Manifiesto
Me informan que mis constantes referencias al alcohol pueden resultar ofensivas a quienes intentan dejarlo o a quienes intentan no volver a ese infierno adictivo. Me importa un carajo. Me reprochan cuando me pongo romántico porque dicen que escribo mejor con el corazón roto. Me importa un carajo. Les molesta que escriba sobre telos como si nunca hubieran garchado en su vida. Me importa un carajo. Me “acusaron” de feminista como si eso fuera algo malo, por eso también me llamaron traidor (¿A qué? ¿a la causa de la hegemonía de la pija?). Los peores afirmaron que soy una mujer que se hace pasar por hombre, hasta uno intentó seducirme por DM. Me importa un carajo. Les ofende que yo pretenda tener mi propio diccionario. Les digo que no tienen razón porque la razón la encontré en el poema “Cambios de nombre” del irracional Nicanor Parra, a ver si leen poesía por una vez en la vida porque de lo contrario me importa un soberano, desmedido y absurdamente gigante ca-ra-jo (frecuentemente uso la palabra “carajo” cuando tengo que enseñarle a los imbéciles a separar en sílabas). No hay carajos suficientes, realmente. Ni idea de donde sacaron algunos que mis letras les pertenecen a tal punto que tienen injerencia en ellas. A ver, manga de nadies: yo se que creen que vuestra opinión importa por el simple hecho de que pueden darla. Stephen King hablará por mi: "Le contesté que sin duda era muy libre de expresar su opinión; la opinión es como el culo, todo el mundo tenía uno." (Stephen King; 11.22.63, 2011).
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