sensación de paz, parecida a cuando el Nico le sonreía con naturalidad y le contaba weas chistosas de la vida. El rubio era diferente pero aquello le llamaba la atención, no estaba tan bebido, no tenía ni pensado siquiera en imaginar alguna situación más allá en compartir charlas amistosas con él, pero de repente los ojos mieles más oscuros que los suyos lo llamaban tranquilamente, como el olor leve que transmitía el cuerpo más pequeño. Hizo lucido todo aquel pensamiento irracional, pensar en aquellas cosas no estaban para nada bien, especialmente cuando lo miraba escuchando la melodía de Pearl jam de fondo, cantando algunas estrofas, y relajándose notablemente. ¿Qué ocurría con él, precisamente? Era un aweonao por no saber la verdad. Pero quizás dejaba que los impulsos y la naturaleza siguiera su curso nomás. Después de todo él sí confiaba plenamente en lo que la naturaleza decía, el caos y La Paz. Se sentía uno con el fondo cuando pensaba en esas cosas, se sentía en equilibrio. Y el momento entre esa calidez apasible que hace mucho tiempo sentía en su vida, comenzaba inundarlo. Mostrando la felicidad en él, en un momento mágico y místico. Fue así hasta que cuando aterrizó a la realidad, había sentido unos labios más delgados que los suyos en su boca. Se asustó de manera ferviente, pero de algún modo no le molestó, sólo quedo impactado, sin poder reaccionar y sus ojos abiertos, que automáticamente sin querer había soltado la guitarra que había tomado anteriormente. —Chucha... Sorry Edgar. — escucho decir al otro, viendo inmediatamente como Manuel se alejaba de la habitación dejándolo completamente solo. Y para más remate con su canción favorita de fondo sonando en la pequeña radio con cd, vieja y degastada. ¿Por qué? ¿¡Qué weá acababa de pasar!? Y él iba a buscarlo, levantándose de su asiento en la cama, hasta que dio unos tres pasos y se detuvo. Se preguntó por qué iba a su encuentro, porque lo iba a perseguir hasta toparlo después, ¿Qué le diría? Un oye por qué hiciste esa weá, no convencía el todo. Si él no era, así. Si el Yelo sentía una atracción hacia él no quería romperle el corazón al rechazarlo, después de todo cuando uno se siente atraído a alguien no había culpables en ellos más que el porvenir. Así que con paso decidido fue a buscarlo, para conversar, para arreglar las cosas. ¿Arreglar que? Nadie había roto una regla, y a pesar de que él lo había sentido. Esa necesidad impulsiva de querer acercase más, mucho más, había que hablar algo, un intento de algo. Por ultimo para arreglar su caos interno. Cuando llego hacia el lugar bailable con la música a todo chancho, de reojo lo busco entre la multitud de gente, topándose con una imagen desconocida. Jaime tenía abrazado a Nicolás con sumo afecto, tan juntos y tan mezclados a la vez, que se le hizo un pequeño nudo en el estomago. Un sentimiento de felicidad, pero a la vez melancolía, siempre había supuesto de algún modo que aquellos compartían un hilo, que tarde o temprano los uniría, y sólo por ello dejó que siguieran juntos en esa acción tan romántica. Él no era nadie para interrumpir tal momento, y sin embargo se encontraba preocupado de encontrar a Manuel para resolver las cosas inconclusas, un perdón por último. Encontró por el camino varios vasos de alcohol, y le importó un pico quitarle el copete faltante a la gente que estaba más preocupada de conversar, gritar o agarrarse, que seguir sintiendo esa amargura en la garganta, por lo que sin pensarlo tomó cada sorbo escondido por ahí, hasta que sus ojos lograron enfocar la cabellera rubia. Quizás el copete no servia de nada, quizás lo había hecho porque necesitaba una excusa para recriminarse en seguir en esa situación cuando podría olvidarla. Camino hasta posarse al frente, y como era de esperarse Manuel automáticamente comenzó a huir sin tener éxito. Pero lo contuvo, lo dio vuelta y lo pego suficientemente para mirarlo a los ojos. —Manuel... — susurro lo suficientemente fuerte como para que el rubio lo escuchara. — ¡Manuel! —Qué... — contesto el más bajo evitando la mirada. — ¿Qué Edg- —Pico... — interrumpió. —¿Edgar? — —Que pico con todo conchetumadre, en serio, pico con todo. — No sabia que decir, no sabia que sentir tampoco. Más que sentir como el equilibrio se rompía en mil pedazos al momento en que impulsivamente lo agarraba de los hombros y con dulzura depositaba un cálido beso, suave y demandante beso. Como nunca antes dejo que el cuerpo hablara, y dejó que su instinto también participará, así como lo fue con sus dos amigos, el pensaba que sintiendo como se desmoronaba su mundo, volvía a palpitar con fuerza su corazón. Y que sin dudarlo, no era el único que sentía aquellas emociones tan fuertes, porque poco después el beso cálido, termino transformándose en dominancia, salvajismo y necesidad. La balanza había calibrado hacia un lado desconocido que ni él mismo sabía que existía.
Apodyopsis (Jaidefinichon GOTH) Jaime/Nico [Viñeta]
«Apodyopsis»
Viñeta Autora: XanChan/Franmausoleum Clasificación: R-15 Personajes/Pareja: Jaime/Nico Fandom: Jaidefinichon GOTH
Sólo era un ruido. Un ruido que taladraba de alguna manera suave y contundente cerca de sus memorias, aquellas confundidas escondidas entre las sensaciones más remotas. Nunca había tenido problema alguno en reconocer su carácter poco apacible frente a las situaciones, menos hacerse cargo de éstas, pero era natural que intentara satisfacerlas a través de un sabor fuerte y amargo por las mañanas.
Sólo para olvidar quizás, lo que no quería memorizar.
Pero era inevitable que acudieran, mientras el sabor fuerte se deslizara sobre su pupilas gustativas, lo mantenían despierto y sujeto frente a la realidad, que pisaba con sus pies descalzos acostumbrándose a la baldosa fría.
No era realmente bueno que esto ocurriera una vez por semana. Y lo tenía bien claro cada vez que sentía esa necesidad de tomarse un café por las mañanas, incluso llegó a pensar que si él pudiera acudir a algún adictivo además del café, lo reemplazaría por un cigarro matutino.
Pero él no fumaba, por lo que estaba acostumbrado a solicitar el sabor fuerte en sus labios y por un momento olvidar el otro sabor de su gusto.
Se apoyó sobre sus codos en la madera barnizada, dió un suspiro prolongado. La taza de café comenzaba a acabarse nuevamente, y no tenía ganas de levantarse a hacerse otra, a pesar de que el agua en el hervidor aún seguía caliente.
Caliente como sus recuerdos. Calientes como su cuerpo, caliente como sus costumbres, caliente incluso como sus gemidos que no lo dejaban tranquilo. Pero lo perseguían, asegurándose de que él los recordara a la perfección y que contrarrestaran la sensación ambigua que sentía su corazón en ese entonces.
«Siempre es lo mismo»
¿Qué estaba mal con él? No estaba enfermo, eso lo sabía bien, entonces... ¿Por qué? Viró sus ojos castaños hacia la escalera que permanecía oscura, aún en el alba, la sombra destacaba aún más la silueta ausente de su figura sentada en la gran mesa del comedor con la taza ya vacía.
Se acarició los mechones cortos rulientos, e instintivamente pasó hacia su barba con algunas tonalidades rojizas. No entendía esta sensación extraña que sentía hace algunos meses, cuando comenzó esa costumbre rara de que su mejor amigo lo visitara una vez por semana.
Y entonces, él repentinamente escuchó los pasos bajando descuidadamente por los tablones de madera. El sudor frío lo atacó, la tensión en su mandíbula se contrajo, los escalofríos no quedaron atrás inundándole el cuerpo de nervio.
Ha, no. Siempre ocurría cuando escuchaba los pasos bajando de manera somnolienta y espontánea.
—Hola, Jaime. — Sus ojos clavados a esa figura que conocía bastante bien, aquella que reconocería en cualquier parte.
—Hola, Nico... —Saludó despacio, asegurándose de cargar cada palabra para que fuera escuchada.
Y como siempre el otro le contestó con una sonrisa, sincera y tranquila.
Ahí iba de nuevo, el espectáculo de observarlo con la mirada de manera penetrante, de manera defensiva, esperando a que el otro hiciera un contacto más profundo, más íntimo. Pero no, sólo lo veía ahí, con la sonrisa en el rostro, que cambiaba radicalmente a un rostro sensual, un rostro algo dócil lleno de complicidad, un rostro que era dirigido hacia él, único a él.
Tragó en seco, cuando observó que el otro cuerpo, comenzaba acercarse lentamente, moviéndose de manera felina, gatuna para su mala fortuna. Y no pudo evitar comenzar a dedicarse a apreciarlo de manera ferviente, acalorada y febril.
La polera algo grande que tapaba un poco más allá las caderas estrechas, comenzaba a desparecer lentamente, torturándolo de a poco, haciendo que durara su tiempo, dejando ver el límite que podría cruzar en cualquier momento.
Y fue cuando no dudo en verlo, así aún con la sonrisa cómplice, procurando que lo viera sin tapujos ni ataduras, que lo viera a él sin asco, ni repulsión, sino más bien con deseo. Aquel deseo que tanto reprimía en sus encuentros, porque no era natural, porque no estaba en sus planes que la situación cambiara en los meses que habían llegado.
Comenzó por su cuello, porque sus ojos lo hipnotizaban de manera grande, casi atrayéndolo para que lo tocara y lo poseyera ahí mismo. Se fijó en la piel morena, natural en todo su contexto, quizás poco suave por el simple hecho de que Nicolás nunca estuvo interesado en usar cremas que le permitieran tener la piel más sedosa, bajó hasta sus clavículas grandes y calcadas hasta llegar al pecho plano, encontrando ciertos lunares interesantes. Lo llamaban, la blandura de su cuerpo lo llamaba, porque el alba comenzaba a filtrar sus rayos de luz por la ventana haciendo que el cuerpo enhiesto frente a él se notara aún más frente a la luz, mezclándolo con un claroscuro que se mimetizaba en la habitación.
Atrás quedaba el olvido, el deseo comenzaba a nublar cada racionalidad que permanecía testaruda en su mente. Movió los dedos nerviosos, sus dedos largos y con puntas dobladas acostumbradas a maniobrar un control de videojuego.
Y bajó sin querer, bajó inquieto la mirada que conservaba —O por lo menos intentaba que fuera — Fría, pero era inútil como el cuerpo no le respondía y sólo quería que el impulso le comiera todo punto de lógica.
A la mierda la vida.
El ombligo marcado por algunos pelos sobresalientes, típico de camino del «edén» que indicaba la felicidad, aquel mismo paraíso que lo situaba él mismo pero que en Nicolás era sumamente atrayente y excitante. Los oblicuos más o menos marcados, haciendo relucir un poco su misma figura de joven adulto.
Haaa... Nicolás tenía sus años, pero aún conservaba el sol en la piel tostada.
Venía, estaba cerca. Los hombres acostumbrados a mirarse a sí mismos, para ellos era natural, pero con Nicolás no era natural, con Nicolás tenía una reacción, una reacción curiosa y sumamente atractiva, que jamás reconocería por lo demás, pero que por lo menos le tendría poca distancia, sólo por cumplir el capricho de observarlo siempre, de tenerlo para él egoístamente.
Sin impórtale mucho su anatomía masculina, aquella que compartía, aquella que compartió. Se fijó en los muslos a su lado, que por la contextura eran mucho más huesudos que los suyos, pero brillantes que lo seducían a sentir la piel tensa y que continuaba hacia las piernas. Duras y firmes, toscas a comparación de una mujer, pero no menos incitadora.
Nicolás era exquisito, Nicolás era el sol, era casi la naturaleza misma de una piel morena que lo transformaba en bestia, en rabia, en impulso y ganas. Nicolás era el que lo obsesionaba de manera física, casi como si fuera un objeto preciado simplemente para observar.
Nicolás era a sus ojos, irresistible. Inmerso hacia sus más profundos deseos, aquel que tenía la fuerza de morderlo, marcarlo, lamerlo, chuparlo, susurrarle, olerlo, rasguñarle. Nicolás era el que lo engatusaba hacia el placer puro y pulcro de una invitación visual.
Aún si tenían un mismo rasgo, aún si eran de la misma identidad masculina, cuando Nicolás le susurraba mordiéndose los labios con lujuria su nombre despacio, era imposible contenerse.
Jaime, Jaime, Jaime...
Aún si tenían la forma tosca de tocarse y contraerse, el narcisismo era mucho más. Su admiración reflejada en sus ojos.
Su deseo, su posesión, su amargura café. Su sabor metálico, a veces dulzón, a veces danzante.
Su...
—¡Jaime por la chucha! —Despertó de pronto, algo asustado por la repentina voz furiosa y cansada que se encontraba adelante suyo. —¡Nunca me pescai weón! Como tan aweonao que cada vez que bajo y te veo tomando café te volai brigido.
El ruliento parpadeó un par de veces... ¿Otra vez? ¿Nuevamente le había sucedido todo? —Sorry... — se disculpó mirando hacia otro lado avergonzado.
Nicolás no estaba desnudo frente a él, Nicolás traía una polera suelta y unos boxers negros. —Yapo, es súper penca que siempre te pasen estas weás. —Nicolás se acercó hacia el más alto, para tocar su frente despacio. —¿Estai bien?
—Sí oh, no me weís. —Instintivamente corrió con su mano la calidez suave que se había posado sobre su frente, intentó ocultar su sonrojo.
—¡Ah! el culiao pesao oh. —
Se sentía avergonzado, de que siempre cada vez que el moreno se quedara en su casa le ocurriera la misma situación, de mirarlo y desvestirlo lentamente, observando cada detalle crepúsculo que tenía.
Por eso se sentía enfermo, porque por más que quisiera, creía que podía ver todo tan transparente y nítido, casi como si su memoria hubiese memorizado cada espacio recóndito que escondía el cuerpo que tenía al frente. Era una mala jugada de su mente, que lo hacía delirar, que lo hacía menospreciarse, porque aún si aceptaba la situación en la que se encontraban, no dejaba de ser raro. Temía que se obsesionara, temía que no pudiera pensar en nada más que sostenerlo contra la cama y sentir con cada una de la yema de sus dedos, la piel tibia y viva, y morir de placer y éxtasis.
«Nicolás culiao»
—Oye... —Escuchó como lo llamaban suavemente. —¿Están tus papás?
—No. —Negó seguro mirando y escuchando por si encontraba otro ruido aparte de ellos dos.
—Aah.—
Nicolás se acercó con cautela, extendiendo sus brazos alrededor de su cuello mientras se sentaba cómodamente sobre sus piernas. —Hey... —Murmuró Jaime, sosteniendo una avergonzada mueca. —
—¿Qué? —respondió en pregunta, divertido con la situación. Algo travieso sostuvo la mirada con coquetería. —¿Vamos?—
—¿A dónde? —
—A donde creís, aweonao... —Jaime lo miró algo disgustado. —A tu pieza po wea.
Nicolás siempre lo pillaba, siempre, siempre, siempre. Aquella mirada traviesa y coqueta, que le comunicaba tan fácilmente que lo deseaba de igual manera, siendo cómplice, hablándole sin palabras que también quería ser partícipe de esto, sintiendo la Gymnophoria en todo su ser.
No dudó en besarlo con arrogancia, encargándose de sujetarle las caderas con fuerza, sintiendo la sensación más fuerte, atrayéndolo contra su cuerpo, la boca hambrienta y candente, la saliva acuosa y resbaladiza.
Bah que chucha importaba ahora, si podía sacarse la calentura de haberlo imaginado desnudo frente a él no dudaría en aprovecharla.
Después de todo Nicolás era Su deseo.
Rebelión (Jaidefinichon GOTH) Jaime/Nico Capitulo 12
Nota: Hice un cambio en el tatuaje de Iván (Así que este hombre me quedará muy OCC) Y no me maten :3
Capítulo 12: «Armistice»
Nicolás era un hombre, antes de ser un omega. Sentía, quería y amaba, y aún en sus condiciones era primordial en lo que siempre pensaba.
A veces dudaba de su hombría constante cuando su sangre omega ganaba espacio en su cuerpo, le hacía vulnerable y la mayoría de las veces débil. Aunque, esa misma sensación de debilidad era la llave hacia su puerta de libertad, constituida y armada para una sensación plena de escape, de liberación, de olvido y pasado.
Nicolás sentía la libertad como un campo de flores, de flores silvestres amarillas donde sentía el viento fresco de las planicies susurrándole cerca del oído, la tranquilidad de su corazón, la armonía de la naturaleza que se conectaba con sus sentidos. El sol alimentando su piel calentándolo, el aire dulzón agudizando su olfato. Todas aquellas propiedades que le hacían sentir vivo, que le hacían sentir libre, sin ninguna preocupación ni responsabilidad, simplemente él con la naturaleza, tocando el pasto con sus dedos delgados y morenos. La naturaleza era la única opción para tranquilizarse, olvidarse del futuro, del presente y del pasado, de no ser nadie y quedar como un pigmento blanco, limpio y puro en busca de una mancha en la cual él podrá incorporarse para ensuciarse.
Una tranquilidad única en su existencia, las planicies del campo, del bosque o de las montañas. Cualquiera estaba bien, si podía sentir el sol en el rostro. Si podía sentir el calor en su estómago y entrañas.
El sol era el mismo, la fuente de sabiduría que los mantenía vivos a todos con su energía iluminada. El sol era capaz de llegar hacia cualquier terreno o civilización, llegaba incluso a deshacer la oscuridad, volviéndolo todo brillante. Y de repente, recordó el sol cerca de una planicie distinta, algo seca y distante. Recordó el mar también, recordó lo húmedo pero seco. Recordó la costa, el sonido y las olas del mar chocando unas con otras, las gaviotas infaltables.
Y fue cuando lo divisó a él, mirando el mar. Mirando como de repente se volvía un atardecer, hermoso y significativo. Un atardecer eterno que no desaparecía con nada. Enhiesto junto a la arena oscura, observando el ocaso.
Se acercó lentamente hacia él, tenía la necesidad de tocarlo y sentirlo con sus dedos. Era como un aura nostálgica que lo desenvolvía en el lugar, incluso hasta misterioso sino fuera por el sonido de las gaviotas molestando en el cielo. Pero todo era tan extraño, aún si se acercaba al ruliento Barbón no se inmutaba, continuaba mirando el atardecer perdiéndose en el océano, suave y tranquilo. Por más que intentó hablar, las palabras no salían de su garganta, no emitía ni un mísero ruido, y cuando quiso tocarlo con su dedo índice, Jaime lo observó directo con la mirada entristecida meciendo su cabeza en un gesto negativo suspirando. Muy pronto la sensación se volvió ansiosa y oscura, la imagen del Alfa desaparecía en la lejanía, dejándolo completamente solo provocándole ansiedad y excitación en su corazón apretado.
Sintió que le faltó aire, y en un gesto de sobrevivencia quizás, un respiro profundo le hizo despertar de golpe a la realidad. Se encontraba acostado en una camilla, cubierto por delgadas frazadas y un calor asfixiándole el cuerpo. No entendía que estaba sucediendo, sabía perfectamente que en la tarde de ayer el Alfa lo había venido a dejar porque las contracciones insufribles no lo habían dejado descansar en todo el día, incluyendo el vómito constante.
Estaba en la casa de Iván. El olor lo tenía muy mareado, no tenía nauseas, pero la respiración y el calor que provenía desde el fondo de su columna no era normal, menos si la ansiedad que le comía venía de sus partes bajas, se sentía extrañamente deseoso y no sabía por qué chucha pasaba aquello.
—Buenos días, dormilón. —Escuchó a la lejanía la voz característica del alfa menor, un escalofrío lo estremeció. — ¿Te encuentras mejor? —Su mirada enfocó mejor y divisó al alfa con un aura bastante extraña que no reconoció. ¿Qué sucedía? Su cuerpo no le respondía correctamente. —Nico, no te asustes... —Habló nuevamente, y entendió a donde iba todo esto. — Tuve que suministrarte hormonas omegas para que tu cuerpo dejara de pelear. —Sonrió, una sonrisa algo macabra o más que macabra, juguetona. —Así que quizás, ahora te sentirás un poco extraño, pero es momentáneo, Jaime no me dejó convertirte en un omega completo. —
Nicolás asintió inseguro, quería hablar pero la reacción de su cuerpo le asustaba de sobremanera, nunca antes, ni siquiera en su época de celo lo había hecho sentir a esos extremos. Viró sus ojos contemplando mejor la habitación recuperándose un poco del retardo que provocó su dormida. —Siento calor... —Susurró entrecortado, por lo menos podía decir algo.
El moreno se sentó en la camilla cerca de él observándolo fijo, con el semblante travieso igual que niño con juguete nuevo. —Sí, es normal... supongo. —Miró hacia otra dirección fijándose especialmente en las inyecciones usadas encima del mesón metálico. —Quizás te sentirás como en el celo, después de todo estás en cinta y generalmente los omegas sienten deseo sexual en ese estado, aunque quizás tú no lo entiendas porque no estás acostumbrado a tener tanta hormona omega en el cuerpo. —
Con las palabras que el bigotón le decía, no le tranquilizaba para nada. Era primera vez que sentía algo fuera de lo común —sin contar claro, los días en que estuvo con Jaime en el celo. — pero no podía siquiera acostumbrarse. —Iván... no... Me siento bien. —Siguió
—¿Qué es lo que te molesta? —Habló despacio, acercándose peligrosamente hacia el omega algo indefenso. —¿Estás mareado? ¿Qué te duele? —Era imaginación suya o... ¿Iván de repente parecía atrayente?
Algo estaba mal, eso definitivamente estaba seguro. Mal en el sentido de que se sentía como cuando entre la nebulosa oscuridad en el carrete compartido semanas atrás con los chiquillos, Jaime se interponía entre él y su cuerpo casi imponente, atrayéndole de manera descomunal y ansiosa, ¿Era normal? después de todo Iván seguía siendo alfa, y sus feromonas a través del olor se parecían bastante, tanto que incluso si cerraba los ojos podría imaginar que se trataba de él. Pero su mente era clara, no era Jaime el que estaba adelante suyo, cerca, con el olor inundándole la nariz. Ni tampoco eran los rulos casuales que se adornaban en su cabeza, ni el color de pelo ni de piel. Menos el liderazgo que se formaban en sus ojos cuando algo quería, ni la decisión.
Era Iván, alfa que creció al lado de su alfa único e irremplazable... espera ¿Único e irremplazable? ¿Realmente él pensó aquello? No cabía duda que Jaime era mucho más importante en terreno sentimental, era el padre del hijo del cual esperaba inseguro. Era el hombre con el que perdió todo, incluyendo su propio cuerpo que no respondía. Su corazón sabía perfectamente que Jaime era irremplazable, que era el que le provocaba constante nerviosismo y nauseas, el que le daba un beso de despedida entre el frío de la noche y tomaba su mano cuando quería desaparcar al tener un giro inesperado en su vida.
De alguna forma, Jaime era importante en el cariño y el querer.
Pero a pesar de que sus sentimientos pataleaban por dentro y le obligaba a ser racional, las hormonas mayores y el instinto superior traicionaban su propio cuerpo, al tener para él un alfa al frente parecido a Jaime.
No es Jaime, no es Jaime, no es Jaime.
No estaba bien, de ninguna forma estaba realmente bien aquello. Deseó con todas sus fuerzas que Jaime apareciera por la puerta, y lo secuestrara de aquel lugar peligroso, lo llevara arrastrando emitiendo su natural gruñido enojón, de líder y guía.
—¿Y bien, Nico?... —Siguió Iván acercándose mucho más, a centímetros del cuerpo del mayor, la sonrisa seductora no se la quitaba nadie, era lo más destacable en la situación. Tramposo, pensó de repente. — Acaso... ¿No te atraigo ningún poco? —
—N-no... —Logró decir. El calor era mucho más insoportable... No creía poder aguantar más. —
—Hey... —Llamó Iván, asomándose con sus ojos negros. Aquella mirada intensa cargada de intención. Si algo debía destacar en el alfa, eran aquellos ojos negros penetrantes que suavizaban a cualquiera. — Puede ser nuestro secreto. No es necesario que Jaime se entere... ¿No crees? —Y de nuevo esa sonrisa traviesa, típica de él.
No juegas limpio.
—W-weón... No... —Sus manos agarraron la sábana, en un intento fallido de agarrarse de algo, evitando que la situación continuara a más. —No... —
Pero ese no, no fue escuchado. Iván hizo caso omiso a la petición obvia. Se acercó con fuerza hacia el omega, demandando un beso cargado de pasión y deseo. Iván era joven, mucho más joven que él y Jaime, sabía que su situación natural era más apasional, su cuerpo reaccionaba mucho más instintivamente, y más cargada también. Y por dentro —Muy dentro, pensaba —era tentador. —Aún... —Susurró Iván después del beso correspondido a medias, por la inseguridad. — Él no se enterará a menos que te marque. — Buena jugada. —Y es mucho más seguro así... ¿No?
Todo se fue a la mierda de un segundo a otro. ¡No estaba bien por la cresta! Si pudiera cambiar la situación, preferiría mil veces a Jaime, porque Jaime lo era todo e Iván nada. Y puta que era difícil porque las feromonas que transmitía el otro weón eran insoportables de superar. Ahora si quería morir definitivamente, Jaime no llegaba en ningún momento, sólo en su mente ocurría esa acción de que Jaime interrumpiera lo inesperado en el mismo momento.
Iván se acercó mucho más, de manera furiosa, marcando lo que quería. Actitudes completamente alifáticas y de ello no había duda, aún si aquel era doctor, la naturaleza nunca se equivocaba a la hora de cambiar papeles. Lo besó con ganas acorralándolo en sus brazos, mientras la respiración se hacía presente, en un intento de caer en la realidad. Nicolás se agarró con más fuerzas de las sábanas sintiendo como Iván recorría con sus finos dedos la cintura estrecha, acariciando con ansiedad cada espacio apetecible. No podía negarlo, el calor era tanto que era imposible irresistible, aún si la conciencia le gritaba «No» por doquier, Iván tenía una energía parecida también al alfa del que tanto pensaba.
Todo era tan húmedo, y extrañamente no era la parte de abajo —Después de todo no estaba en celo. —Pero era natural que su cuerpo instintivamente le respondiera a las feromonas expulsadas del alfa moreno. No podía negar que la belleza natural de Iván era encantadora, no era tan robusto como Jaime, pero era más moreno —No tanto como él mismo. — pero lo suficiente para decir que su piel era sensual, el olor a hombre y la respiración entre gemidos que hacía mientras se besaban.
Era una locura.
El bigotón cambió de posiciones muy pronto, acarició parte de los muslos de Nicolás despacio, suplicante, Nicolás cerraba los ojos en un intento vago de no mirarlo, mirarlo le hacía mal, porque por último podría pensar en Jaime tranquilamente —Aun si la situación no lo meritaba así, pero era la única solución.
—I-Iván... No... —Susurró entrecortado y excitado.
—¿No qué... ? —Respondió en pregunta, riéndose despacio. Siguió en la tarea de estremecer al omega aún más. Era caprichoso también, en un grado quizás mayor que Jaime. Le gustaba torturar de a poco, porque decía que aquello era más reclamado, provocaba gemidos entrecortados y respiraciones pausadas. Y para distraer más a Nicolás de su resistencia, no dudó en rozar la mayoría de las veces su miembro, sólo para hacerlo sufrir.
Mordió un par de veces detrás de la oreja, dominándolo de a poco, acariciando las tetillas con lentitud. Lamió un poco el cuello y continuó con la tarea de acariciar el miembro erecto, clamando necesidad urgente. Después de todo, sabía perfectamente que Nicolás no se resistiría, tenía muchos pro para que el omega lo rechazara completamente. Era travieso, lo sabía, más aún cuando rompía una regla sagrada entre manadas, pero Jaime hace bastante tiempo que había dejado la manada y él también, no tenían nada en común más que los recuerdos de antaño, donde compartían experiencias como alfas en el crecimiento.
No había tenido necesidad en hacer esto, por supuesto. Pero le llamaba la atención Nicolás con su sangre. Él era atraído por omegas, obviamente, como todo alfa el omega era irresistible, y a pesar de que había trabajado con muchos, nunca antes se había sentido tan atraído a uno en especial. Cuando vio a Nicolás por primera vez, la sangre se le calentó un poco, quiso jugar de manera arriesgada y este era el momento perfecto. No es que fuera malo, él en si era una buena persona que se preocupaba mucho de la situaciones de los demás —Sólo en el caso de gente importante. — pero le gustaba el riesgo, y más aún si entre Nicolás y Jaime era sólo una calentura, porque de eso estaba seguro, no había amor, ni intención de llevar esto a un grado importante, más que papeleo necesario por las jerarquías, pero él odiaba el sistema de una manera feroz, que jugando y llevando la monotonía de la vida lejos, era lo mejor para vivir.
A pesar de que solo hablaba su inmadurez, pero ya estaba hecho. La acción de sucumbir ante la necesidad de poseerlo era mayor, de sentirlo y marcarlo —Sin poder hacerlo en realidad. — era fuerte, por una vez en su vida, jugar a esto no era malo, necesario para su vida quizás, pero Nicolás era atrayente, su sangre era atrayente, su intención de dominancia lo era aún más, y quizás entendía a Jaime por qué tanta insistencia con él. Nicolás era adorable a pesar de ser un omega testarudo, donde lo alfa lo caracterizaba también, era apasional, era riesgoso y peligroso, tenía el éxtasis en el cuerpo, y en la necesidad.
Nicolás era instinto puro, algo así como la misma naturaleza, y lo admiraba por eso. Por lo mismo, la necesidad de hacerlo suyo era lejos la más tentadora. Dejar que lo alfa lo llenara por completo le hacía sentir entero y aparte.
Desvistió a Nicolás entre medio de mordidas y lamidas, el moreno no se resistía ya a esta altura del partido. Los gemidos se hicieron presentes, gemidos roncos parecidos a los suyos a pesar de tener una voz extraña. Debía admitirlo, él gemía bastante en las relaciones. Había tenido una relación larga que no debía mencionar, porque había tenido un pololeo con una beta, una que duró su buen tiempo, pero que por condiciones del destino se tuvieron que separar. Sabía perfectamente como era el sexo, no sabía exactamente como era con un hombre, pero dejaba que su instinto le poseyera a la hora de tocar, lamer y explorar.
Se sacó su polera negra que usaba comúnmente, dejó a relucir su tatuaje, tatuaje que se lo había hecho cuando era más joven todavía. El reluciente búho que se localizaba a un costado de su hombro y parte del brazo. El búho identificaba sabiduría y conocimiento, y también parte de azar y suerte. Él era un personaje que le gustaba mucho del conocimiento, como también el misticismo y locura de la vida, aún si este no fuera su animal favorito, pero era algo que lo atesoraba en su corazón, imponente y fugaz, esparcido entre la niebla, entre la oscuridad y la conmoción, con sus ojos negros penetrantes que figuraba lo brillante en él.
Muy rápido terminó de desvestirse y comenzar el jugueteo previo que tanto le gustaba en el sexo. Nicolás lo sintió ansioso de repente, a pesar de que mantenía los ojos cerrados aún, el calor de su cuerpo y los latidos furiosos en el otro le hacían entender que sí quería esta necesidad. Comenzó a lamer parte de la espalda de Nicolás, bajando sensualmente haciendo un camino de saliva a través del maravilloso puente para finalmente aterrizar en el cóccix. Ah, Nicolás era hermoso, no cabía duda, sensual con una cintura relativamente estrecha para ser un hombre, y un culo lo bastante dulce también a pesar de que no era lampiño. Por lo menos de las piernas, y eso le hizo reír por dentro. Le gustaba la reacción del cuerpo del otro en esta posición, no podía evitar sentirse superior al saber que Nicolás igual se abría para él, con las caderas tiritonas, y las piernas algo abiertas.
—¿Te gusta? —susurró provocativamente, esperando la negativa del mayor. Eso también le fascinaba. — Nico... —
Lamió un par de dedos, asegurándose de cubrirlos bien con lubricante. Nicolás igual emitía un poco de Slick, pero era por la necesidad sexual, no tanto como en el celo, por el hecho de que no se encontraba, pero la fertilidad en él era genuina, más aun con el incremento de hormonas omegas en el cuerpo. Se aseguraría de no terminar en él, no era correcto marcarlo, por lo menos consideraría el liderazgo de Jaime en él. Nicolás era una persona para querer y saborear.
Introdujo con cuidado, viendo como Nicolás emitía un leve gemido, tapándose con la almohada de la camilla. Sabía que no quería ser escuchado, por vergüenza y contradicción y era algo natural, siguió con su sonrisa lasciva en los labios mientras agrandaba la entrada algo estrecha del tímido cuerpo. Al escuchar los gemidos, supo de inmediato que no eran de total rechazo cuando tocó una parte interesante dentro, y como si hubiera leído la mente de Nicolás comenzó a introducirse despacio, asegurándose de no romper nada.
—¡Hn! —
Hasta los gemidos eran insaciables, eran provocativos. El omega se contorsionaba por debajo de su cuerpo, respirando agitadamente, todo era tan rápido y caliente, que no aguantó querer moverse rápido en él y sentirlo profundo en cada relieve que Nicolás tenía. Cuando vio que Nicolás se relajaba comenzó el vaivén profundo y sensual, atrayéndolo hacia a él en una especie de abrazo repartiendo besos al rededor del cuello y nuca.
La estrechez de Nicolás era increíble, apretada y jugosa quizás, como buen omega. Era obvio que su parte no era virgen por la rapidez con la que se soltaba a medida que se meneaba de adentro hacia fuera con lentitud, esperando la aprobación del más bajo. Los gruñidos eran irresistibles, y una vez que supo que Nicolás gemía de placer, comenzó la rapidez.
—Hn... ¡hmm! I-Iván... es-espera... —
—¿Q-qué ocurre? —Habló entrecortado. — ¿N-no te gusta? —
—N-no... o-o sea... hn... más... ah. —Se agarró de las sabanas. — más... despacio. — Quizás allí lo entendió. Nicolás disfrutaba del sexo más despacio, y era lógico, él estaba acostumbrado a ir a una rapidez energética que lo liberaba de cualquier atadura, para sólo sentir placer. —
—Como tú órdenes. —Respondió, siguió con el vaivén abrazándolo más contra sí. El empuje era lento, despacio para que Nicolás pudiera sentirlo. Creía llegar en él hasta lo más adentro, pero no estaba seguro. Lo que le importaba era que también el omega se sintiera bien y a gusto. — ¿Así?
—Hn... —No afirmó, pero tampoco negó. El rechazo era lógico, prácticamente estaba llevando esto a sus intenciones, pero debía reconocer que Nicolás le estaba aceptando muy bien, con ganas.
Después de un rato los gemidos del omega eran notorios, y se sintió feliz de que lo recibiera con todas sus ganas. Lo estaba disfrutando y se notaba. La entrada acuosa y resbaladiza, le hacía sentir que pronto llegaría al clímax, pero no quería irse aún sin antes hacer que el mayor se corriera antes, por lo que con su mano izquierda —porque era zurdo. — masturbo con ingenio el miembro erecto de Nicolás haciendo que este emitiera aún más sonidos. La sincronización era perfecta porque el omega minutos después se había corrido de manera fuerte entre sus dedos manchándolo en su totalidad. Y él sabiendo que no podía aguantar más entre la rapidez de las embestidas que aún daba comenzó a correrse, asegurándose de sacar su miembro de la entrada del otro para manchar las sabanas revueltas en la camilla espaciosa.
Ah, había sido de maravilla. Era increíble como Nicolás le hacía sentir de esa manera. Suave y transparente, en una burbuja de tranquilidad máxima. Ahora entendía un poco más a Jaime por qué tanto interés.
Por un momento las respiraciones eran entrecortadas, grandes bocanas de aire continuas por el extenuante calor y acción del momento. Iván se dio cuenta más tarde que Nicolás dormía plácidamente a su lado con el corazón aun latiendo a mil, lo dio vuelta para observarlo, asegurándose de que estuviera bien, ya que fue difícil observarlo a la cara mientras él escondía sus gemidos en la almohada.
No era arrepentimiento lo que sentía, sí quizás un poco de dolor. Las pequeñas lágrimas asomadas en sus ojos cerrados.
Quizás Nicolás si sentía algo por Jaime, y él fue un poco tosco en llegar a esa situación tan de repente.
Lo abrazó por detrás, asegurándose de tapar a ambos para dormir profundamente.
Jaime lo mataría, estaba seguro.
Pero a él le encantó, no sería tan malo una segunda vez.
Youth Schemes (Vardoc/Xoda) [FANFIC] Capitulo Diecinueve Final.
Capítulo 19 Final: «Adolescencia»
Nota: Puta, decir que fue un camino largo. La sufrí, lloré y no puedo creer que esto haya terminado aquí. (Dicen mis fuentes que por ahí podría haber un epilogo, pero hay que pensarlo) Gracias a todos por esta gran travesía, una de mis novelas más lindas. Los quiero a todos :3
«Tenemos que tener nuestras miradas perdidas, En direcciones nulas, y focalizar. Es fácil definir, llegar a un mismo destino Y difícil llegar, al unísono.
Caminando, conociendo más Y al mismo tiempo te converso. Distorsionas y vuelves a armar, Mis esquemas juveniles.
Tenemos que llegar a su manera de pensar, Y focalizar direcciones nulas, Es fácil definir, llegar a un mismo destino Y difícil llegar, al unísono.»
-Javiera Mena
Cuando el corazón se contrae, una parte del cuerpo también. El sentimiento incomprendido de rechazo, de inestabilidad emocional provocó que sus puños se contrajeran. La carga continua de saber que quizás no era todo tan perfecto como ella imaginaba, que algo faltaba y no saber qué se hacía presente. Cuando Nicolás se posó delante de ella con esa determinación tan abrupta, se dio cuenta de muchas cosas, de cosas que quizás a sus diecisiete años la dejaría marcada de por vida. Y era completamente natural que en esa edad, su corazón no dejara de transmitir nerviosismo, la tristeza era algo que también se manifestaba de alguna manera, y que en ese minuto no lo transmitió porque simplemente no había necesidad de algo más.
El vacío de una relación se dejaba estar cuando el de lentes sin contratiempos se alejó lo suficientemente, la sentía en el pecho como una situación amarga. No entendía por qué había tanta contradicción en sus palabras, ni tampoco por qué él la dejaba ahí, sin una pizca de reconciliación, ni tampoco un intento de resolver las cosas. Había estado perdida, porque ella lo amaba sin ninguna traba. Acaso ¿Nicolás decía la verdad que el amor se había ido? a pesar de todas las indicaciones de su relación, no podía tragarse así como así un termino con una excusa tan barata, Nicolás no era de las personas que olvidaba fácil, porque si bien le costó, no busco la verdad de sus palabras.
El día había sido horrible mientras esperaba como pasaban las horas, el hambre, ni el cansancio, ni la motivación los sentía, sólo se dedicó a vagar solitaria en el colegio buscando comprensión. Ni siquiera las ganas de charlar con sus amigas, quería paz y quizás una auto reconciliación, quería dejar las cosas así porque tampoco era sano que llevara lo que quedaba de año con el rencor en su sangre, ya estaban por salir y se venían muchos cambios como la PSU.
Nicolás no era una persona mala y lo sabía muy bien, por lo que dejar las cosas en la sanidad, era lo mejor que podía hacer, pero pucha que costaba porque sentía que a Nicolás no le importaba de verdad el término de la relación. ¿Qué es lo que había estado mal? Quizás todo, quizás nada... o quizás sólo eran suposiciones suyas y realmente el barbón estaba cansado de su constante rutina, que sin querer se fijó en otra.
Durante el recreo más grande, sólo medito la situación sentada en algún rincón del colegio. Esperando que la respuesta llegara por si sola, sin embargo la inesperada visita de Cristián Moreno el mejor amigo de Nicolás se sentó a su lado a charlar, de verdad ella no quería tener nada que ver con la vida de el de lentes, ni siquiera la gente que lo rodeaba y estaba en contacto, eso le hacía sentirse vacía.
Sin embargo dio la casualidad, que él también estaba tan enojado con Nicolás que no dudó en hablar un poco más, la preocupación de Cristián era certera, incluso la había hecho sentir mejor que Cristián fuera tan sincero con ella, sin antes tener una verdadera charla, nunca se habían conocido antes y le pareció que este hombre había sido una pequeña luz a sus preocupaciones, era una buena persona también que jamás debió juzgar cuando lo miró por primera vez en las fachas pokemonas que tenía.
Se sintió ingenua mientras hablaban, Cristián dentro de su condición era una persona amable que le sacaba más de alguna sonrisa. Más cuando el otro le recomendó que para olvidar más rápido las cosas, no dudara en divertirse y alejarse del tema. En eso tenía bastante razón, aun dentro de su conciencia terca en estar sola.
Los amigos eran lo mejor para desaparecer el sentimiento amargo, y tenía que reconocerlo.
Por lo que una vez que Cristián le dio la última sonrisa del día mientras se alejaba y la dejaba estar sola en su pequeño rincón, comprendió que lo mejor era acercarse a sus amigas y pedir una tarde de distracción, no cabía duda todo para sentirse menos mal.
Cuando cayó la tarde y era la hora de salida, se reunieron al frente del colegio para salir al mall, tomar un helado y hablar de mujeres. La conversación le había sentado de maravilla porque pronto se sentía mejor, olvidándose de ex pololo, alguna que otra cosa le recordaba pero no era momento siquiera para gastar mente en recordarlo.
Caminaron un rato, distrayéndose con la mochila colgada en su espalda, sintió el aire fresco de una tarde de verano. Un atardecer agradable, que las acompañaba en su travesía de observar el paisaje con un pequeño helado que se derretía de a poco.
Fue así que mientras llegaban al metro para dirigirse hacia algún lugar, observó algo que le pareció un inmensidad, una situación que jamás en su vida se imaginaría.
Ante unos metros, un beso entre Nicolás y Cristián. Un beso que lo observó como nunca antes, y un sentimiento no de rabia, ni amargura pero si decepción comenzó a invadirle. ¿Por qué? ¿Por qué esa situación era tan descabellada? No porque ambos eran hombres, sino porque cada uno lo demostraba de manera ferviente, con una fuerza apasional que Nicolás nunca en su tiempo de relación lo había experimentado, ni siquiera cuando estuvieron a punto de pasar a un siguiente nivel y ella retrocedió asustada.
Se sintió estúpida, se sintió enterrada en la tierra, húmeda y fría aún con los rayos del sol dándole en la cara. Comprendió que había sido tan cándida en su tiempo, que no lo vio antes, ni siquiera lo pensó.
Todas aquellas veces, las vacaciones, los sonrojos, el nerviosismo. Las miradas perdidas, fortuitas, las miradas desoladas e incomprendidas, no iban dirigida a ella principalmente, iban dirigidas hacia Cristián, únicamente a él. Y realmente allí mismo, quería morir, correr y no ver nunca más nada, quería definitivamente desaparecer porque sentía que el mareo y la caída de su cuerpo la atraparían en cualquier momento.
Lamentablemente, y para su mala situación, aún si tuviera estos recuerdos para ella, sólo presente, sus amigas la acompañaban viendo lo mismo que ella. Mirándola con una comprensión jamás igualada y no era para menos, que triste saber que el término de la relación era únicamente porque Nicolás se había fijado en otro hombre, algo con el que era imposible competir y recuperar, algo con lo que simplemente la palabra perder estaba implicada en cada cuadro de su vida. Ella simplemente dejó que las lágrimas cayeran desoladas por su rostro, dejando a flote todo el sentimiento melancólico fluyera como río en caída. Instintivamente dejó caer el helado y corrió hacia el sentido contrario, viendo como sus amigas tomaban la misma acción persiguiéndola para apaciguarla.
Con abrazos, con muestras de afecto de las amigas, decidió que lo único que podía hacer, era enterrar definitivamente la memoria de Nicolás en lo más fondo de su ser y nunca más volver a pensar en el tema. Sólo había un problema, a veces las situaciones eran imposible de manejarlas, por lo que algunas cosas ella no podría tapar el sol con un dedo.
La información y los rumores, iban más allá de sus capacidades, tanto que no sabría —Ni tampoco es como si lo quisiera pensar— Las consecuencias de sus actos, como ellos que también habían optado por esa opción.
Cristián volvió al colegio el siguiente día, con un nuevo sentido de vida. Amado, feliz, contento, con la sensación de triunfo en la sangre. Amaba a Nicolás y no había duda en ello, el día anterior había destapado todos los cliché, había sido sincero con sus sentimientos como también Vardoc lo había sido con él. La vida era mucho más dulce ahora y era algo que no podía sacárselo del corazón, de sus sentimientos, de sus hormonas adolescentes. Por primera vez en mucho tiempo era verdaderamente feliz, por lo que hoy en el colegio, volvería a ver a esa persona que tanto le causaba en él, que tanto sufrió y cambió, que tanto le hizo creer que las cosas sí eran posibles, que el amor existía.
Cuando llegó a las ocho de la mañana, un poco atrasado como de costumbre, vio un cambio extraño en la sala. Vardoc no se encontraba y eso que el de lentes llegaba siempre a una hora puntual por su constante manía de ser un hombre de bien. Más aún le sorprendió las caras con las que se encontró, mucho de sus compañeros lo miraban raro, y raro no sólo de mirada, definitivamente algo había cambiado y no sabía por qué. Tampoco es como si le importara demasiado, él realmente no tenía buena relación con casi nadie del curso, excepto algunas mujeres que encontraba rica de por sí, pero incluso hasta ellas, lo miraban extraño y Katherine, ella lo miraba con los ojos irritados, con una sensación escalofriante que traspasó toda su espina dorsal ¿Qué estaba pasando? Repentinamente, ella se acercó hacia él con la misma postura y le susurró suavemente con la cara neutral.
—Eres un conchesumadre, weón de mierda. —Y comprendió todo de repente. Sabía perfectamente a lo que se refería con ese simple insulto, ella lo sabía todo.
Unos cuántos minutos ahí, helado escuchaba comentarios «Ese weón siempre fue fleto, y más con el Nico» Todo fue tan extraño y repentino. La secretaria del colegio vino sin percatarse bien, lo necesitaban urgentemente al despacho del director.
Cuando llegó ahí, intentando estar en calma, no afectándole los comentarios dentro de su coraza fría que sólo Vardoc tenía derecho a romper, encontró al barbón sentado junto al director.
—Moreno... —Susurró el director con una voz bastante seria, que daba hasta miedo. —Te estábamos esperando, siéntate por favor. — Xoda simplemente se sentó, acotando al mandato. —
—Bien, ahora que ya tengo a los dos acá. —Siguió el director acomodándose en su asiento, observó a Nicolás que ni siquiera lo miraba. — Tengo noticias sobre ustedes. —
—¿Qué clase de noticias exactamente? —Se atrevió a preguntar el moreno, pero un silencio incomodo se apresuró en el lugar. —
—...Me han llegado rumores de que ustedes están juntos. —Como respuesta, tanto Vardoc como Xoda lo miraron directo, con una cara profundamente preocupada. —Este establecimiento no permite esa clase de relación, jóvenes. —
—¡¿Qué?! N-nada que ver... — intentó hablar Xoda.
—Silencio. —Calló el director de inmediato. — Usted no puede alegar nada, Moreno... había venido incondicional desde el otro colegio. —Se tomó una pausa para seguir con la conversación— Son comportamientos totalmente desaprobados y eso está exclusivamente fuera de lugar, la información nos llegó directo de una fuente confiable de sus compañeros de curso, no podemos permitir que suceda en este recinto, tenemos un prestigio importantísimo y que debemos cuidar para proteger ese prestigio, como a sus propios compañeros del colegio. Aún si no entienden, hay millones de niños en este lugar que no pueden presenciar un comportamiento tan desagradable, y que causaría sin dudas una degeneración a las generaciones menores. — Cristián y Nicolás se callaron, con las miradas asombradas. La piel helada, y el sentimiento de incomprensión. No podía estar pasando esto. — Así que tomamos medidas extremas y serán trasladados a diferentes colegios, separados, esto se hablará con sus padres por la situación, no podemos llegar a ningún acuerdo porque las partes ya están informadas y aceptadas. Así que estarán suspendidos hasta que la transición esté terminada y puedan finalizar sus estudios, si me permiten, no tengo más tiempo, así que necesito que se vayan a sus casas inmediatamente. — El director se paró, haciendo que los otros dos también lo hicieran, despachándolos directo hacia la salida.
Los cuerpos tiesos establecidos fuera del recinto. Un silencio se hizo presente, un silencio incomodo como nunca antes. Como si hubiesen vuelto al principio de todo el revuelo, como si todo lo que habían aceptado y construido se había desmoronado en tan sólo unos segundos, Xoda apretó los puños con rabia e impotencia ¡Esto era una mierda!
—¡Qué chucha pasó! —Gritó pegándole a la reja del colegio. —¡¿Por qué nos pasan estas weas a nosotros?! ¡Por la conchesumadre! —Vardoc a su lado se acercó con cautela, apretando un poco el hombro del otro para darle apoyo. —
—Tranquilo Cristián... —
—¡Tranquilo de qué, weón! ¡Nos cambiaran de colegio porque sí conchesumadre! ¡Viejo culiao! ¡Hijo de puta!—
—Cristián... —
—¡Cállate weón! ¡Cállate! — Siguió gritando por la impotencia. Unas lágrimas inevitables surcaron sus ojos. — ¡Puta la weá!
—Ya... Ya... —Siguió Vardoc y conociéndolo completamente, no dudó en abrazarlo fuerte, logrando con eso golpes sin dolor en su cuerpo, sólo para alejarlo. — Tranquilo... —
—¡N-no weón, no! —Ya todo era horrible y sólo se dejó hacer en esos brazos más robustos que él. —
Estuvieron unos minutos así abrazados, hasta que Cristián comenzó a tranquilizarse y respirar más calmadamente, las lágrimas no cesaban. —Tengo que contarte algo... —Habló Vardoc alejándolo un poco, lo suficientemente para que lo viera a los ojos. — Me... me iré a Temuco, Cristián. —
Xoda inmediatamente lo alejó de una, mirándolo a los ojos directamente. —¿Qué? ¿Qué weá estás hablando? —
Vardoc miró con tristeza hacia otro lado, no quería mirarlo de frente — Conversé con mi mamá, nos iremos a Temuco y terminaré mis estudio allá. —Se sinceró, vio la cara de Cristián, una cara entre confusión y desespero. — Lo siento, no tenía opción, allá está mi familia también.— Dijo y trató de abrazarlo, pero el otro no se dejó.
—M-me estás diciendo que después de todo... —Habló con la voz cortada, con las lágrimas en la garganta. — Que después de todo, ¿Te irás? ¿Me dejarás acá weón? ¡Después de toda la mierda! —Gritó y le pegó un combó que no alcanzó a llegar porque perdió el equilibrio cayéndose. —Tú también eres un hijo de puta... —susurró llorando. —
—Cristián... —
—¡No me toquís culiao! —Gritó. —¡Ándate weón! ¡No te quiero ver nunca más culiao! ¡Nunca más! —Nicolás intentó detenerlo, pero cuando Cristián volvió a sostenerse de pie, sólo atinó a abrazarlo, dándole un beso desprevenido. Un roce, un simple roce que transmitía todo lo que él sentía en esos momentos. —Aléjate... —Susurró Cristián cuando terminó el beso. —
Vardoc iba intentar sostenerlo, pero por su mala desgracia, el más bajo sólo atino a correr, sin mirar atrás y él, no alcanzó a agarrarlo para que se detuviera. Sólo se quedó ahí frente al colegio, solo, con el corazón en la mano y una angustia asfixiante en los pulmones. ¿Todo terminaría allí? Todo su esfuerzo y su amor enterrado en ese colegio que provocó que se conocieran ¿Todo?
Se quedó unos minutos más inmóvil, con las manos temblorosas, sacó su teléfono celular que hace poco le había regalado su mamá. Para su mala suerte, Cristián no tenía celular, no había forma de comunicarse, sólo el número de su casa, pero conociéndolo su querido amigo no querría saber de él nunca más.
Llamó a un número conocido, respondiéndole una amable voz, suave y dulce. —Alò ¿Nico? —
—Hola Belén —respondió seco colocando una mano en su sien. —yo... se lo dije. —
—¿Y qué te respondió? —
—No querrá verme nunca más. —
—Oh... —susurró ella. Haciendo una pausa. —Pucha Nico...
—Era obvio... —dijo con la voz quebrada. —
—Te espero acá amigo, siempre para ti. —Dijo y Nicolás como si la tuviera enfrente asintió. Luego colgó, con las manos aun temblorosas.
Sin evitarlo, se tiró en el piso, dio un grito bastante fuerte y colocando sus manos como medio de apoyo, se tapó la cara expulsando todo lo que sentía en ese momento, las lágrimas eran lo único que le quedaba, todo había terminado. El futuro junto a él, el amor, la sensación, el deseo. Todo había quedado en nada.
Miró el cielo, con los ojos lloroso y se juró que volvería a buscarlo, aún si este no quisiera.
Después de todo, Cristián era un amor que jamás olvidaría, un amor que triunfo gracias a su hormonas descontroladas, a sus esquemas juveniles que jamás comprendió del todo.
Si era por él, todo estaría bien, aun si tenía que esperar décadas para encontrarlo otra vez.
Rebelión (Jaidefinichon GOTH) Jaime/Nico Capitulo 11
Capitulo 11: «Time is running out»
Vomitó toda esa mañana, conteniendo las náuseas y los mareos. A penas si podía moverse a causa de su inestabilidad. Cuando tocaba el piso con sus dedos descalzos, sentía que el mundo se ponía al revés y su cabeza junto a su estómago explotarían en cualquier momento.
¿Así se sentían los omegas, acaso? Tan mal y desprotegido, inserto en su pieza como un refugiado de guerra, con malestares tan fuertes que apenas podía ver el sol detrás de su cortina.
No era natural, y eso Nicolás lo sabía, su instinto le permitía conocer ciertas cualidades de su cuerpo, como saber que aquellos síntomas no eran naturales, se multiplicaban por tener sangre alfa y omega, que luchaban entre sí para tener el control total. Una sangre que fabricaba hormonas para el crecimiento del cigoto y otra que impedía el crecimiento de éstas, su cuerpo era una batalla constante que al final, la víctima resultaba ser él.
Se dio vuelta en la cama un poco, pensando que así podría controlar las sensaciones molestas, pero era inútil, su cabeza era un mareo constante, trato de despejar su mente pensando en los últimos acontecimientos. Aun no podía creer que tuviera un lazo creciendo en su estómago, que le recordaba cada minuto, hora y segundo que se encontraba allí viviendo y ganando un espacio en su corazón, que vivía aun si no respiraba, que se formaba una conexión eterna con el alfa malhumorado.
Sintió menos mareo y por inercia al estar pensando en esa ecografía directa, sobó un poco su estómago. No sentía nada raro ahí, ni hinchazón ni malestares, solo la insistencia continua de querer vomitar todo. Aun no sentía un ente ajeno que estuviera incomodándole. Sin embargo, por dentro una felicidad dicha hacia aparición en sus sentimientos.
Jamás pensó que pudiese tener la oportunidad de obtener una familia.
A veces se sentía viejo, imaginaba que el tiempo correría de manera maratónica, imposibilitando cualquier tipo de fijación. Su carácter era especial, llegaba a ser tranquilo como cualquier macho, pero cuando alguna persona sea de la sangre que fuese lo molestara no podía quedarse de brazos cruzados esperando a que lo tratarán como basura.
Eso para él, era un principio abusivo que no estaba dispuesto compartir, aun si tenía que obedecer jerarquías.
Suspiro y pensó en Jaime, aquel alfa más joven que él, más activo, más pasional quizás. Era mucho más decidido que él en este tipo de cosas, y lo supo cuando el más alto le quedó mirando, con esa parada enhiesta y rígida. Seguramente Jaime ya sabía qué hacer en esta situación, había decidido llegar hasta el final, sin importar las consecuencias después, si lo desterraban y lo humillaban como un alfa fracasado, buscaría la manera de salir de la mala suerte a como a dé lugar y buscarle un refugio junto a él para que criaran a su próxima manada.
Mirarlo así, era bonito. Pensar en un futuro junto a una familia no era tan descabellado, aunque tuviese que sacrificar ciertas cosas, sus estudios y sus sentimientos.
¿Había pensado alguna vez en sus sentimientos? Negaría su propia obviedad si dijera que no sentía nada por el alfa, la atracción física que sentía hacia el ruliento era desesperante. Cuando estuvo en celo se asustó de sí mismo al perder el control de su cuerpo, de su lógica y juicio. Sólo querer sentir la sangre fluir a través de sus venas mientras era guiado en un ritual constante hacia el placer lujurioso, lo había hecho recapacitar en muchos aspectos ¿Había sido un omega inmaduro? Sí, no cabía duda, había dejado que la naturaleza escogiera por él y no sabía si había sido una idea muy buena.
Sin embargo, cuando miraba los ojos cafés del menor la corriente eléctrica en su cuerpo era inevitable, el escalofrío ni frío ni caliente también, ¿Era natural acaso? Sentir todas esas sensaciones propias de su cuerpo sin un patrón feromonal en el cuento, sea lo que sea. Si sentía algo, su mismo cuerpo le decía.
La sensación molesta volvió a su cabeza y nuevamente comenzaron las arcadas, corrió con apuro hacia el baño vomitando la nada que quedaba en su estómago ¡Por qué chucha no existía un remedio para los mareos! Incluso con un calmante se sentiría mejor, pero Iván le prohibió cualquier tipo de sustancia, porque ni él estaba seguro qué cosas le afectarían al feto. El sólo quería un alivio a su malestar, y esta vez no podía contar con sus padres. Se encontraba solo en esto. Tiró la cadena del wáter sintiendo de la nada un pequeño dolor en su bajo vientre, no era nada, más que una pequeña molestia, como un pequeño pinchazo que le clavaba justo abajo. No le tomo mucha importancia, seguramente era uno de los tantos síntomas del embarazo, pero cuando iba caminando tranquilamente hacia su pieza el dolor se incrementó imposibilitándolo caminar.
¿Qué estaba pasando? Weon, se atormentó, algo le decía que eso no estaba bien, tomando fuerza aún con el dolor insoportable se arrastró hasta llegar al celular marcando el número de Jaime.
El tiempo corrió de manera eterna, o por lo menos lo sintió así pasando los minutos en el reloj. Jaime dijo algo fugaz que no comprendió del todo a través del celular, el dolor le imposibilitó concentrarse en las palabras del otro, sólo podía sujetarse el vientre con la mano izquierda.
Aun en medio del dolor, sintió bulla en el primer piso de su casa. Y caminando a paso lento con los pinchazos clavándole el bajo vientre, logró llegar hasta la puerta encontrándose con el alfa.
—¡¿Qué pasó?! — preguntó preocupado, Nicolás lo miró con una cara de pocos amigos.
—¿No cachai que me retuerzo de dolor aquí? Aweonao. —El ruliento frunció el ceño cerrando los ojos. Este weon aun embarazado seguía siendo un saco e cacha.
—Ya... Mejor te llevo donde el Iván al tiro, nos dijo que si presentabai dolores fuéramos con é enseguida. —Nicolás asintió con una mueca, el dolor era horrible.
Nicolás no se explicó cómo es que el alfa había llegado tan rápido. Se movió gracias a la ayuda de él y salieron rápidamente de la casa, viendo como el más alto lo direccionaba hacia un auto lo bastante cómodo, pequeño para pocas personas que estaba estacionado frente a su casa. ¿Jaime tenía auto?
Se sentó intentando acomodarse para que el dolor disminuyera un poco, pero no servía ninguna posición. Al ver como el otro corría rápidamente hacia el asiento del manubrio, lo miro suplicante.
—Trata de soportar un poco... La casa del Iván no queda lejos —
El omega no comentó, sólo se dedicó a sujetar su bajo vientre como pudiese, pensaba que ese órgano que tenía alojado a la pequeña criatura se saldría en cualquier momento y era algo que ni él mismo podría imaginarse.
Jaime miró asustado a través de la ventana del auto, tomando atención en sus esfuerzos por manejar bien y rápido a la vez. Lo que menos quería era que un paco lo detuviera por exceso de velocidad, pero ante una emergencia todo valía, más si esa emergencia venia acompañada de gemidos dolorosos por parte del mayor ¿Por qué le dolía el vientre? ¿Acaso, podrían perder él bebe en cualquier momento? No era algo que estaba dispuesto a dejar, su hijo debía estar bien, sano y salvo dentro del cuerpo del omega.
Jaime estacionó con cautela después de unos 20 minutos más o menos, Nicolás seguía en una posición fetal agarrándose su bajo vientre, quizás esa posición le hacía doler menos, pero era algo natural que cualquier ser humano instintivamente se contrajera de ese modo para evitar los dolores del cuerpo. Siendo lo más rápido, tomó a Nicolás con cuidado guiándolo suavemente hacia la casa de Iván.
—¿Qué pasa? —Preguntó Iván consternado, nadie le había avisado que el omega vendría en estado doloroso. —¿Qué le pasó al Nico? —
Jaime inmediatamente entró cuando Iván le dio el pase para entrar —Sorry por no avisarte, y tocar tan brutalmente, pero éste weón está con dolores en la guata. —
Iván miró de reojo, ya sabía a donde guiaba esto y era algo que temía desde que había confirmado las sospechas de embarazo. Nicolás sufría una especie de lucha interna entre sus hormonas, diferentes por cada tipo de sangre. Pensaba que sí logró concebir, era lógico que las propiedades omegas se reproducirían a nivel celular más rápido provocando que por sí solo disminuyera las alfas.
Nunca imaginó que quizás ambas sangres contenían propiedades muy fuertes en cada compuesto, y que por lo mismo Nicolás no tuviera una autorregulación propia. —Ya, guíalo hacia mi sala de investigación porfa, quizás tenga que suministrarle algún calmante mientras veo que hacer.— El alfa mayor sólo asintió, no le agradaba que su omega estuviera sufriendo dolores, porque él también los sentía, y para que pudiera sentirlos significaban que eran muy fuertes.
El alfa menor, tenía un estudio al cual sólo se dedicaba a realizar investigaciones, por lo que no era extraño que tuviera una camilla exprés, por si era necesario hacer algún que otro examen que proporcionara la facilidad.
—Iván... —Llamó el Alfa mayor. — ¿Qué crees de todo esto? ¿Estará bien? —El de pelos oscuros sólo lo miró en silencio. —¿Tan mal está?
—No es eso. —Negó. —El problema es que... Nicolás al tener dos sangres... es difícil saber qué hacer con exactitud, ¿Ustedes realmente quieren tener este hijo? Puede que si la alfa predomina sobre la omega... tenga aborto espontáneo. —Jaime lo miró en sorpresa. — Lo máximo que puedo hacer ahora es suministrarle un calmante vía suero, tanto vómito y nauseas lo ha dejado también algo deshidratado y no es bueno, ni para él ni para el bebé. —Al tener a Nicolás retorciéndose en la cama, emitiendo quejidos de dolor se apuró inmediatamente a buscar la droga precisa para tranquilizarlo. — Igual... mi pregunta es otra Jaime... —Comentó mientras tocaba la jeringa para asegurarse que la porción estaba bien. — Yo puedo lograr que su cuerpo se estabilice, pero quizás... ayude levemente a que su sangre omega gane la batalle y Nicolás, sea un Omega en totalidad. —
El ruliento se quedó pensativo, no era una posibilidad tan mala, de hecho sonaba mucho mejor, así Nicolás no tendría problema alguno en concebir y gestar a esa criatura que crecía en su vientre. Sin embargo, la decisión de Nicolás también era importante, porque pese a todo, él también debía pensar en esa responsabilidad. Mientras veía como Iván pinchaba al omega e inmediatamente veía como se calmaba, pensó también en la posibilidad de que su carácter cambiase, y si cambiara ¿Sentiría esa atracción extraña que este hombre le provocaba?
Era una pregunta caprichosa y capciosa a la vez, es decir, ¿Qué sentía por Nicolás en primer lugar? Era muy poco tiempo para decir que realmente le gustaba, simplemente le proporcionaba un sentimiento cálido cuando lo besaba, o lo miraba de reojo al ver sus expresiones medias infantiles para un weón de veinticinco años. Lo consideraba su amigo, un amigo leal e importante, con una paciencia infinita que pocas personas tenían en él. Y que además fue uno de los pocos humanos que había tenido un gesto bastante amable, aún si lo había hecho sólo para incomodarlo por su jerarquía.
Nicolás era importante y lo sabía, más con esa unión que crecía por dentro.
—Puta... —Susurró Jaime. —Si me preguntai... prefiero mil veces a este Nicolás que un omega normal.
Iván lo miró inmediatamente, haciendo un gesto con una carcajada suave. —¿En serio? Weón, tanta mina rica y vo queris a un alfaomega ¿Quién te entiende? Igual has cambiado harto desde que éramos chicos. — Jaime sonrió de medio lado, casi melancólico. Tenía razón, pero no le molestaba, Nicolás había cambiado muchas cosas de él que antes las hacía pasar desapercibidas. Todo era tan extraño. —
—No sé... —dijo despacio mirando como el alfa menor inyectaba a suero. — Quizás sea porque por primera vez siento un lazo que me une a él. —
—Puede ser, yo puedo entender muchas weás químicas, pero no entiendo cosas así, jamás he sido papá. —
El alfa mayor se tranquilizó cuando vio a Nicolás descansando en la camilla, tranquilo. Por lo menos los sedantes le estaban haciendo bien. — ¿Y por qué, weón? Eres más chico que yo, deberían conseguirte ya una pareja.
El bigotón sólo sonrió, acercándose hacia la silla que hacia compañía al alfa. — La verdad me he escapado ene veces del compromiso. —Se sinceró. —No he querido porque, me carga que me obliguen a tomar a alguien sin sentir nada por esa persona... Igual tú, me sorprendiste weon, pensé que como sucesor debías estar comprometido ya. —
—No... También me he escapado, conseguí que mi vieja me dejara estudiar Ingeniería, fue un milagro esa weá. —Miró a Iván con nostalgia. — Y saber que crecimos en la misma manada, que eres weón, a pesar de los años no cambiai. —
Iván se cruzó de brazos, el momento tenso había pasado. — Hicimos muchas weas de pendejos en esos tiempos. —Comentó a la nada, también con una mirada nostálgica. —No sé en qué momento nuestros papás se pusieron de acuerdo para ser todos de una misma manada sin tener lazos de sangre. —
Jaime rio — Puta, tu sabis que mi vieja tiene una influencia muy grande, engatusó en cierto sentido a tus papás siendo betas, nada que hacer... Aún me pregunto cómo es que naciste Alfa si ya habían varias generaciones siendo beta. —
—Weás de la vida, supongo. — rio Iván. —Jaime...
—¿Qué pasa?—
—Tengo que tomar decisiones respecto al Nico... —Dijo con la mirada algo entristecida. — ¿Qué hacemos? ¿Qué hago? Si lo dejo así como así, puede que el mismo cuerpo no tenga suficientemente energía para que se desarrolle el bebé. Hacer una carga genética es difícil, más si la alfa tiene casi el 50% de sangre... Aun no termino de sacar los resultados completos de su sangre. —Se acomodó en la silla. — eso fue lo último que vi separando los componentes. Quizás si tengo suerte, pueda ayudar a inyectarle algo que genere un poco más de encimas, o ayudarlo con una carga hormonal. No sé si cambiaría, su ADN es fuerte como para hacer algo tan simple. Sólo si no estás de acuerdo en transformarlo completamente en un omega, sería algo como de reemplazo mientras se desarrolle él bebe durante los meses. —
—Está bien así, creo. —Dijo dudoso. — Mientras él no cambie completamente... La weá es que el Nico pueda soportarlo ¿Seguirá con Nauseas y mareos así de cuáticos? —
—No tanto, creo... es como engañar al cuerpo, por lo menos él se estabilizará, quizás cuando el bebe esté más grande y el cuerpo tenga que obligatoriamente generar hormonas suficientes para el crecimiento, pueda soportarlo por si sólo... Es una hipótesis sí, no tengo idea. Generalmente los alfaomega que me han tocado tienen un porcentaje leve de alfa. —
—Puta la weá, Nico culiao problemático. — Susurró frunciendo el ceño. — Probemos eso, el Nico esta noche se quedará contigo ¿De acuerdo? —
—Sí, no hay atado. De hecho mejor para mí... así pruebo mejor, cualquier cosa te llamaré mañana, déjamelo aunque sean cuarenta y ocho horas para observación. —
—Ya... —El ruliento no estaba muy conforme. —Weón, me pasa algo extraño, somos de la misma manada, nos conocemos desde chicos e incluso tenemos casi el mismo, pero no estoy seguro de dejar a este weón con otro alfa.
Iván rio fuerte, se acercó a Jaime despacio dando golpecitos en su hombro —Es una wea normal, soy un alfa después de todo y no querís que te quiten a tu pareja, puta... Weón está marcado, no hay mucho que pueda hacer.
Jaime lo miró molesto. —No es como si fuera mi real pareja... aweonao. —
—Sí... eso es verdad. —Iván lo miró con una falsa modestia, incluso quizás algo traviesa. —De cualquier forma, no te preocupes, si tengo suerte ahora pueda suministrarle algo. Sólo dame ese tiempo ¿Dale? —
Jaime Asintió su instinto le decía que no todo iría tan bien como pensaba, pero no tenía otra opción. Iván era capaz de hacer que el Nico no tuviera problemas en su embarazo, aun si llevaba poquito tiempo.
Sin mucho más que hacer, se acercó a la camilla, observó a su querido omega durmiendo, descansando, por lo menos se sentía tranquilo que pudiera descansar aún si estuviera sedado. Realmente no quería que Nicolás cambiara su forma de ser, podía ser el weon más esquivo y aweonao de todo el mundo, pero lo apreciaba así tal cual. Haciendo un último gesto de cariño, acariciándole el pelo y parte de su mejilla, se alejó del lugar despidiéndose de Iván.
Ojalá todo empezara a funcionar bien, de ahora en adelante.
