[ theladynadinerahl ]
Otro día había pasado en su aburrida y monótona casa. Estaba a punto de terminar con sus estudios; después ya sería libre para siempre. Hasta entonces, debía seguir estudiando y tratar de sacarse algo para que al menos constate como tal. Aunque tuviese claro que iba a hacer algo importante con su vida, pues el dinero le abría muchas puertas, su madre insistía en que estudiase. Desde que se habían mudado a Estados Unidos se había codeado con la jet set del país e incluso su novio tenía dinero. Pensando en todas estas cosas, se le ocurrió ir a hacerle una visita. Le había dicho que su hermana estaría en la ciudad, pero bien poco que le importaba a la chica. Así que, sin avisar a nadie, salió por la puerta trasera de su casa y cogió el deportivo aparcado en su garaje y puso rumbo a casa de su novio.
Al llegar, pudo ver que había un coche de más en la acera, un coche que no reconocía.— Será el de la hermana. — pensó la rubia para sí misma, mientras bajaba de su bólido y se ponía las gafas de sol, pues era mediodia y ya se notaba la entrada del verano. Siguió el camino de piedras del patio de la entrada de casa de David, su novio, y al llegar a la puerta llamó varias veces al timbre. No recibió respuesta, y le resultó bastante extraño debido al coche y a que podía escuchar música de dentro. Caminó un poco hacia atrás y vio que la puerta que daba el camino entre la casa y la pared que, a su vez, llevaba a la piscina, estaba medio abierta. Ya había utilizado esa valla más de una vez, cuando a David se le habían olvidado las llaves al regresar de fiesta y cosas así. De forma que no le venía de nuevo utilizarla. Sin preocuparse siquiera si la veía alguien, entró sin hacer mucho ruido. Andó por aquel lugar lleno de hierbas y flores pachuchas, hasta avistar la piscina delante de ella.
Lo que no se esperaba ver era a la hermana del chico, Nadine según podía recordar, completamente recostada y sin apenas ropa. La rubia tragó saliva; no supo si reaccionar y seguir caminando o quedarse allí, mirándola en la distancia. Rápidamente razonó y creyó que era mucho menos sospechoso acercarse que quedarse allí espiándola. Por tanto, siguió caminando como había planeado hasta situarse detrás de la chica.— Erm, ¿hola? — preguntó, llevándose las manos a las caderas y ladeando la cabeza.— ¿No está David?









