el transcurso de treinta minutos se presenció con exactitud en el pequeño reloj de la menor; hacía un buen rato que se había despertado, por lo tanto, había aprovechado de guardar sus cosas, vestirse, y como no, ordenar las evidencias de lo que había sido una de las mejores noches, al menos para ella. su acompañante, descansaba entre las sábanas, y la fémina, no hacía nada más que admirar dicha escena, sentada, en el borde de la cama, permitiendo a sus oscuros orbes, llenarse quizá, con un poco más de luz. fue entonces, cuando logró capturar el despertar ajeno que tanto esperaba. curvó una sutil sonrisa, y en un suave murmullo, pronunció: — buenos días dormilón. @bunnmarant













