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Obsesión VS ilusión
Anoche, cuando regresé a casa, estuve un rato hablando con Mailon, el portero del edificio en el que vivo. Él, merengue a muerte, me preguntó por mi preferencia de cara al partido de mañana en Lisboa. He de reconocer que nunca he sido especialmente futbolero pero el Atleti me cae bien. Así se lo hice saber y él me dijo que el partido lo iban a ganar porque el Madrid tiene mucho poderío.
¿Poderío? ¿Qué quiere decir eso? ¿Pasta? ¿Una galería llena de trofeos por sus gestas gloriosas? No sé… A mi eso del poderío no me da motivos para creer en una victoria asegurada.
Quizás mi ignorancia en materia futbolera haga que pase por alto aspectos relacionados con el juego de los dos equipos que se van a ver las caras en el derbi de Lisboa. En cualquier caso, lo que si que sé es que el futbol y sus clubes se comportan de manera muy diferente y como esto es mi Brandada Mental, voy a intentar explicar lo que me pasa cuando veo lo que veo, leo lo que leo y escucho lo que escucho en torno al Atleti y el Real Madrid.
El lider que hizo grande a su competidor
Desde hace mucho tiempo el Real Madrid ha trabajado un posicionamiento de líder. Se ha convertido en una marca que tiene la visión de ser el mejor equipo de todos los tiempos. Es indiscutible la cantidad de trofeos que acumula, su reputación corporativa en todo el mundo, su visión empresarial del asunto. Sin embargo, desde hace un tiempo la sombra de la insatisfacción planea sobre el club. Sólo hay una cosa que les haga soñar: ganar la décima Copa de Europa.
Este hecho se ha convertido en una obsesión para el club y su discurso se ha centrado en ello. Cualquier otra gesta conseguida es insuficiente y viven con angustia no dar la talla para vestir el traje que ellos han cosido. En su pugna por alcanzar el hito consiguieron algo sin precedentes: hacer grande a su máximo rival.
La grandeza del Barcelona de los últimos años se debe, en parte, al Real Madrid. No dudo a la hora de decir que el Madrid hizo grande al Barça. Concretamente, Mourinho fue uno de los artífices de la grandeza blaugrana. Sus continuos ataques y un discurso prepotente hicieron que los triunfos del equipo de Pep puntuaran el doble en el imaginario colectivo. Además, el Barça forjó su leyenda consiguiendo arrebatar el sueño del madridismo: la Copa de Europa. La ganó en tres ocasiones desde que el Real Madrid lo hiciese por última vez. Eso duele.
El nicho que siempre había estado ahí
Si hay una regla de oro en el marketing es la del 80/20. Me explico. Si no puedes formar parte del 80%, céntrate en ese 20% y marca la diferencia. Sé la alternativa.
El Atlético de Madrid siempre ha contado con una de las aficiones más fieles del mundo. Nacidos para sufrir, dicen algunos. Cuenta con un palmarés nacional nada desdeñable pero, hacía ya casi dos décadas que no ganaba un campeonato de Liga.
Ese último triunfo liguero se alcanzó en el año 1996. Han pasado 18 años en los que el Atlético de Madrid ha pasado por horas bajas, llegando a jugar en segunda división. A pesar de todo, la afición siempre estuvo ahí. Son fieles. No se casan con otro.
Y llegó el año 2013, cuando conquistó la Copa del Rey ganando al Real Madrid. No la ganaba desde el año 1996. Mientras los blancos miraban con ansia a Europa, los colchoneros entusiasmaban a una afición que crecía.
La afición desencantada del madridismo, veía como un equipo, el eterno segundón de la ciudad, enamoraba a todo el mundo. Cuestión de actitud. El Atleti siempre ha soñado con jugar al fútbol y ganar partidos mientras que el Madrid lleva años soñando con ganar la Copa de Europa. Esa es la diferencia.
Con un panorama futbolero nacional dividido en dos; como la política, el Atleti conseguía afiliar a su causa a una generación con una memoria histórica que no llega a la época dorada del club rojiblando. Se presentaban como una alternativa a una especie de bipartidismo formado por un equipo catalán que ya había ganado todo y por un Real Madrid que no cumplía la promesa de traer la décima a la capital. Ese era el nicho.
El cholismo como mantra de la ilusión
Y de repente, llega un argentino que da en el clavo y construye un discurso alternativo a la obsesión. Hace de la ilusión el mantra de toda una afición. Verbaliza los valores de humildad, compañerismo y trabajo en equipo de un club que siempre los había tenido latentes.
Construye una imagen fiel a la identidad del equipo. Su “partido a partido” es algo del mundo real. Es más creible, más mundano que el disurso blanco. Hace soñar porque él es un soñador. Hace del “Podemos” un lema que incluye a todos. Así los triunfos saben mejor y las derrotas pesan menos.
El Cholo, no hace promesas, hace que la afición sueñe con ellas. No pone sobre la mesa el poderío del club como garantía de éxito. Pone a las personas, incluyendo a la afición. Es uno más. Su imagen se confunde con la de los jugadores. En parte, porque él también fue jugador colchonero. Y ganaron la Liga.
Pienso que el Atleti es como los asturianos. No cae mal a nadie. Está libre de toda connotación política y sólo es deporte. En una época en la que la sociedad ha dejado de creer en muchas cosas ha dado un soplo de aire fresco. Se ha convertido en una metáfora de que hay otra manera de hacer las cosas.
Con este equipaje, los dos equipos madrileños se enfrentarán en Lisboa mañana. La obsesión se enfrentará a la ilusión. El querer se las verá con el poder. Que gane el mejor; pero como dijo Eleanor Roosevelt, el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños y el Atlético de Madrid es un gran artesano de un cambio que está construyendo el escenario en el que muchos ya están soñando en blanco y rojo.