Al parecer no bastaron los cinco años que pasaron desde la edición del desaliñado “No line on the horizon” para que U2 encontrara el camino a la creatividad. Si bien, la producción es de primer orden, incluyendo la artificiosa medida de regalar el disco a los oyentes varias semanas de su edición en formato físico. La agrupación recurre a todos los trucos de mago empleados por las bandas más famosas ** momento para hacer música de estadios y estar presente en los rankings del planeta. Sacando a relucir apenas, el talento musical innegable del grupo. De hecho, hay muy poco de U2 en el álbum, hay mucho marqueteo o una necesidad imperiosa de estar en el mapa de las bandas más populares del momento. Hay aires de Coldplay, de Kings of Leon e incluso de blockbusters como Imagine Dragons. El inicio del álbum, nos remite queramos o no al Coldplay de “Ghost Stories” con aquellos coros entre místicos y afectados en la canción “The Miracle (of Joey Ramone)”. “California” destila ambición desmedida, pero está bien. En “Song for someone” la balada de turno, si bien no llega a los niveles de “One” es destacado el cometido de Bono, quien aún conserva su gran voz, la que suena dúctil y macerada en gran parte de este trabajo. “Raised by wolves” es una postal de los nuevos tiempos: efectista y épica. La vibra U2 se puede distinguir en “Cedarwood Road” donde las guitarras asumen el protagonismo. En “Sleep like a baby tonight” se percibe experimentación, lo malo que se nota falsa como pescado con hombros. No hay que ser injustos, el disco de igual modo es una calibrada pieza musical, sin embargo, le falta espíritu y un poco de espontaneidad. Por lo menos, al público lo tiene asegurado: 500 millones de clientes de iTUNES tiene el disco en su poder. Ésta, sí que es grandilocuencia pura y un gesto para los estadios.