⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀‹ 𝐋𝐄 𝐋𝐀𝐁𝐘𝐑𝐈𝐍𝐓𝐇𝐄
⠀⠀⠀⠀⠀⠀୧⠀.⠀︴⠀——— 𝗂𝗍'𝗌 𝖺… 𝗵𝗲𝗮𝗱𝗰𝗮𝗻𝗼𝗻 !
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀╰ 𝖫𝗎𝗂𝗌𝖾𝗍𝗍𝖾 𝖠𝗅𝖾𝗇𝖼̧𝗈𝗇 !
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀🖇 ; #LePetitePapillon.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝖼𝗋: 𝖼𝗁𝗂𝗁𝗂𝗋𝗈.𝗍𝗑𝗍
Si alguna vez le preguntaban a Luisette sobre su lugar favorito, probablemente lo primero que mencionarían sus rosáceos labios sería “el laberinto mágico” un lugar que parecía haber sido sacado de los paramos más hermosos jamás vistos, aquellos que únicamente existían en la imaginación de las personas y que solo habían sido plasmados un par de veces en las novelas que tanto adoraba leer.
Evocar la sola imágen de dicho lugar le resultaba gratificante, era como si su corazón mismo sufriera un vuelco de emoción ante todas las maravillas que esté sitió podía ofrecer.
El laberinto mágico era la joya de Beauxbatons, un lugar que era visitado por todos los estudiantes y en dónde se llevaban acabo diversas actividades, pero igualmente representaba el lugar secreto de aquellos que sabían cómo moverse dentro de el, un lugar que contenía las sorpresas más inusuales que uno pudiera imaginar, en el no habitaba nada que no fuera armónico o delicado, nada que no conmoviera cada fibra de tu ser.
La joven se encamino gracilmente hasta la entrada del lugar, el portal de lanzas que era flaqueado por dos hermosos querubines la recibió como de costumbre, silbando suavemente ante el paso de ella, la contraría sonrió cálidamente puesto de nueva cuenta se encontraba en el sitio que tanto amaba; los delicados rayos del sol descendian gentilmente sobre la superficie del lugar, otorgándole vida y calidez a las flores que comenzaban a dejar de ser capullos, las mariposas y libélulas pululaban a su alrededor haciendo una sutil danza que solo era apreciada por aquellos que se tomaban el tiempo.
Todo ahí estaba lleno de altos arbustos perfectamente cuidados que forman intrincados pasillos que te dirigían a los diversos puntos en donde se encontraban las trece estatuas, mismas que gozaban de jugar con los pobres incautos que se adentraban, puesto a menudo solían cambiar de posición con sus compañeras, confundiendo de ubicación al inexperto que no conocía ese pequeño detalle.
Luisette inhaló profundamente el aire del lugar, sus pulmones se llenaron del aroma dulzón que flotaba en el, propio de la variedad de flores y árboles que en el crecían; mordió su labio incapaz de contener la euforia que le producía todo, la joven se quitó los zapatos y rápidamente fue recibida por la frescura que contenía el césped del lugar, el rocío de la madrugada había dejado presencia en este luego de todo.
—Se que estás ahí, mon chéri.
Las risas melodiosas se escucharon, Luisette dejo en su costado las tizas y libreta que había llevado, girando lentamente sobre sus talones.
—¡Me hiciste trampa, prometiste que no volverías a mover, aún no termino tu dibujó!
De haber prestado mucha más atención, o siquiera haber sido unos segundos más rápida, se hubiera dado cuenta que una elegante figura propiamente tallada en mármol corría presurosa hacia el grueso tronco de un sauce llorón.
Las estatuas contenían personalidad propia, cada una de ellas decidía si interactuaba o no con los estudiantes o en su defecto, como lo hacían, pero desde que había ingresado al colegio recordaba haber jugado con estás, siempre ocasionando que sus dibujos quedarán incompletos debido a sus constantes cambios.
A menudo acudía a estás en busca de inspiración, consejos o bien, simple diversión cuando sentía que el mundo mismo se le desmoronaba.
—Si te llegó a atrapar está vez tendrás que quedarte quita. ¿De acuerdo?
Dió diminutos pasos, cada uno de estos tan graciles como solo una bailarina de ballet podía darlos.
Luisette brincó a un costado del sauce llorón, pero nuevamente la contraria había sido más rápida.
Rasgo su mejilla un tanto frustrada, buscando ver algo que le indicará donde estaba, cuando en su vista captó a la madre con su hijo, acunandolo amorosamente entre sus brazos, no dudo ni dos segundos en acercarse.
Pero no fue necesario, la doncella salió corriendo de entre los arbustos, riendo claramente y cuando ella lo vino a notar ya estaba detrás de la estatua, intentando tocarla con los dedos.
La imagen misma resultaba etérea, los cabellos platinados de Luisette ondaban con el viento, sus vestimentas de un tono lila creaban elegantes figuras entorno a sus tobillos y la misma estatua se movía con la agilidad y precisión sobre el prado de hermosas margaritas que había.
Comento la bruja, se dejó caer delicadamente sobre el césped, inhalando con fuerza el aire que sus ardientes pulmones exigían.
Admitió. La estatua cubrió sus labios de una manera dulce, ocultando probablemente su gracia ante la situación, con cuidado tomo asiento alado de Luisette, indicando que está posará la cabeza sobre sus piernas y como era de esperarse, el frío marbol la recibió, sin embargo se encontró extrañamente cómoda entre sus piernas.
—No volverá a suceder. A la siguiente te atrapare.
Le advirtió mientras la doncella jugaba sus cabellos entre sus blanquecinos dedos.