º Escala musical en (prima)vera.
DO(ble) sombra de kilómetros pedaleando a la par pendientes arriba, como montañas y nubes bailando siempre cerca del cielo. RE(cuerdos) infinitos que coleccionando momentos de vereda, mezclan en cocteleras nuestras resacas con nuestras risas.
MI(lagros) y victorias compartidas que además de ser el último cuarto que completa nuestro entero, son nuestro as bajo la manga para ganar batallas mágicas contra el tiempo. FA(milia) como sinónimo de amor, como equivalente de hogar, descanso, trinchera, refugio, sostén; como el único «para siempre» en el que creemos y nos res(Cata).
SOL(eados) veranos de arena y mar, hamacas, guitarras y voces descontroladas, como invasión de piñas secas entrando por ventanas alpinas.
LA(grimas) de cocodrilo, reencuentros que tardan meses en llegar, esperas agotadoras disolviéndose en abrazos instantáneos.
SI(lencio). Todo eso que no existe, y de cualquier forma, también aprendimos a compartir. No sé de acordes y partituras para regalar melodías. No estoy lo suficientemente cuerda para afinar una canción. No creo que esta sea la primavera que estábamos esperando. Pero sé que la música, como el tiempo, no para. Y la vida tampoco. Ojalá siempre la paz de nuestro estar. Ojalá siempre encontrarnos siendo uno. Y flore(siendo).
[Debe ser que en otra vida también fuimos hermanos] ♥











