Mistakes
Las manos le temblaban. No sólo debido a que el asma le estaba haciendo pagar los cuatro pisos subidos por escalera, sino también porque la conversación con James aún resonaba en el trasfondo de su mente. Había un buen motivo, ese era todo su consuelo. October había accedido a convertirse en una asesina a sueldo con la única condición de que la víctima justamente no fuera una víctima. Ancianos y niños quedaban fuera de toda consideración, y para su gusto también hubiera dejado afuera a las mujeres. Pero la irrastreable Carolina Washington había cometido tantos asesinatos a sangre fría que era imposible no sentir un halo de impotencia al pensar en su nombre. El término ‘justicia’ siempre había sido una constante en la vida de la chica, un algo tan abstracto e indescifrable que era dueño de sus tantas noches en vela.
Pero Carolina merecía morir, October lo tenía claro.
En la azotea del edificio familiar el set ya estaba alistado. Prolijamente sobre el borde del barandal se encontraba ubicado un soporte para el fusil de francotirador y justo debajo de él, un maletín color plata con los proyectiles a utilizar, asumió October. Era evidente que el contratista y su equipo ya se habían hecho presentes en el lugar, pero ahora el lugar se encontraba desolado. James aprovechó el momento de soledad para hablar una vez más con October.
“¿Estás segura de esto? Puedes desistir, puedo convencerlo de que yo soy mejor para el trabajo.” De hecho, James efectivamente era el mejor de los presentes y la insistencia de que fuera October quien ejerciera el disparo era una situación que aún lo inquietaba en una parte no tan recóndita de su mente.
“Debo hacerlo. Necesito aprender.”
En el momento en que October se posicionó frente al lente del rifle e intentó visualizar su objetivo, una camioneta color negro estacionó detrás de su espalda con un chirrido ensordecedor. De ella bajó un esbelto sujeto de edad difícilmente calculable. La chica supo que se trataba de su contratista, pero sólo medió contacto con él para ofrecerle una mirada a modo de saludo ya que sabía que su presencia se debía a ultimar detalles pendientes con James. Ella tenía un trabajo lo suficientemente arduo como para distraerse. Carolina Washington, la única persona frente a sus ojos con una condena de muerte ya firmada, se movía inquieta en el parque de la calle de enfrente.
¿Estaba nerviosa? Si la respuesta era sí, ¿entonces por qué lo estaba? {closed with angelofsmallxdeath}














