@arcyouscared
Odiaba las cenas navideñas, y aún más las que celebraba su familia por todo lo alto. En su casa nunca existió un ‘número límite’ de aforo. Podías tener, perfectamente, a dos invitados que a ciento y la madre en la refinada salita del té. En aquel solsticio de invierno sus padres tiraron a la basura el ambiente de paz familiar y lo modificaron gustosamente a su antojo. Apretujado cuan pasajero de metro, el holandés viró los ojos hacia la nada. De lo malo, Ewout gozaba de una compañía esencial para haber asistido a tal reunión. “Si el señor Murdock vuelve a repetir la historia de las judías saltarinas... creo que me degollaré con el cuchillo.”














