Carta a una desconocida. (I)
Esta carta no expira. Léala cuando dude que fuimos reales, cuando piense que ya no hay lazos, cuando me maldiga o cuando la indiferencia quiera convencerla de que todo murió. I. El perdón que no sangra Le debo un perdón silencioso: por el daño que entiende y por el que aún no sabe nombrar. Por sus desvelos, sus dudas, por cada decisión tomada con mi sombra detrás. Perdón por ese juramento que ató nuestras almas con una pureza irrepetible por ninguno que no sea uno. II. Ya no soy ese monstruo Levanto la mirada. No soy el monstruo que la hirió, aunque sigo marcado por él. He caminado por sitios donde la vida se cobra en sangre, donde uno entiende qué es el caos y aprende a no llamarse víctima ni siquiera en silencio. III. Lo único que no pude soltar He dejado ideas, errores y nombres en muchos lugares. He dado el poco amor que sobrevivió a mis ruinas. Pero hay algo que no pude entregar porque no me pertenece: -El alma que hasta hoy sigue unida a la suya- Con vergüenza le hago saber No hay poder humano ni divino que deshaga lo que se hizo como un milagro oscuro, como tocar el sol sin quemarse. IV. Y aquí termino Dejo estas líneas como testimonio de arrepentimiento, respeto y de un amor que, aunque no lo quiera, sigue existiendo y esperando.
🐺MEC













