Porque al final de la noche eres en lo último que pienso... Un poema de esos que llegaron de madrugada, y una sonrisa se dibuja en mi cara... Motivos que valen la pena recordar.
Bryan Salas

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Porque al final de la noche eres en lo último que pienso... Un poema de esos que llegaron de madrugada, y una sonrisa se dibuja en mi cara... Motivos que valen la pena recordar.
Bryan Salas
Qué curioso esto del amor ¿No? Nadie nos ha dicho nunca qué se siente al amar, como mucho hemos visto las cosas que se hacen en la televisión por amor, los romances del cine, incluso cómo se demuestran amor en nuestra casa. Pero nunca nadie nos dice: cuando amas sientes esto, esto y esto otro también. No, nadie. Quizás porque nadie sabría expresarlo exactamente con palabras. Aunque lo intenta, y claro, salen las estupideces de las mariposas en el estómago. El caso es que, aunque nadie nos ha explicado nunca qué se siente, cuando nos llega el amor, sabemos que es amor. Porque llega, y con mucha fuerza, ya sea como un maremoto o como una neblina persistente, pero llega. Y decimos "coño, esto debe ser amor". Igual porque sentimos algo en la barriga y acabamos de salir del baño, porque se nos ha puesto dura como una piedra o porque hemos mojado las bragas recién estrenadas. Quién sabe. Pero ahí está la idea, la idea clara de que es amor. Y a veces somos tan tontos que nos negamos. Bueno, no somos tontos, solemos ser niños. Niños en cuerpos demasiado grandes y desarrollados. Pero cómo vamos a ser nosotros como los imbéciles esos de la pantalla que se vuelan los sesos por amor. Cómo vamos a acabar nosotros como nuestros padres. Lo gracioso de todo esto es que, mientras aguantamos arcadas y hacemos mohines de desagrado, estamos profundamente concentrados en esa persona. No, esa no. La persona. La que ha hecho que ahora nos estemos comiendo la cabeza. Pero no queremos matarla, o igual sí, pero a polvos. El caso es que queremos pasar con ella la vida. O al menos que nos de un beso. No existe el punto medio en el amor, nos conformamos con poco, pero lo queremos todo. La vida, fíjate tú, con todos los años que aguantamos medianamente vivos. Pero un beso es poco ¿no? seguro que luego quieres más. Al final lo conseguimos, o no, qué más da, si el sentimiento no va a quedarse o a irse por lo inepto que seas relacionándote con la gente. Lo que sí suele ocurrir es que, cuando se va, acabamos tan cansados y tan tristes porque haya desaparecido, que no queremos que vuelva. Y si queremos, estamos estúpidamente seguros de que no va a ser mejor. Y vuelve. Vamos que sí vuelve. Con tanta o más fuerza que antes. Pero es diferente, casi vemos imposible compararlo con todo lo vivido anteriormente. Entonces dudamos. "Ah -decimos con nuestra obstinada manía de querer entenderlo todo- entonces es que lo de antes no era amor". Pero no, qué coño, estamos seguros de que las dos veces ha sido amor. Ay, ahora es cuando puede venir el miedo, el miedo a asumir algo que ya te hizo sufrir, se rompió y se acabó. Quizás lo mejor sea dejar que pase, ya encontrarás el momento de sentirlo. Pero el momento es este. El momento es siempre. El amor, aunque lo temas, hay que cogerlo con decisión. Y es que cada vez es un libro nuevo que leer, no sabes lo que te depara. Porque, oye, qué maravilloso puede ser esto del amor.
Bryan Salas