Habla Bob Chow
En la segunda mitad del 2014 apareció El momento de debilidad (Nudista), la primera novela de Bob Chow, y fue una de las mayores sorpresas literarias del año. En su biografía decía solamente el año de su nacimiento, 1963, y luego: No hace nada.
Lo único que sabíamos de Bob Chow hasta ese momento era que tenía un blog: O comments. También se había convertido en un nombre reiterado en Twitter por el escritor Carlos Busqued (Chaco, 1970): “A Chow lo conozco de la época de los blogs, el suyo era el mejor que leí, y creo que es una joya. Me llamó la atención la avalancha de ideas, la brillantez esquizofrénica de las conexiones que logra, el variadísimo abanico de influencias (Burroughs, Ted Kaczinsky, Frank Zappa) y personajes visitados (el pollo sin cabeza miracle mike, el matemático grigory perelman, el campeón mundial de pacman, diez mil más); una vuelta rara al circuito lógico de pensamiento.”
Luego se supo que había grabado un disco y que lo subió a su perfil de Bandcamp: El verdadero camino hacia el aeropuerto. Es un trabajo rockero y que tiene a la guitarra como pista de despegue.
Ahora bien, ¿de qué trata El momento de debilidad? Se puede decir que es una historia de amor intercalada por mercadotécnica cinematográfica y viajes a lugares lejanos y misteriosos. Pero la trampa magnética de fascinación no estaba tanto en lo que se contaba, sino en la voz que Chow: con una habilidad aforística impresionante, que deja al Indio Solari como un rey del lugar común, que hacía que la historia quedara un poco de lado para concentrarse en esa prosa inaprensible.
Ahora, un día soleado y de mucho viento, estamos en una terraza de Palermo y Chow cuenta: “Nunca intenté publicar. Pasa que yo no creo en golpear puertas, no soy un tipo de fuertes creencias. Es más, tampoco se me había ocurrido escribir una novela. Yo escribía en el blog. Pero algunas personas me dijeron que tenía que escribir una novela: Carlos Busqued, entre ellos.” Después de esa sugerencia se puso delante de la computadora a ver qué pasaba. “Al principio escribía como en trance. Después me pareció que eso no tenía sentido. Así que lo que quedó es una transacción entre momentos de trance y fría lógica aristotélica: hacer como que la cosa tiene un sentido.”
Durante ese proceso de escritura comenzaron a emerger cuestiones biográficas: “El ochenta por ciento de las cosas de la novela son mías: yo viajé a Tahití porque tengo muchos hermanos allá. Pasa que mi viejo hizo muchos viajes a ese país”. Después fue apareciendo el estilo y esa forma particular de construir oraciones trascendentes: “Hay momentos en los que surgen ideas: raras, lindas, originales. Pero cuando las quiero meter en la novela busco la forma más elegante de presentarlas. Tengo que reconocer que me llama la atención el lenguaje en su aspecto significante, y le doy mucha pelota a eso. Basta que aparezca una palabra que no me guste en una página para que yo deje un libro. Es por eso que no leo ficción. A veces leo algo pero para ver cómo escriben. Me gustan más los filósofos contemporáneos.”
Si no es en la literatura entonces, Bob Chow busca en otros territorios, más cercanos a su sensibilidad, el lugar de donde tomar prestados sus materiales: “Tuve cuarenta años de influencias. Por ejemplo, el ocultismo y la experiencia con la secta Rama. O el William Burroughs de los sesenta y setenta, que es el ideal misma de la escritura: la escritura sin escritor. Es desaparecer bajo una tonelada de obra. Por otra parte está Frank Zappa y lo que hace con su arte: las formas que presenta son complejas y representan un paisaje más interesante de ver. Y también me gusta la ciencia y la divulgación científica. Yo hubiera querido ser físico. Además me interesa el contacto extraterrestre, el futuro del hombre y el desarrollo de la inteligencia a través de las máquinas.”
En breve sale El águila ha llegado. Una novela que fue escrita en un mes y que está en un fervoroso y final proceso de corrección. ¿Qué se puede saber de este nuevo libro? Responde Bob Chow: “Cuando yo estaba grabando mi disco había a mi alrededor gente que estaba en contacto con Gustavo Cerati. A mí, Cerati me empezó a llamar la atención, como personaje, cuando entró en coma. Era el contraste con la vida de divo. Cuando tuvo esa desgracia me identifiqué con él. Mi productora lo vio a Cerati hasta el último día. Bueno, ella me hablaba mucho de él y de su presencia fantasmal. Eso por un lado. Por otro lado, un amigo quería ser personaje de una novela, lo decía en chiste. Pero a mí me sirvió. Y esas fueron las dos ideas que tuve a mano. Y yo justo necesitaba un proyecto nuevo de escritura y me mandé.”
Publicado en Tiempo argentino, 2015.










