10 Cosas que Odio de Extrañarte tanto, Azucena
Odio acordarme de aquel "gas de la suerte" en mi cara,
y de la pena en tu rostro que con nada se borraba.
Odio que te cenaras doce conchas de pan de un jalón,
mientras yo te miraba con asombro y con amor.
Odio que montaras aquel burro con tanta elegancia,
y el pretexto del "Haitiano" para el Didi y su desgracia.
Odio el famoso trasquilón que te dejaste en el cabello,
porque hasta con tus locuras todo en ti seguía siendo bello.
Odio extrañar reírme contigo hasta que me doliera la panza,
y odio ver que hoy el silencio es nuestra única danza.
Odio el espacio vacío cuando no duermo entre tus piernas,
y la falta de tus abrazos "feos" y tus defensas tiernas.
Odio recordar cómo te cobijaba por la mañana,
haciéndote el "shh shh" mientras cerraba la ventana;
y odio que te despertaras enojada por no haberte levantado,
cuando yo solo quería tenerte un rato más a mi lado.
Odio extrañar contarte todo sin miedo a tu reacción,
y que quisieras acompañarme a cualquier instalación.
Odio ver las flores silvestres que crecen en el tramo,
las mismas pequeñitas con las que te decía "te amo".
Odio los sándwiches que temprano me hacías para el trabajo,
y extraño cocinarte cosas nuevas, desde arriba hasta abajo.
Odio no verte todos los días al llegar la hora de salida,
cuando el reloj me avisaba que regresabas a mi vida.
Odio extrañar tus pies para darles un buen masaje,
y odio que tu frase "¡Ooora!" ya no forme parte del viaje.
Pero lo que más odio, Azucena, en esta tormenta tan fría...
es que no te pueda odiar, ni siquiera un solo día.
Porque te amo en cada recuerdo, en el dolor y en las mandarinas,
y odio saber que, aunque me bloquees, de mi pecho no te terminas.