Para suerte o más bien desgracia del enmascarado, aquella noche había sido invitado a una función de teatro. No era muy de acudir últimamente a reuniones sociales en horarios donde se pudieran requerir sus servicios como Batman, pero aquel día había decidido ir. Sentado en la butaca del pasillo con un enorme cuenco de palomitas, aguardaba sonriente y hablando con las personas a su alrededor. Estaba comenzando a no arrepentirse de haber ido cuando de pronto las luces se apagaron, cosa que hizo saltar todas sus alarmas además de la extraña sensación que recorrió su estómago.
Aprovechando el caos y la confusión generada en el público en el margen de pocos segundos donde las luces se mantuvieron apagadas, el hombre se incorporó y salió por una de las puertas más cercanas, buscando alguna habitación en la que pudiera resguardarse.
Las voces se escuchaban desde uno de los pasillos laterales, haciendo que se le erizase la piel ya bajo el traje.
—¡Que nadie se mueva! —ordenó la desaparecida cuando vio las intenciones del público por huir—. O serán quince minutos en vez de treinta... ¿O quizás era menos? Ya no lo recuerdo bien... —Las risas desquiciadas de la chica inundaron la sala—. ¡Buenas noches mi querido y aclamado público! Espero que esteis disfrutando la velada taaaanto como yo. Y esto no ha hecho más que comenzar... Oh no, no, no. Si alguien se acerca a mí, le vuelo los sesos a este tío. Bueno... ¿Por dónde iba? ¡Oh, sí! ¡Esto está a punto de volverse más interesante! Vamos a presenciar en vivo y en directo la aparición del grandioso Batman. ¡Y lo que es mejor aún! Va a revelar su identidad secreta en público, ¿verdad que sí querido murcielaguito? Demuestra que te importa la pobre gente de esta ciudad. Tienes treinta minutos para presentarte aquí o toooooodos los presentes morirán. CHAO. CHAO. HAHAHAHAHAHA.
Sin dudar mucho y habiendo contabilizado unos cuantos minutos de reloj tras aquel mensaje, decidió salir. Esta vez fue él quien bajó prácticamente todo el cuadro de luces salvo las de emergencia en todo el edificio. Tras unos segundos, la megafonía general comenzó a reproducir con aquella voz metalizada su mensaje.
"No hay necesidad de que nadie salga herido. Aquí me tienes, ahora suelta a ese hombre y deja que el público salga". Antes de que el mensaje terminase de reproducirse, Batman se dejó caer desde la batería de luces que daban vida al espectáculo directamente al escenario, justo tras ella.
— Suéltalo. — Pronunció de forma tajante, haciendo que la chica notase el afilado filo de su batarang directamente sobre su cuello.
Una chica de mediana edad descendió también del techo, haciendo que Batman alzase la mirada hacia ella. ¿Era otra sorpresa del espectáculo o su ángel guardián? Sin embargo, su postura se mantuvo, sin darle opción al arlequín de moverse.
—¿Pero qué coño haces tú aquí? ¿Es que quieres que media ciudad se entere de quién eres? —espetó Jessica de malhumor a Batman, aunque no tardó en mirar al arlequín—. Harleen, sé quién eres, tus padres te están buscando. No sé de qué coño va esta parida rara, y si a tu novio le van los números con payasos porque así se le pone dura, no me interesa saberlo. Pero no has llegado demasiado lejos todavía, suelta a ese tío.
— Eso no va a pasar. — Respondió a la detective ante la posibilidad de desvelar su identidad, mirándola de reojo con cierto recelo al escuchar la historia.
—¿Queréis detenerme o queréis salvar a la ciudad? ¿O solo se trata de una cuestión de ego por ver quién tiene realmente el control? —replicó Harleen—. Lo veremos.
Lejos de hacer caso de las indicaciones de Batman, ladeando un poco la cabeza hacia el hombre murciélago para ver su reacción, apretó el gatillo. Aunque, en lugar de reventar la cabeza al hombre como había advertido, un banderín salió del cañón con un "SMILE" en color morado. Como si de una señal se tratase las alarmas de emergencia se dispararon y por los conductos de ventilación un humo espeso empezó a filtrarse, provocando que los presentes empezasen a reír sin control alguno.
— ¡NO! — Exclamó al ver que presionaba el gatillo, sintiendo que se le paraba el corazón por unos instantes hasta que vio el banderín. Desde luego, aquella chica no era normal y tenía un claro trastorno mental, o al menos eso pensaba. A pesar de ello, no la soltó hasta que aquel humo comenzó a descender del techo. — La conoces, ¿Cierto? — Hablaba directamente con Jessica. — Sujétala por mí. Sin darle mayor opción, la empujó hacia ella ella para comenzar a correr hacia el extremo del escenario, buscando parte del decorado, ropa o cualquier cosa que pudiera servir para prenderle fuego, con la intención de encender los aspersores.
— ¡Fuera todo el mundo!
—No puedo. No puedo hacerlo. No puedo —balbuceó a duras penas, mientras negaba con énfasis, al borde del colapso emocional.
El murciélago había dado por sentado que Jessica se encargaría de la chica mientras él intentaba hacer que los aspersores funcionases y poder así apaciguar algo aquel gas, y aunque trató de resistirse, empezó a reírse también de forma descontrolada, llevándose un codo a la nariz y la boca. Era su modo de intentar mantenerse callado y de protegerse contra lo que dios quisiera que fuera aquello.
— Tenemos... — Tuvo que parar para para tragar saliva y arrastrar así a lo largo de su garganta luna carcajada que amenazaba con salir. — que irnos. Ya.
(...)
· Jessica Jones y Harley Quinn @heroesmarginados












