Rumbo de la vida ...
Hay días nublados. Otros más grises. Algunos llenos de rabia y resentimiento. Otros donde ni siquiera sabes dónde estás parada.
Pero eso también es la vida.
Seguir, incluso cuando todo parece perder sentido.

seen from Sweden

seen from United States
seen from Netherlands

seen from United States
seen from Germany
seen from Norway

seen from United States
seen from Ireland
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Australia
seen from United States
seen from India
seen from United States
seen from India
seen from China
seen from United States
seen from United Kingdom
seen from United States
Rumbo de la vida ...
Hay días nublados. Otros más grises. Algunos llenos de rabia y resentimiento. Otros donde ni siquiera sabes dónde estás parada.
Pero eso también es la vida.
Seguir, incluso cuando todo parece perder sentido.
🌌
Capítulo I — El espejo que arde (Fragmento de una historia en proceso)
Era una tarde de muchas promesas, llena de risas y alcohol. Ya nos encontrábamos en el preámbulo de nuestra velada cuando lo noté agobiado, casi vencido por el efecto del licor.
De repente, su sombra pálida y tenue se confundió con la mía; su cabeza descansó en mi hombro y, con una voz suave, me preguntó:
—¿Sabes qué siento cuando hablo contigo? Que eres el espejo que un día encontré, la gota de agua que me hará reflexionar.
Yo lo miré y no tuve que preguntar nada. Ambos sabíamos lo que significaba sostener una sonrisa falsa cuando por dentro todo se derrumba.
Habíamos aprendido a usar el sarcasmo como escudo, para que nadie notara el miedo que seguía ahí, escondido.
—Es extraño —respondí—, es como si fuéramos dos pétalos de la misma rosa, con espinas que ya sangraron, pero que vuelven a encontrarse.
Él sonrió. Yo también.
Y entre silencios compartidos, entendimos que éramos parte del mismo fénix: que habíamos ardido en ansiedad, depresión y estrés, hasta reducirnos a cenizas, solo para renacer de nuevo.
—Conocemos el inicio y el fin —susurró él. —Sí —contesté yo—. Y aún así, seguimos aquí.
Quizá nunca supimos si lo nuestro era un comienzo o un cierre. Pero en ese instante, fuimos exactamente lo que necesitábamos ser:
dos almas que se reconocieron entre ruinas, y que eligieron mirarse para recordar que, incluso en las cenizas, la vida sabe volver a empezar.