El Mofin (Parte I)
Después de un año de invierno, la primavera comenzó a florecer y los festivales de música y los zorrones empezaron a ver la luz del sol latinoamericano.
Era noviembre de 2015 y yo estaba en una etapa de mi vida donde los hombres no me podían importar menos que la mugre de la uña del pie del dedo chico. En resumen: La nada misma. Ya llevaba 9 meses de soltería y lo había pasado bastante bien hasta el momento, pero conocer más cabros no era una prioridad ni náh.
Filo, la cosa es que un día me llama mi perra (aka, uno de mis mejores amigos que vive fuera de Santiago), para preguntarme si se puede quedar en mi casa con dos amigos más. Yo le dije que no tenía ningún problema y que le preguntara a mi mamá no más.
Cuento corto, una noche de sábado, yo estaba sola en mi casa bailando en shoreh y peto deportivo en el living, hasta que suena el timbre de mi casa. ¡CTM!, llegaron estos weones! Raudamente fui a mi pieza, me vestí y les abrí la puerta.
El escenario era el siguiente: Mi perra, el rucio y el mofin circulando por mi casa. El mofin se veía tela y sus ojos eran la zorra, pero el rucio estaba más rico que la nutella con marraqueta tostá, así que ideé mi plan para poder llegar a mi meta: agarrar con el rucio. Mientras tanto, la discusión del momento era sobre que íbamos a tomar en la noche. Yo, como la fina princesa que soy, lo primero que grité fue: “PISCOLA CONCHETUMAREEEH, Y CON HARTO HIELO”, acaparando rápidamente la atención de los desconocidos, lo cual me hizo llegar a la conclusión de que ellos me apoyaban con la idea. Hasta que la perra habló.
Perra: Weon, yo se como ustedes dos weones se ponen cuando toman destilado y por respeto a la tía [Nota de la escritora: esa noche mi madre llegó hecha chulapi después de un asado familiar.] y a mi amiga, vamos a tomar cerveza. Ahora cabros, si me disculpan, quiero hablar un rato con mi perrita.
Mofin: Pastelita, de casualidad.. ¿Me podí prestar tu baño para ducharme?- Acto seguido me lleve a los dos cabros a hacer un city tour por mi depto. Al rucio lo dejé en mi pieza, al mofi lo dejé en el baño y después me fui al living a hablar con la maraca suprema.
- Mira maraca, te traje carne fresca. -Dijo la perra con un tono travieso.-
- ¡¿¡¿Queeee?!?!? ¡¿¡¿Esa wea?!!?! ¿Me estas webiando?-Dije agudamente mientras apuntaba al baño, obviamente no iba a revelarle mi malévolo plan que involucraba al rucio.-
- Ay, si igual te lo vai a comer.-Dijo afirmando con un nivel de convicción bastante alto.-
- Meeeeeh, 3 piscolas y en volá le doy la pasá.- Le dije para dejarlo tranquilo, acto seguido llega el mofin.-
- ¿Vamos a comprar?- Dijo la perra, mirando con deseo a su amigo #NOHOMO.
- Ya dale. Oye... ¿Y el rucio? -Pregunté curiosamente.-
Los dos weones se miran incredulamente y después mi perra dice “El weon está hablando con su polola, macabeo culiao.” Automaticamente pensé “WEITEATE, PARA EL MUNDO DJ. ¡¿¡¿EL RUCIO ESTÁ POLOLEANDO?!?!. Puta la wea, parece que en verdad voy a tener que estar con el mofin entonces, ya pene. A morir con las botas puestas no máh. Una piscola y al tuto.”
Transcurrió la noche, estábamos los cuatro en la terraza, la perra y el rucio estaban sentados en unas sillas y el mofin en un banquito con espacio para otra persona más. Yo preferí quedarme parada, no quería sentarme al lado del mofin porque se a que iba a llegar eso. -Ese banquito lo he usado muchas veces para mis malévolos planes con otros cabros.- La wea es que el rucio fue el primero en desertar y se fue a dormir a uno de los colchones que estaban en mi pieza. A los 10 minutos, mi perra se fue a dormir al sofá, lo cual dejó como escena final una terraza sola con dos actores: El mofin y la pastelita sentados en el banquito maquiavélico.
En verdad, había subestimado al mofin. Era un cabro simpático, tenía muy buen gusto musical y hablamos de todo lo posible durante esa noche. Era como si el tema de conversación nunca se acabara y cada vez que cambiábamos de tema, nos serviamos una piscola más, encendiamos otro cigarro y nos íbamos acercando un poco más ya que cada vez había más confianza entre los dos. Era una conexión así pal pico de brígida.
Cuando ya iba en la cuarta piscola, y él en la segunda -antes estaba tomando cerveza-, pensé: “Puta, si igual le pone el weon, es simpático, tiene las metas claras, un gusto musical bien variado y va a dar el FCE la próxima semana, ya, dale la pasá no más weona, si total, nunca más vai a ver al weon.” Decidida por mi mente ebria de agarrarme al weon, dignamente fui a arreglarme al baño -es decir, ponerme un poco de lip balm y acomodarme a las cabras del sostén para verme más voluptuosa.- Volví a la terraza, me senté al lado de él y seguimos conversando, hasta que hubo un silencio incomodo, yo empecé a mirar a las plantas, el weon me estaba mirando fijamente. “Weona, te dai vuelta y el weon no te deja viva.” pensé mientras miraba el ficus recién plantado. “Ya oh, dale no más weona, que tanto."-Me dijo mi grillo ebrio.- En resumen, empezamos lento pero seguro, muy caballero el cabro. En un minuto se puso fome, así que le empezé a dar besos en el cuello asi super sensual, hasta que el weon salta de la nada y dice “Ay, me da cosquillas.” Yo en mi mente ebria pensé: “Puta la wea, lo que nunca me falla con nadie, me falla con este weon porque es cosquilloso, ya, se lo tendrá que aguantar.” Acto seguido, el weon saca un ser salvaje y alocado, por lo que me pone en diversas posiciones en la banquita maquiavélica (cosas que nunca pensé que serían posibles). Llegué al punto de aprender las virtudes de mi nefasta flexibilidad corporal (Nunca pensé que mis rodillas llegarían a los hombros de una persona con tanta facilidad.).
En un momento, cuando estábamos agarrando brigidamente, cachamos que mi perra se empezó a mover en el sofá del living y se despertó. “Mierda, el weon nos cachó.” pensé. Raudamente, me baje del Mofi (Esa wea es muy doble sentido, pero no, no estábamos tirando, yo estaba encima de él no más para tener mayor alcance de su cara.) y solo dejé mis piernas encima de los muslos del Mofi, mientras teníamos la cara roja y una sonrisa de weones. Le pedí el sofá a mi perra y el weon no me lo quiso dar. Maraca culiá.
Finalmente terminamos agarrando con el Mofi hasta las 5 am en la terraza, muertos de frío, nos fuimos a mi pieza, yo saque mi pijama y el weon me tomó por desprevenida y me tiró a mi cama, seguimos agarrando, hasta que el rucio se despertó y dijo “¿Qué wea?”. Con el mofi nos reímos y después me fue a dejar a la pieza de mi hermano, nos dimos la media despedida. Igual no se porque le pusimos tanto color, si en tres horas más nos íbamos a ver otra vez.












