Desde hace semanas duermo con un libro bajo la almohada, que ha hecho mi mente de y de vueltas. Calibán y la bruja, de Silvia Federici, que no es solo un ensayo, encontré en el un conjuro, donde resalta que el cuerpo que habitamos ha sido campo de batalla desde siglos antes de nuestro nacimiento. Hoy escribo no solo para compartir lo que aprendí, sino para invocar memoria. La edición mexicana de Calibán y la bruja florece con un prólogo escrito por Silvia Rivera Cusicanqui, pensadora andina que entrelaza el feminismo con la memoria de los pueblos originarios, sostiene que esta persecución fue fundamental para domesticar y disciplinar a las mujeres, transformándolas en reproductoras de fuerza de trabajo. Rivera no escribe desde los márgenes, sino desde las raíces. Nos recuerda que la caza de brujas no fue un episodio europeo aislado, sino parte del mismo mecanismo de control que invadió América, que domesticó cuerpos, que silenció resistencias. Como Calibán, las mujeres que resistieron fueron tachadas de salvajes. Como las brujas, sus cuerpos fueron disciplinados, violentados, anulados. Silvia Federici nos lleva de la mano por siglos oscuros donde la violencia contra las mujeres fue parte esencial de la transición al capitalismo. La persecución, la hoguera, el miedo… no eran castigos: eran advertencias. Una nueva economía se estaba gestando, y necesitaba mujeres obedientes, cuerpos fértiles, manos dóciles. El capitalismo no nació en una fábrica, sino en la matriz rota de miles de mujeres quemadas vivas. Leer Calibán y la bruja desde América Latina no es solo un ejercicio académico. Es una herida abierta que exige ser nombrada. Es preguntarnos cuántas veces hemos callado, cuántas veces hemos sido quemadas simbólicamente por amar, por pensar, por desear. El prólogo de Rivera Cusicanqui nos dice: nuestras luchas no son nuevas, nuestras resistencias son antiguas como la luna. A todas las que han sido llamadas brujas, locas, exageradas o intensas. A las que arden pero no se apagan. A las que leen este libro y sienten que algo muy dentro se acomoda. Esta entrada es para ustedes. Que la memoria no sea solo un lugar oscuro, sino una semilla que crece hacia el fuego.