#Boccaccio2018 V, 5-6-7. El amor redentor
Pasado el episodio del ruiseñor, en el que Filóstrato trata de congraciarse luego de la jornada triste que les propinó a sus compañeros el día anterior y al mismo tiempo nos muestra que no es ese personaje asexuado y nostálgico del amor cortés, nos adentramos en una serie de historias con un marcado contenido descriptivo de la azarosa vida en la Edad Media. En efecto, los personajes de los cuentos 5, 6 y 7 tienen sus vidas marcadas por la violencia, las diferencias sociales y un toque de fortuna que los salva y los devuelve a su vida original. El vehículo para ello es el amor.
Agnesa, de quien conocemos el nombre solamente al final del cuento, cuando se humaniza y deja de ser el objeto del deseo de Gianole de Severino y Minghino de Mingole, recupera no solo su nombre sino también su familia. Había sido criada por Guidotto de Cremona, quien la había encontrado en ocasión de saquear su casa en Faenza en un ataque ordenado por Federico II. Porque los frecuentes ataques, saqueos, sitios y devastaciones que eran comunes en la época tenían consecuencias humanas, no eran solamente movimientos de ajedrez o cambios de posicionamiento de fuerzas políticas. Este horror de la guerra, que generalmente es dejado de lado en el análisis literario, es el que no muestra cotidianamente Boccaccio. Ya lo hemos visto varias veces en personajes que son alejados de su ciudad por piratas, vendidos como esclavos, entregados como prendas de vasallaje. Lo mismo le pasa a Restituta Bolgaro. Secuestrada por unos sicilianos mientras paseaba por la playa de Ischia, es regalada a Federico II quien la reserva para sí en una torre, de la cual la rescatará Gian de Procida.
En la historia siguiente ocurre lo mismo con Teodoro, que fue tomado prisionero y vendido como esclavo en su Armenia natal y termina en Trápani como sirviente.
Estas situaciones que se dan consecutivamente en tres historias no son nuevas en Decameron. Ya lo hemos visto en la historia de Doña Berítola y otras anteriores. El cambio y la movilidad social estaba signado por las guerras civiles, las cruzadas y la piratería. Aquellos que eran nobles o ricos pasaban a la pobreza, la servidumbre y la esclavitud en virtud de batallas ganadas o perdidas. Todo esto se relata con una naturalidad asombrosa. Sobre todo la esclavitud. La condición de esclavo no tenía que ver con la extranjería sino con la casualidad. Con estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Los hijos de nobles son vendidos como esclavos sin que medien consecuencias.
Y aquí es donde entra el amor como redentor de estos personajes. Porque en todas las historias, además de mediar la fortuna y la casualidad, el común denominador que dispara la redención es el amor. Una primera lectura, acostumbrados ya al horror de las condiciones de las personas en la Edad Media nos hace pensar que el amor es lo que les trae desventuras y sufrimiento. Pero los personajes viven una historia previa espantosa y finalmente logran salir de ella gracias al amor.
En el caso de Agnesa, rescatada de las llamas por el mismo que las provocó, viviendo una vida falsa con su apropiador y luego con un amigo de éste que la toma a su cargo. Sin identidad ni familia, y con una familia acongojada porque la cree muerta. Sin importar si su familia de crianza fue buena o mala con ella, Agnesa era una falsa huérfana. Es dable imaginar la vida de su madre y su culpa sobreviniente por haberla abandonado en el infierno de los saqueos y la guerra e imaginarla muerta por su culpa. La tristeza de su padre. De no haberse enamorado de ella tanto Gianole como Minghino, de no haber luchado por su amor, de no haberse provocado la reyerta, el escándalo y las consecuencias que ello trajo nunca se hubiera conocido su origen. La fortuna y la casualidad, necesarias para darle entidad literaria al asunto, hicieron que Bernabuccio reconociera a su hija perdida, que recuperara a su padre, su nombre, su hermano, su origen. Todos se salvan y es por el amor.
Restituta, hija de Marín Bolgaro, gran almirante y constructor naval al servicio del rey Roberto, se enamora de Gianni de Prócida, emparentado con Gian de Prócida, de fundamental importancia en las Vísperas Sicilianas que pusieron a Federico II en el trono. No les sirvió de nada. Ella es secuestrada por unos simples piratas sicilianos y enviada como presente al emperador. Solamente el inmenso amor de Gianni y su arrojo temerario lograron salvarla. Aquí es otro personaje histórico y noble quién toma conocimiento del asunto e intercede por los amantes, que vuelven felices a su lugar de origen. Pero sin ese amor que lleva a Gianni a arriesgar su vida por Restituta el destino de ella estaba sellado como esclava sexual del emperador.
Teodoro de Armenia, vendido como esclavo y llamado Pietro por su señor Amerigo Abate en Trápani, se enamora y es correspondido por la hija de éste. En un episodio que nos recuerda a Eneas y Dido consuman su amor refugiándose de la tormenta en un sitio remoto, continúan sus amores hasta que ella queda embarazada. Y ya sabemos que esos amores se castigan con la muerte de los amantes e incluso de su descendencia. Era la ley. Nos asombra, eso si, la crueldad y frialdad de Amerigo para con su nieto, con una fraseología propia de Juno, envía a su hija muertes alternativas y ordena que se mate a su nieto dando su cabeza contra la pared y arroBravísimojándolo a los perros. A Teodoro, que en una escena de vía crucis es llevado con azotes hacia la horca, lo reconoce su padre que andaba por allí en parada técnica de viaje a Roma, la fortuna y la casualidad conspiran a favor de los amantes. El padre de Teodoro confronta a la autoridad y la conmina a que cumpla con la otra parte de la ley: si su hijo es aceptado por la dama y se casan no habría delito. Sobre todo porque Teodoro era hombre libre y no un siervo llamado Pietro.
Nuevamente, a causa del amor, los protagonistas recuperan nombre, familia, estado y felicidad.
Tres cuentos donde el amor triunfa, donde el esfuerzo vale la pena y es recompensado por la fortuna. Bravo. Bravísimo.











